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La Iglesia en los medios Escalera al cielo: el Vaticano estudia la santidad de un uruguayo

EL OBSERVADOR |

iglesia. Se inició el proceso de canonización del médico, político y periodista Salvador García Pintos

Salvador García Pintos, un médico, político y periodista uruguayo, conocido por ser un gran activista en contra del aborto durante la década del 30, podría convertirse en el primer Santo nacido en Uruguay. El cardenal Daniel Sturla inició el pasado miércoles el proceso de canonización, a través del cual se realizará una investigación exhaustiva para reconstruir su vida. Si ha vivido en función de los valores cristianos, de manera heroica y en caridad. El estudio, que reunirá testimonios y documentación, será enviado a Roma y el papa deberá pronunciarse a favor o en contra de su santidad.

En la familia lo llamaban Papapo y, en la sociedad, sus amigos más íntimos le decían El Centella, justamente porque para muchos fue un hombre que toda su vida emitió gran luminosidad. Vivió una infancia difícil. Su madre murió a causa de una tuberculosis cuando él tenía apenas nueve años, y al poco tiempo su padre, afectado por el fallecimiento de su mujer, también murió. Quedó huérfano a los once años y el destino lo separó de sus cinco hermanos. Más adelante, en la vida adulta, él mismo los volvería a reunir.

Los talleres Don Bosco fueron su segunda casa. Entró como pupilo y adquirió la enseñanza católica propia de los salesianos. Terminó la escuela allí y luego continuó con la secundaria en el mismo lugar. Creyó tener vocación de sacerdote y se inició en el seminario, hasta que decidió cambiar por la filosofía. Pero ese tampoco fue su último destino. La medicina acabó seduciendo su conocimiento y se especializó, tal vez en honor a su madre, en el tratamiento de la tuberculosis para niños.

Antes de finalizar la carrera el amor se cruzó en su vida cuando, casi por casualidad, conoció a María Esther Baracco, quien todas las tardes pasaba por delante de la facultad de Medicina. Fue su primera y única novia. Contrajeron matrimonio al poco tiempo y formaron una familia numerosa. Vivieron en una gran casa que todavía existe sobre la avenida Agraciada esquina Tapes, calle que posteriormente acabó llevando el nombre del médico: Dr. Salvador García Pintos. “Mi padre murió tan enamorado como el primer día”, contó a El Observador Marta García Pintos, la tercera de sus siete hijos.

Ante todo, valores familiares

“Fue un padre excepcional y cariñoso. Siempre dedicaba un tiempo especial para la familia además de ser muy trabajador”, explicó su hija, quien hoy tiene 93 años.

“Yo recuerdo que él rezaba en silencio, pero a nosotros nunca nos lo impuso. Como familia íbamos a misa los domingos, pero reconozco que mi madre no tenía tanta fe como demostraba él”, añadió Marta, y destacó que en cada comida su padre “siempre reflexionaba sobre un aprendizaje de compasión por el prójimo”. La familia tenía una casa de veraneo en La Floresta. De hecho, García Pintos fue uno de las figuras referentes en la creación del balneario, de su club social y de la vida junto a la comunidad.

Actividad política y profesional

El aborto fue un tema que posicionó a García Pintos con un rol activo dentro de la sociedad de principios de siglo. En 1933 se despenalizó la interrupción voluntaria del embarazo en Uruguay, y este médico inició una intensa campaña para conseguir que volviera a ser un delito penado por la Constitución.“Recuerdo el escritorio de papá lleno de libros de otros países, estudiaba el Código Penal de diferentes lugares para saber cómo legislaban. Leía todo y lo pasaba a máquina para después estudiarlo”, dijo su hija. Cuatro años más tarde, el aborto volvió a tipificarse como delito.

Para la década del 40 formalizó su actividad política y comenzó a trabajar dentro del Parlamento como diputado de la Unión Cívica. En simultáneo, junto con otros religiosos, creó el Círculo Católico de Obreros, mutualista que, más adelante, también presidió. Asimismo, se desempeñó como periodista en algunos periódicos que hoy ya no existen, como El Bien Público, y la antigua Radio Jackson, que más adelante se convertiría en la emisora Sarandí.

García Pintos nunca se desentendió de la medicina y su trabajo no se limitó únicamente a la clínica o el consultorio. Papapo atendía a todo aquel vecino que tocara el timbre de su casa. “Venían de muchos barrios a verlo”, recuerda la hija, quien detalló que su padre no cobraba por las consultas en su domicilio. Cuando murió, dijo, el dolor del barrio fue inmenso. García Pintos falleció ahogado una tarde de pesca en el mar con amigos, cuando una ola volcó la pequeña barca. Uno llegó nadando hasta la orilla, otro pudo sujetarse de las maderas, pero El Centella no consiguió sobrevivir.

“Las señoras pasaban por la vereda de mi casa y si me veían en la puerta me comentaban ¡Tu padre fue un verdadero Santo!, pero claro, yo creí que lo decían porque colaboraba con ellos, pero ahora podríamos darle otro significado”, añadió Marta.

El don de hacer milagros

En la familia García Pintos hubo un acontecimiento que motivó a los nietos a solicitar que la Iglesia iniciara el proceso de canonización: el don de hacer milagros. Cuando la familia tomó conocimiento de los sucesos, la primera reacción fue mantenerlo oculto. “La verdad es que ninguno de los hijos quisimos que se supiera, ni que la gente comentara sobre la situación”, recuerda Marta. Pero los nietos tomaron la posta. “En un momento los casos comenzaron a suceder con mayor frecuencia y pensamos que tal vez había un mensaje para interpretar dentro todo esto”, dijo su nieta.

“Al tiempo de haber fallecido papá, una mujer quiso verme porque tenía algo importante que decir”, dijo su hija. Esa señora se reunió con Marta y le contó que estaba enferma. Le habían diagnosticado un tumor en el útero. “La mujer era muy religiosa y por pudor nunca quiso que la examinaran ni que le hicieran ningún tipo de intervención. Solo accedió a una ecografía. Cuando vieron lo que tenía, los médicos dijeron que había que operar de urgencia. Ella pidió un par de días para ir a visitar a un amigo”, recuerda Marta. La mujer se fue con un grupo de personas a la estancia La Aurora, en Salto, donde se encuentra la Gruta del Padre Pío, un lugar popularmente famoso por la aparición de seres luminosos. Cuando regresó a Montevideo, dijo Marta, la señora se hizo otro estudio y el tumor ya no estaba. “Los médicos estaban sorprendidos porque incluso veían cicatrices. Y le decían ‘pero oiga, usted se fue a operar a otro lado’. Y la señora negó todo. Lo único que había hecho había sido invocar a mi padre en la estancia”, contó su hija.

Hasta ese momento nadie sabía quién era ese ser de luz que concedía curaciones. Más adelante otras personas manifestaron haber superado patologías gracias a la energía que les pasaba el espíritu de García Pintos, pero desconocían si era un cura o un extranjero, no sabían su nombre y nadie tenía claro quién era ese ser. Hasta que, un día, uno de los enfermos entró al Círculo Católico y vio una foto de García Pintos. “Preguntaron sobre él, indagaron y llegaron a la familia”, añadió.

Los nietos siguieron investigando y encontraron más personas que confiesan haber sido curados por la energía de la apariciones de García Pintos en la Aurora.

El tribunal religioso que investiga la canonización ha solicitado a quienes hayan recibido la gracia de este médico que se comuniquen con la Iglesia católica uruguaya o escriban un correo electrónico a: postulacionsgarciapintos@gmail.com

“Es muy conmovedor esto para toda la familia. Lo recibimos con expectativa pero sin echar campanas al viento. Si es para gloria de Dios y bien de la Iglesia, ojalá salga adelante, y si no, será un lindo recuerdo para la Iglesia uruguaya”, dijo Marta, la hija de Papapo.