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La Iglesia en los medios Escapando del fantasma de la guerra (Se hace referencia a los hermanos Maristas)

EL PAÍS |

Hermanos Maristas recibirá al primer contingente de refugiados

«Alepo, la segunda ciudad de Siria y capital económica está muriendo (…). Uno corre el riesgo de ser capturado y matado. La gente tiene miedo (…). Falta el pan, electricidad, la gasolina y medicinas. Lo único que no falta es el fantasma de la guerra».

No son oficiales y las familias levantaron ranchos con los materiales que encontraron.

Así describía en julio de 2012 la situación en Siria Georges Sabé, un religioso de la Congregación Hermanos Maristas que aún hoy sobrevive a la guerra. Sabé decidió resistir en el país junto a otros católicos, con los que acompaña a familias que debieron abandonar sus casas, pero que permanecen en Siria. Cada vez que los sistemas de comunicación se lo permiten, se encarga de contar cómo es la vida en un país devastado y con 10 millones de personas afectadas.

«La vida en Alepo resulta carísima. La gente no sabe cómo aprovisionarse. Hay un miedo terrible que reina en el país», escribió en agosto de 2013.

En una de sus últimas cartas, que envió en mayo de este año, aseguraba que los rebeldes habían cortado el agua y que llevaban más de 10 días sin una sola gota.

Sus relatos son seguidos por los Hermanos Maristas uruguayos, que cuando escucharon que el gobierno de José Mujica se proponía traer al país refugiados sirios no dudaron en ponerse a las órdenes. «Estamos muy sensibilizados con el problema que viven, entonces pensamos que no podíamos quedar ajenos y nos pusimos a disposición del gobierno», comentó a El País un miembro de la congregación que pidió no revelar su nombre.

Así es que esta semana los Maristas y el gobierno firmarán un acuerdo para que los primeros 40 sirios que lleguen a Uruguay en septiembre se alojen en la casa de retiro de los religiosos, en el kilómetro 16 de Camino Maldonado, en Villa García.

«Tuvimos un par de reuniones y en seguida surgió la posibilidad de la casa, para nosotros es una manera de colaborar y para el gobierno la facilidad de tener dónde hospedarlos. En un momento se manejó llevarlos a Anchorena, pero queda lejos y hay que montar todo una estructura que acá está pronta», explicó.

La construcción, ubicada en el medio de un complejo de 15 canchas, tiene capacidad para 108 personas: hay una zona de habitaciones para dos, tres y cuatro personas, cada una con un baño, además de dos cuartos grandes que tienen lugar para 30 personas cada uno. La casa tiene, además, grandes salones y una capilla. Actualmente viven allí los caseros y la congregación la usa para retiros, campamentos y jornadas con alumnos de distintos colegios.

PREPARACIÓN. En el acuerdo que firmarán en los próximos días el gobierno se comprometerá a hacerse cargo de todos los gastos de la casa mientras esté al servicio de los sirios.

«Nosotros colaboramos sin ninguna contrapartida pero tampoco podemos asumir costos extra, o sea es el Estado quien se haría cargo de los gastos de la casa», afirmó el integrante de la congregación.

Además de la casa, los Hermanos Maristas pusieron a disposición sus educadores.

«Nosotros en educación, recreación y acompañamiento somos expertos, el problema es el idioma, que es una barrera importantísima que tenemos que resolver. Culturalmente es un desafío también porque hay que ver cómo manejamos la comida, los horarios, las costumbres», aseguró.

El gobierno comenzó, según supo El País, las coordinaciones con diversas instituciones para garantizar traductores que estén con ellos las 24 horas, vigilancia en la zona de la casa, equipos sanitarios así como diversos técnicos que estén a su disposición.
Buenos ojos.

La iniciativa del gobierno uruguayo es vista con buenos ojos por las agencias internacionales que brindan ayuda humanitaria en los refugios sirios. Najwa Mekki, la portavoz de Unicef en Nueva York, que trabajó en refugios en Jordania y Turquía, dijo a El País que la situación es «tan horrible» que todos los gobiernos «deberían hacer algo».

El conflicto en Siria comenzó hace más de tres años. Hay 10 millones de personas afectadas y 6,4 millones de desplazados de sus hogares. Casi 3 millones viven como refugiados en países cercanos.

Mekki, que entrevistó a decenas de sirios en refugios, contó que la decisión de huir «no es fácil». «Todos dicen que querían aguantar pero después de una situación límite, que en general es que matan a un familiar o bombardean su casa, toman la decisión de abandonar su país», explicó, y contó que cuando cruzan la frontera «están con lo puesto».

En Líbano, que es de donde vendrán las familias sirias a Uruguay, no hay campamentos oficiales sino que la gente se instaló cerca de la frontera. Allí armaron ranchos con cartón, chapas, o lo que encontraron. Según Mekki, no tienen ninguna necesidad cubierta.

«Los que más sufren son los niños porque tenían su casa, iban a la escuela, tenían sus amigos y mascotas. Hay que pensar el impacto psicológico que tiene perder todo y empezar a vivir en la violencia. Yo escuché niños contarme que habían visto en la calle un cuerpo sin cabeza como si fuera lo más normal», relató la mujer.

El trabajo infantil es otro de los problemas que viven los niños sirios. «Terminan trabajando o para apoyar a sus padres o porque cruzaron solos la frontera. Hay casi 8.000 niños que están solos. Las niñas tienen el riesgo, además, del casamiento infantil, que aunque es un hábito que existía en algunas comunidades en Siria, con el desastre y la incertidumbre que se vive uno no sabe si va a vivir al día siguiente, entonces casan a sus hijas porque piensan que estarán más seguras. Los niños, en cambio, el principal riesgo que sufren es el ser reclutados por algún grupo armado. En algunos casos, incluso, a impulso de sus familias».
CLAVES DEL VIAJE DE LOS SIRIOS
¿Quiénes vendrán a Uruguay?

Los ciudadanos sirios que llegarán a Uruguay están actualmente refugiados en el Líbano. Acnur, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, será la encargada de realizar una preselección de las familias y una delegación de uruguayos que viajará al Líbano tendrá la palabra final. Uno de los requisito que pidió Uruguay es que el 60% de las personas que viajen sean niños.
¿Cómo viajarán y cómo vivirán?

El gobierno uruguayo acordó que llegue un primer grupo de 40 personas en el mes de septiembre y un segundo de 80 en febrero de 2015. En total viajarán al país 120 sirios. Arribarán en vuelos comerciales, según la logística aportada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). En una primera instancia serán alojados en la Casa de Retiro San José de los Hermanos Maristas, ubicada sobre el kilómetro 16 de Camino Maldonado, en Villa García. La idea es que luego sean realojados en hogares definitivos, en función de las propuestas que surjan.
¿Qué harán en Uruguay?

La formación en idioma será uno de los principales desafíos que enfrentarán estas familias. Las 120 personas recibirán clases de idioma español y serán educados sobre la sociedad uruguaya. Se buscará que los menores puedan insertarse en las escuelas públicas, aunque hay centros privados que también se pusieron a las órdenes. Otro de los requisitos es que cada núcleo familiar tenga al menos una persona con capacidad de trabajo. La comunidad árabe de Uruguay y otros actores privados ya manifestaron la voluntad de ofrecer puestos de trabajo a los sirios.
¿Pueden volver a su país de origen?

El gobierno, explicó, además, que todos los sirios que lleguen a Uruguay podrán volver a su país cuando quieran. «Es gente libre. Lo que pretendemos es darle la oportunidad para que se inserten en la sociedad uruguaya. Trabajen en nuestro medio, se eduquen, se inserten en nuestros barrios, en nuestros pueblos como un habitante más», dijo el secretario de Derechos Humanos de Presidencia, Javier Miranda.