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Noticeu En Pascua Mons. Jaime Fuentes llama a la fidelidad

Monseñor Jaime Fuentes

“Jesús, el Salvador, en quien tenemos puesta nuestra fe y nuestra esperanza, venció a la muerte y vive para siempre”, recuerda el Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes en su saludo para la Pascua.

El Pastor resalta que “vivimos de esta Esperanza. Y si alguna tentación pretendiera apartarnos de nuestra meta, si pensáramos con engaño conquistar una especie de cielo en la tierra, la rechazaremos inmediatamente”. En este sentido, advierte que la fidelidad “está devaluada”. “El mundo necesita mujeres y hombres fieles. Parecería que la fidelidad está devaluada, que los compromisos duraderos no sirven… Muchos viven así, rompiendo sus promesas cuando aparecen el dolor o la enfermedad, o el sufrimiento…”, señala.

“En esta Pascua de Jesús, celebrando su “paso” de la muerte a la vida, con su ayuda nos proponemos ser fieles a la palabra dada, en verano, en invierno, con sol y con frío, en todas las circunstancias”, propone.

“Quiero animar a todos a experimentar esta divina fuerza. Que el tiempo Pascual sea un tiempo de renovada Esperanza: Jesús no sólo hizo lo que hizo por nosotros, sino que además quiso quedarse para que caminemos con Él, para aliviar nuestros agobios –el mayor es el pecado, que Él perdona- y así fortalezcamos nuestra certeza de llegar al Cielo”, concluye.

 

MENSAJE PASCUAL 2019

+ Mons. Jaime Fuentes
Obispo de Minas

¡Jesucristo está vivo! Así, con signos de admiración, hay que escribirlo y anunciarlo. Jesús, el Salvador, en quien tenemos puesta nuestra fe y nuestra esperanza, venció a la muerte y vive para siempre.

En la última cena les prometió a sus apóstoles que les prepararía un lugar en el Cielo (Juan 14, 3). Cada uno de nosotros, que lo hemos seguido, tiene también su propio lugar, “listo para ocupar”… cuando Dios disponga. En todo caso, vale la pena fomentar la esperanza de llegar a poseerlo: es inimaginable -¿cómo imaginar todo el amor de Dios, volcado en la criatura?- y es para siempre.

Vivimos de esta Esperanza. Y si alguna tentación pretendiera apartarnos de nuestra meta, si pensáramos con engaño conquistar una especie de cielo en la tierra, la rechazaremos inmediatamente.

El mundo necesita mujeres y hombres fieles. Parecería que la fidelidad está devaluada, que los compromisos duraderos no sirven… Muchos viven así, rompiendo sus promesas cuando aparecen el dolor o la enfermedad, o el sufrimiento… En esta Pascua de Jesús, celebrando su “paso” de la muerte a la vida, con su ayuda nos proponemos ser fieles a la palabra dada, en verano, en invierno, con sol y con frío, en todas las circunstancias.

Es Jesucristo, nuestro Señor resucitado, el que nos alienta con su ejemplo, con su palabra y con la fuerza de la gracia que nos da en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Si nos acercamos a ellos frecuentemente, podremos decir también, como los apóstoles, “¡hemos visto al Señor!” (Juan 21, 7).

Quiero animar a todos a experimentar esta divina fuerza. Que el tiempo Pascual sea un tiempo de renovada Esperanza: Jesús no sólo hizo lo que hizo por nosotros, sino que además quiso quedarse para que caminemos con Él, para aliviar nuestros agobios –el mayor es el pecado, que Él perdona- y así fortalezcamos nuestra certeza de llegar al Cielo.

Con el deseo de que tengan ¡Muy Felices Pascuas!, la mejor de las bendiciones: ¡Jesucristo, nuestra Esperanza, ha resucitado, aleluia, aleluia!