Iglesia al día

" La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica "
Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2020)

Noticeu En su mensaje navideño Mons. Sturla recuerda que Dios “está loco de amor por el hombre” y expresa motivos de gratitud y de preocupación

sturla navidad

En su Mensaje de Navidad, el Arzobispo de Montevideo, Mons. Daniel Sturla, destaca que” las interrogantes más profundas del corazón encuentran respuesta en el Niño nacido en Belén” y recuerda que Dios está “loco de amor por el hombre”.

En su primer mensaje de Navidad como Arzobispo, haciendo un balance del año,  el Pastor destaca “motivos para dar gracias” y también “situaciones que preocupan”. Refiriéndose a los motivos para agradecer, destacó el “clima de paz que en general hemos vivido y que reflejan una madurez como nación!” durante las elecciones nacionales. Empero, mostró preocupación porque “como de apuro se quiera imponer en la educación de nuestros niños esa ‘Guía de la diversidad sexual’ que en realidad es la guía de la uniformidad mental”.

“Vivimos en una sociedad plural y laica. La laicidad es respeto en la pluralidad. Seamos consecuentes. No impongamos una ideología. La Constitución señala que son los padres los responsables de la educación de sus hijos y no el estado”, subraya Mons. Sturla.

El Arzobispo de Montevideo, puntualiza que “como cristianos creemos que Dios nos ha creado varón y mujer. La biología tiene que ver con nuestra identidad más profunda. La realidad de personas cuya orientación sexual no corresponde con su sexo no puede ser transformada en una bandera ideológica. Toda persona tiene una dignidad inalienable. Ninguna persona puede ser discriminada por ningún motivo. El justo dolor por la discriminación sufrida no puede ser agitado para contradecir la razón y el sentido mismo que la sexualidad tiene”.

Mons. Sturla animó a “tantos” que “en este Uruguay querido (…) no encuentran sentido a la vida o sucumben a la tentación de huir de ella• a acercarse al pesebre, “contemplarlo y apostar por la belleza de una vida llena de sentido que vale la pena ser vivida en plenitud”. “En medio de tantas situaciones personales y familiares complejas ¡qué hermoso que miremos hacia el ideal de la familia como Dios la ha soñado! Quizás estemos lejos de este ideal, pero tener un norte claro ayuda, en toda situación, a rumbearse”, expresa el Pastor.

En su Mensaje de Navidad, el Arzobispo de Montevideo recuerda que “los interrogantes más profundos del corazón, ésos que se hacen los niños pequeños y que también nos hacemos los grandes, encuentran su respuesta en el Niño nacido en Belén. No puede hablar y sin embargo dice y mucho. En Navidad Dios no responde con discursos, sino con hechos, con un acontecimiento, que aún hoy causa asombro”.

Mons. Sturla asegura que Dios “está loco de amor por el hombre”. “Lo sabe extraviado, perdido, buscando felicidad por donde no se encuentra. Conoce el Señor hasta dónde podemos bajar cuando nos dejamos llevar del mal espíritu… Hasta allí va el Señor a rescatarnos, viene a nuestro encuentro no desde fuera sino metiéndose dentro de la experiencia humana. Él conocerá desde el gozo de vivir hasta la angustia de la muerte, desde la ternura de la madre hasta la crueldad de los verdugos”, asevera.

“Ese Niño me devela el sentido de mi vida: existo y sé para qué existo. Estoy inmerso en un mundo que, si es doloroso y dramático, también es magnífico. No vengo de la nada ni vuelvo a ella. El mundo es razonable, ‘estudiable’ porque hay en su origen, en su desarrollo y en su destino final, una razón creadora llena de amor”, enfatiza Mons. Sturla.

Mensaje de Navidad 2014

“La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”

Queridos Hermanos y Amigos:

Cada año la Navidad nos renueva en la esperanza de que la bondad es lo más importante de la vida. ¡Dios es bueno! Ama con infinita ternura el mundo que ha creado hasta el punto que Él mismo se hace creatura. Jesús es el Niño Dios. El Eterno que entra en el tiempo. Con acierto llamamos Nochebuena la noche en que María dio a luz al Salvador.

A diferencia de Mateo y Lucas que narran el nacimiento de Jesús, Juan comienza su evangelio con un prólogo muy solemne que lo escuchamos en algunas de las Misas de este tiempo: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Nos resulta hoy un texto difícil. ¿Qué es eso de la Palabra? ¿Qué quiere decir que se hizo carne? En realidad son expresiones luminosas. La Palabra, del griego “Logos”, significa: el sentido de todas las cosas, la explicación, la respuesta; “se hizo carne”, es decir, llegó a nosotros visiblemente.

Los interrogantes más profundos del corazón, ésos que se hacen los niños pequeños y que también nos hacemos los grandes, encuentran su respuesta en el Niño nacido en Belén. No puede hablar y sin embargo dice y mucho. En Navidad Dios no responde con discursos, sino con hechos, con un acontecimiento, que aún hoy causa asombro. “Hoy en la ciudad de David les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”. La señal de este acontecimiento no la hallarán en palacio ni saldrá en el Boletín Imperial, “encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un comedero de animales”.

¿Estamos todos locos? Ya lo dice el dicho que “de poetas y locos, todos tenemos un poco”. En realidad el que está loco de amor es Dios, así decían algunos Padres de la Iglesia. Loco de amor por el hombre. Lo sabe extraviado, perdido, buscando felicidad por donde no se encuentra. Conoce el Señor hasta dónde podemos bajar cuando nos dejamos llevar del mal espíritu… Hasta allí va el Señor a rescatarnos, viene a nuestro encuentro no desde fuera sino metiéndose dentro de la experiencia humana. Él conocerá desde el gozo de vivir hasta la angustia de la muerte, desde la ternura de la madre hasta la crueldad de los verdugos.

El Sentido de todas las cosas se hizo concreto: la Palabra se hizo carne. “De muchas maneras habló Dios a los hombres, hoy lo ha hecho por medio de su Hijo”. Esa palabra es una buena palabra, una alegre noticia, es una persona de carne y hueso. Ese Niño me devela el sentido de mi vida: existo y sé para qué existo. Estoy inmerso en un mundo que, si es doloroso y dramático, también es magnífico. No vengo de la nada ni vuelvo a ella. El mundo es razonable, “estudiable” porque hay en su origen, en su desarrollo y en su destino final, una razón creadora llena de amor.
Si hacemos un balance del año surgen cantidad de motivos para dar gracias y también situaciones que preocupan. En esta Navidad entre elecciones nacionales y municipales, ¡qué bueno es poder agradecer a Dios el clima de paz que en general hemos vivido y que reflejan una madurez como nación! Es una pena en cambio que en este fin de año y como de apuro se quiera imponer en la educación de nuestros niños esa “Guía de la diversidad sexual” que en realidad es la guía de la uniformidad mental.

Vivimos en una sociedad plural y laica. La laicidad es respeto en la pluralidad. Seamos consecuentes. No impongamos una ideología. La Constitución señala que son los padres los responsables de la educación de sus hijos y no el estado.

Como cristianos creemos que Dios nos ha creado varón y mujer. La biología tiene que ver con nuestra identidad más profunda. La realidad de personas cuya orientación sexual no corresponde con su sexo no puede ser transformada en una bandera ideológica. Toda persona tiene una dignidad inalienable. Ninguna persona puede ser discriminada por ningún motivo. El justo dolor por la discriminación sufrida no puede ser agitado para contradecir la razón y el sentido mismo que la sexualidad tiene.

En este Uruguay querido donde tantos no encuentran sentido a la vida o sucumben a la tentación de huir de ella, ¡qué bueno es acercarse al pesebre! contemplarlo y apostar por la belleza de una vida llena de sentido que vale la pena ser vivida en plenitud. En medio de tantas situaciones personales y familiares complejas ¡qué hermoso que miremos hacia el ideal de la familia como Dios la ha soñado! Quizás estemos lejos de este ideal, pero tener un norte claro ayuda, en toda situación, a rumbearse.

El viernes pasado, participando en el pesebre viviente del Cottolengo femenino, vi plasmado el milagro de la Navidad: “la Palabra se hizo carne”. El sentido de la vida hecho realidad visible, llenando de alegría la vida de todos los que allí estábamos, dándonos respuesta al interrogante que puede suscitar la enfermedad y el abandono: el amor es más fuerte.
Carguemos de esperanza nuestra vida porque un Niño nos ha nacido, es el Salvador.

Con mi cariño y mi bendición.

+Daniel Sturla sdb
Arzobispo de Montevideo