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" Me alegra que el tema elegido por la familia ecuménica para la celebración del Tiempo de la Creación 2020 sea 'Jubileo de la Tierra', precisamente en el año en el que se cumple el cincuentenario del Día de la Tierra "
Papa Francisco

La Iglesia en los medios Entre sierras, Minas y Abril

EL PAÍS | Domingos |

La capital de Lavalleja cumple 230 años. Cinco hijos naturales o adoptivos de esta tierra relatan qué significa esta ciudad para ellos, en el mes que más se le canta.

LEONEL GARCÍA

La primera anotación registrada en el libro parroquial de la capilla de la naciente Villa de la Concepción de las Minas, habla del bautismo de Lorenzo Belós, en agosto de 1783, hace 230 años. Cuarenta familias comenzaban a vivir su vida entre serranías hermosas, hostiles y protectoras a la vez. Jorge Lerena (47), psicólogo y minuano, es de la idea que esa razón geográfica forja una característica muy especial en sus paisanos: el querer ver qué hay más allá de las sierras, el ir más allá. Él lo sabe: ciego desde los 18 años, en 1996 se convirtió en el primer atleta en obtener para Uruguay una medalla de oro paralímpica, en 200 metros llanos.

Minas también es sus rutas panorámicas y los alfajores de la Irisarri, el Parque UTE y la Fuente del Puma, el monumento a Artigas y la Virgen de Verdún. Para el futbolista Sebastián Abreu (36) es un refugio para recargar las pilas, para los escritores Mario Delgado Aparaín (63) y Ruben Loza Aguerrebere (67) hizo de musa para sus creaciones y para el piloto Gustavo Trelles (58) fue la primera pista donde apretar el acelerador a fondo. Para ellos es su casa de nacimiento, de adopción o de regreso.

Es un abril distinto para Minas; es el primero sin el poeta Santos Inzaurralde, el creador del Festival Minas y Abril, cuya edición 2013 culmina hoy. Y hoy, cinco minuanos le cuentan a Domingo qué representa para ellos su propia tierra, en su mes.

RECOBRAR LA PAZ INTERIOR. El “Loco” Abreu dice que él no recuerda a Minas: la vive siempre en tiempo presente. Al futbolista de Nacional le nombran su ciudad y el speech, entre la tercera y la primera persona, surge solo. “Uno no se alejó nunca de las raíces, estoy en contacto directo. Es un lugar que a mí me potencia mucho, me genera una paz interior que es necesaria, más en el ámbito donde uno se mueve. Es llegar a tu lugar, tu gente, es la necesidad de no andar cuidándose de nada, estás protegido por la tranquilidad de los tuyos. Y, sin pecar de egocéntrico, te puedo decir que uno es profeta en su tierra”. Para él, esto último no tiene nada que ver con la idolatría: “Acá paso a ser el Negro Abreu y no un deportista conocido”.

Pero si de recuerdos se habla, él elige las peregrinaciones de cada 19 de abril al Cerro del Verdún, a unos cinco kilómetros del centro de la ciudad. “La familia tiene creencias religiosas muy consolidadas, principalmente por mi abuela. Todos los años era levantarse temprano, caminar por la ruta y pasar todo el día al pie (del Santuario) de la Virgen”.

El tener siempre presente a Minas ha provocado que, pese a haber vivido en Argentina, Brasil, España, México o Israel, su familia esté muy a gusto entre las sierras. “Como nunca nos despegamos, mis hijos tienen relación con sus primitos, sus tíos, abuelos… y hacen cosas que todavía las ciudades del interior les permiten: andar en bicicleta, jugar al fútbol en un campito, ir solos a lo de los primos”.

EL VENTURA, A CABALLO. Delgado Aparaín, el autor de La balada de Johnny Sosa, Alivio de Luto o No robarás las botas de los muertos, nació en Florida pero cuando tenía que empezar el liceo se mudó desde Caraguatá, Tacuarembó, hasta Minas. Se fue a vivir a lo de una tía, una mujer muy hermosa a la que recuerda “parecida a María Félix”, que tenía un tambo al otro lado del Cerro Ventura, hoy Cerro Artigas. Tenía que subirlo a caballo, desde donde admiraba la ciudad, para entrar a clase a las ocho.

“En Minas conocí un mundo totalmente distinto, una ciudad singularísima dentro del contexto de las capitales del interior. Primero que nada, una gente muy interesante, de un nivel cultural medio, muy humilde, trabajadores y aficionados a la lectura… Tenía un vecino que había sido combatiente de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, un hombre con una neurosis de guerra importante, que no podía soportar el paso de los aviones. Él me hizo interesar en el fenómeno de la migración europea, de la resistencia francesa y la Guerra Civil española”.

Los locos de la ciudad que adoptó como suya -“En todos los pueblos hay uno”- y en la que sueña volver a vivir, han tenido que ver en su obra literaria. Su Sherwood Cañahueca se basa en dos pseudodetectives que había en Minas que se dedicaban a pedir documentos a los suyos. También Mosquitos, algo así como su Macondo o Santa María, tiene algo de “su” Minas. Avenida Fabini divide al pueblo ficticio; Fabini era el camino de tierra en el que él vivía. “Minas está lleno de personajes maravilloso, y le debo mucho de lo que soy”.

A LOS ONCE, AL VOLANTE. El padre de Gustavo Trelles tenía una fábrica en Pan de Azúcar. Cuando el futuro piloto de rally tenía once años, ya lo llevaba y traía manejando de Minas, 48 kilómetros a la ida y 48 a la vuelta, por una ruta 60 tan bellamente panorámica como ahora, con las mismas curvas angulosas de hoy, pero de tierra. Y a los 15 años, ya conduciendo sin ojos vigilantes en el asiento de acompañante de la camioneta serrana, ya metía todo el pedal que podía. “¡Ni que hablar!”.

Todavía faltaba para que ganara cuatro años consecutivos el Campeonato Mundial de Rally Grupo N (hoy Campeonato Mundial de Rally de Automóviles de Producción). “Es como todo. Lo que aprendés a hacer desde muy chico es lo que hacés mejor”.

Gustavo no va mucho a Minas hoy, salvo a alguna comida o evento familiar. No es nostálgico. “No puedo serlo, me siento de ahí”. Si va, no es porque se sienta mal sino porque tiene ganas de disfrutarla. Recuerda la chacra de su padre, cerca del Parque de la UTE, y también el recibimiento luego de su primer título del mundo, allá por 1996. “Fue impresionante, una caravana tremenda. Todo lo que se veían eran autos, desde el Parque Salus hasta el Centro”. Esto es: diez kilómetros de vehículos, en una ciudad de menos de 40 mil habitantes. “Siento que para ellos también fue un orgullo”.

El expiloto vivió 18 años en España, Italia, Suiza, y corrió a lo largo de su carrera por caminos de los cinco continentes. Es alguien que puede evaluar la belleza de sus pagos. “Si caés en un paracaídas en la zona serrana y nadie te dice dónde estás, podés pensar perfectamente que es Suiza o, con menos altura, que estás en las sierras de Córdoba”.

DESCUBRIR LA LITERATURA. Loza Aguerrebere, también periodista de esta casa, además de jugar mucho al basquetbol, vio a Juan José Morosoli, se hizo amigo de Santiago Dossetti y descubrió a Ernest Hemingway en la ciudad donde vivió su infancia y primera juventud. Con esos antecedentes, que se convirtiera en escritor era una consecuencia obvia. Tiene 22 libros, muchos de ellos gracias a Minas. Para él, ella es sinónimo de literatura.

“Mis cuentos y novelas abundan en momentos situados en ella. En mi relato El hombre que robó a Borges, el protagonista es minuano; yo leí este cuento a Borges, quien lo hizo publicar en un diario argentino”, cuenta con orgullo. Sobre todo, Minas ha sido el trasfondo literario de La librería. Este libro trata de un viaje hacia Minas en busca de su adolescencia. El vínculo es familiar y arraigado por siglos; su tatarabuela fue quien donó una campana a la actual Catedral. “Todo esto, y más, es Minas para mí, porque ni los años borran ni la distancia es olvido”.

LLENARSE DE ENERGÍA. Para Jorge Lerena, que perdió la vista a los 18 años, Minas es la mejor etapa de su vida, su familia y un montón de “paisajes recortados de muchos colores y muchos olores”. Se podría pensar que para él la ciudad son las imágenes que ya no puede ver, sus propios ojos. Y él, psicólogo y deportista activo hasta 2005, oro paralímpico, sostiene que es mucho más: energía por sobre todas las cosas.

“Minas para mí es una experiencia que trasciende lo visual, son sentimientos de la infancia y adolescencia. Voy permanentemente a Minas, es como una necesidad. Y cuando voy percibo una energía muy particular. La sierra genera algo muy especial: el recorte del entorno genera esa sensación de ir más allá para ver qué hay del otro lado. Eso alimenta la actitud de los minuanos de ir más allá. En mi caso, forjó mi espíritu, mi forma de ser”.

En Minas, Lerena tiene tíos, primos, amigos, pero por sobre todo tiene una necesidad de reencontrarse con su identidad. Él lo compara con un regreso a casa luego de un día agotador. También son sus recuerdos, que entonces también entraban por los ojos.

“Minas destaca por sus diferentes gamas de verde y de marrón, en lugares como el Parque de la UTE. Y en esta época huele a otoño, ese aire fresco lleno de rocío por las mañanas. Estar ahí se puede transmitir como lo mismo que uno siente cuando llega a su casa: el olor, los ruidos, el confort. Me `presentifica` tiempos muy lindos; a mí me ayudan mucho los recuerdos”. Recuerdos de Minas y en Abril, con las primeras heladas matinales y la sinergia especial que sólo pueden ofrecer las sierras.

Sebastián Abreu

Ahí donde ha jugado, el “Loco” ha sido operador turístico de su tierra. “Minas te ofrece (el Cerro) Arequita, Villa Serrana, Salto del Penitente… son lugares en que uno, que vive una vorágine muy loca siente una paz interior indescriptible”. Logró que más de un compañero llegara a pasar un fin de semana escuchando a los pájaros.

Mario Delgado Aparaín

“La vida del tambero es muy sacrificada: hay que levantarse a las tres de la madrugada a trabajar. Ya vestido y bañado me iba a caballo al liceo -entraba a las ocho- subiendo el Cerro Ventura o cerro `del árbol solo` por un único eucaliptus antiquísimo”. Allí (desde 1974 Cerro Artigas) hay una estatua ecuestre de 135 toneladas, una de las mayores del mundo.

Jorge Lerena

“Ir a Minas es como reecontrarme conmigo mismo, con mi familia, con una cuestión de identidad. Soy minuano por vocación y naturaleza”, dijo el exatleta. “Minas es energía por sobre todas las cosas, eso es algo propio de las sierras. Es un encuadre muy especial”. Para él, en ningún lado se siente más el olor a otoño que ahí.

Ruben Loza Aguerrebere

El viaje al ayer que hace su protagonista en La Librería “camina hacia su juventud cuando ya es un extraño para el joven al que busca, pasea por las viejas y estrechas calles de su infancia, perdiéndose y reencontrándose según esquinas y sentimientos. Los lugares son los mismos, los ojos que los miran son los de otro”. Esas calles son las de Minas.

Gustavo Trelles

“Todo el entorno que rodea a Minas es muy lindo”, subraya el expiloto. Él la vivió a diario, a fondo, con los suyos. “Teníamos una chacra al lado del Parque de la UTE. Íbamos casi todos los días. Papá había construido un frontón de paleta e iba con mis amigos en bicicleta, cinco o seis kilómetros. ¡Villa Serrana! Es todo hermoso…”.