Iglesia al día

" Dios quiere que lo llamemos Padre con la confianza de un niño que se abandona en los brazos de quien le ha dado la vida. "
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Escudo episcopal de Mons. González

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El escudo y el lema

El escudo de Mons. Luis Eduardo González Cedrés lleva como lema: “Por Cristo, con Él y en Él”. El lema está tomado de la doxología final que concluye la Plegaria Eucarística de la Santa Misa. El sacerdote recita una doxología que es una alabanza a la Santísima Trinidad: “Por Cristo, con Él y en Él; a Ti, Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos”. El pueblo concluye con el “Amén”.

Unidos a Cristo, y por mediación suya, damos gracias al Padre, en el Espíritu Santo que anima a la Iglesia. En un pasaje de las Sagradas Escrituras, Jesús nos dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí” (Jn. 14,6). El P. Luis Eduardo quiere vivir su vida unida íntimamente a la de Cristo y con Él y por Él, ejerciendo su ministerio al servicio del pueblo de Dios. Es Cristo que con su Gracia permite vivir con fidelidad y entrega la misión encomendada.

Acompañar y guiar
Sobre la mitra, en la parte inferior del escudo, aparece el báculo con el cual el pastor apacienta el rebaño. A los obispos se les encomienda la misión de guiar, acompañar y cuidar a todos aquellos que comparten el camino de fe como fieles del Señor, y de salir a la búsqueda de quienes aún no forman parte del rebaño (Jn. 10,16).

El báculo está alineado con la cruz, significando que su ministerio quiere hacer presente la entrega de Jesús, Buen Pastor, hasta dar la vida (Jn. 10,11).

El escudo tiene en su nivel superior la mitra, signo del ministerio episcopal. En ella está grabado el monograma de Cristo, cabeza de la Iglesia. De la mitra cuelgan dos ínfulas, que son cintas de tela que descienden por la espalda de los obispos.

El agua recuerda el Bautismo, inicio de la vida cristiana, y al mismo tiempo, es un signo característico de la Diócesis de Maldonado —de donde proviene P. Luis Eduardo— cuya geografía se extiende a lo largo de la costa oceánica.

El madero de la Cruz ocupa el lugar central del escudo. La cruz de Cristo está sobre fondo azul, que significa el Cielo. Es a través de la Pasión y Muerte de Cristo en la cruz que alcanzamos la Gloria de la Resurrección. En la cruz del Señor se nos revela el amor de Dios por todos los hombres (Jn. 3,16). El futuro obispo reconoce en la cruz del Señor el llamado vocacional a entregar su vida por Cristo, con Él y en Él.

La presencia de la Virgen
El anagrama de María con la corona significa la presencia de María como Reina y Señora de todo lo creado. La corona es la de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de nuestra patria. María como Reina, es la gran señal que aparece en el cielo en el momento culminante (Ap. 12,1). La Reina del Universo que, inmaculada, fue asunta al Cielo en cuerpo y alma, hoy intercede por nosotros ante su Hijo, Jesucristo.

En la vida y vocación del futuro obispo es muy importante la compañía de María en todo momento. Desde sus raíces de familia recibió el amor y la devoción a María, nuestra Madre. A ella encomienda su nuevo ministerio y le pide humildad y sencillez en la forma de servir al pueblo de Dios.

Unido a Cristo
El contorno de las sierras tiene que ver con las “Sierras de las Animas”, ubicadas frente al pueblo Gregorio Aznárez, en el departamento de Maldonado. Es el paisaje característico de las sierras que se aprecia desde el lugar donde el P. Luis Eduardo ha vivido el mayor tiempo de su vida. Esas sierras donde nace el sol cada mañana, fueron testigos de su búsqueda de Dios.

La paloma con los siete dones hace referencia a Pentecostés. La venida del Espíritu Santo derramada sobre María y los Apóstoles impulsó a la Iglesia naciente a llevar el Evangelio a todas las naciones. El P. Luis Eduardo destaca la importancia que tuvo en su vida cristiana el sacramento de la Confirmación, que marcó un nuevo inicio en la vivencia de su fe.

El racimo de uvas y las espigas significan la Eucaristía. Representan el pan y el vino que se ofrecen en el altar. Están sobre el campo verde de la tierra hecha pradera fértil. En Juan 15, Jesús se presenta como la vid y a sus discípulos, como sarmientos. Solamente unidos a Él se puede dar frutos. Sin Él, no hay vida cristiana. El amor de Cristo es la savia que permite vivir el mandamiento del amor entre sus discípulos. El racimo está “prendido” a la cruz de Cristo que es la fuente de ese amor que se entraegó hasta el extremo. La Eucaristía es la fuente y el culmen de toda la vida cristiana.


Fuente: http://icm.org.uy