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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Espejo y plataforma del catolicismo moderno

EL OBSERVADOR |

Brasil es el país más católico del mundo, pero la desigualdad social empuja hacia otras iglesias

Con más de 123 millones de católicos, Brasil se convirtió, al menos por una semana, en la principal plataforma de la Iglesia Católica a fin de recuperar el terreno perdido a manos del descreimiento y de las acciones de otras ramas del cristianismo y grupos religiosos.

La llegada del papa Francisco a una nueva edición de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) no ha sido fruto de la casualidad, pues el primer viaje como sumo pontífice se metió en el corazón de América Latina, región que cuenta con la mayor porción de fieles pero que, a la vez, se encuentra en retroceso.
La religión católica, que desembarcó en el continente hace cinco siglos con los conquistadores europeos, congrega hoy a 501 millones de fieles, lo que equivale al 42% de todos los existentes en el planeta.

A la luz de estas cifras, es fácil ver el potencial de evangelización que vio Juan Pablo II cuando describió la región como “el continente de la esperanza”.
Así entonces, no se trata de ninguna casualidad que el primer viaje de Francisco –que había sido preparado por Benedicto XVI– fuera a Brasil, que cuenta con 163 millones de bautizados y a donde Juan Pablo II llegó en cuatro oportunidades.

No solo para regodeo de las multitudes entusiastas es que la máxima figura del Vaticano aterrizó en Río de Janeiro, sino para hacer frente a varios desafíos que hoy enfrenta la Iglesia Católica para perpetuarse. Y Brasil presenta esos desafíos, incluso con recientes históricas protestas contra la desigualdad social, enarboladas como plataformas reivindicativas vinculadas al transporte o al reclamo por el gasto público excesivo destinado a la organización de campeonatos de fútbol o de la misma fiesta de la JMJ.

Los obispos brasileños observan con alarma la creciente secularización y un agresivo avance de los evangelistas, que restan seguidores a las iglesias católicas. Ven con preocupación cómo la proporción de católicos del país cayó de 73,6% a 64,6% en la última década, mientras que los evangelistas crecieron de 15,4% a 22,2%, según datos manejados por la agencia Reuters.

Prueba de ello es el contraste de los templos pentecostales desbordados de fieles cualquier día de la semana, con la voz de un cura católico retumbando en una tarde reciente en la Iglesia del Calvario de San Pablo, casi vacía.

“Tal vez la visita del papa sea útil para fortalecer una institución que está debilitada incluso en el mayor país católico del mundo”, dijo la estudiante de derecho Amanda Martins, de 21 años, una de las 40 personas que ocupaban las primeras filas de bancos de la enorme iglesia.

En esa frase bien se puede resumir el pensamiento de la Santa Sede y también de los millones de seguidores, ya que es una realidad que se puede traspolar a otros países de América Latina y el mundo.

Italia, por ejemplo, hace tiempo que dejó de ser la más representativa, justamente, cediendo ese privilegio a manos de Brasil. La mayor nación sudamericana tomó el liderazgo en cantidad de fieles en la década de 1950.

Sin embargo, las cifras del último censo realizado en 2010, según consigna BBC, revelaron que por primera vez “el número de católicos disminuyó en términos absolutos y relativos”.

Los millones de fervientes católicos brasileños, sumados a quienes llegaron a Río desde distintas partes del mundo, fueron entonces el marco ideal para que a los pies del Cristo Redentor del cerro del Corcovado, Francisco encabezara una demostración de fuerza para energizar una Iglesia sacudida en los últimos tiempos por escándalos sexuales y financieros, que no han hecho más que empujar a innumerable cantidad de fieles a la deserción.

En ese sentido, el cardenal brasileño Raymundo Damasceno, arzobispo del santuario de Nuestra Señora de Aparecida (visitado por Francisco), dijo, en declaraciones a Reuters, que el mensaje del papa “tocará los problemas vividos por el pueblo e intentará iluminar los desafíos que la sociedad y la Iglesia tienen por delante en América Latina”, como “la pobreza, la desigualdad social y la corrupción”.

También el teólogo “rebelde” Leonardo Boff se refirió al impacto de la presencia papal en el Brasil de estos tiempos. Pese a criticar al show montado en torno a la JMJ y tildarlo de “un espectáculo para los ojos, superficial y de contenido muy pobre”, dijo que la influencia “no será sobre los jóvenes, sino sobre la opinión pública” y que “se trata de decirle al mundo que la Iglesia todavía existe y está viva”.

Boff, uno de los fundadores del movimiento progresista Teología de la Liberación, es un exfraile franciscano, símbolo de la rigidez doctrinaria de la Iglesia durante las últimas tres décadas y media. Juan Pablo II lo censuró repetidamente por su visión de una Iglesia comprometida con las luchas sociales en América Latina y él eventualmente colgó la sotana.

Pero dos décadas más tarde, la elección de Francisco, un jesuita más tolerante y conciliador, lo animó. “Mis expectativas son grandes”, dijo Boff, de 74 años. “Su figura paterna, cariñosa, pastoral y menos doctrinaria conquistará el ánimo de los fieles y hará que muchos olviden la crisis que desmoralizó a la institución de una forma profunda y vergonzosa”, sostuvo. (Basado en agencias y en prensa internacional).

http://www.elobservador.com.uy/noticia/256148/espejo-y-plataforma-del-catolicismo-moderno/