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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios En la ruta de Francisco [Opinión]

EL OBSERVADOR |

ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR

Por José María Orlando

Desde el aspecto no solo religioso, sino también social, existe una promisoria identidad a escala entre el nuevo arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, y el papa Francisco. El jefe de la Iglesia Católica ha sacudido al mundo entero con una personalidad que combina la sencillez de su trato con firmeza reformadora, insistente en sacerdotes de a pie que reemplacen en lo posible la lejanía ceremonial con mayor aproximación a la gente. La tarea que enfrenta Sturla difiere en volumen y exigencias a la que se ha echado sobre los hombros el papa, pero los acerca un enfoque similar. El joven arzobispo no tiene que lidiar con la intrincada organización del Vaticano, con renuencias clericales a adaptarse mejor al mundo actual, con las claudicaciones sexuales de algunos sacerdotes y con otros muchos problemas derivados de un culto extendido a regiones de disímiles características en el mundo entero.

La autoridad directa de Sturla ni siquiera abarca a todo el país ya que se limita a Montevideo, aunque el hecho de ser el prelado de mayor jerarquía eclesiástica le confiere una posible influencia más amplia. De acuerdo a quienes lo conocen y a sus propias declaraciones, su arzobispado parece encaminarse a estar centrado en tres áreas, como fundamento de su meta de apostolado religioso en un país de extendido laicismo, de aguda pérdida de valores morales y de debilitamiento del concepto de familia como cimiento de una sociedad ordenada. Una de esas áreas es la educación, como ha señalado el propio Sturla. La exitosa experiencia académica y social del Liceo Jubilar, privado pero gratuito, y promovido por su antecesor Nicolás Cotugno, abre una alternativa valiosa a la renguera del sistema público para la formación de niños y adolescentes.

En el campo social, su preocupación y acercamiento a los jóvenes, especialmente a los de sectores de menores recursos, viene desde sus primeros años sacerdotales, en la década de 1980. Y ya ha enfatizado que buscará implementar en Montevideo el concepto del papa Francisco de “una Iglesia que sale a la calle”, con sacerdotes que trabajen en forma más directa y permanente con la gente y sus necesidades. Al señalar que le “encanta el estilo del papa Francisco”, expresó coincidencia con la atención a los más débiles y a los jóvenes. La similitud con el papa en la ruta que proyecta seguir como arzobispo se ha reflejado en su comentario de que “Francisco ha roto un esquema de una comunicación difícil que la Iglesia estaba teniendo con la sociedad, y se comunica de un modo que llega a todos”.

Para implementar esa forma de comunicación más estrecha con la gente, Sturla descansará no solo en su seguimiento conceptual de las líneas marcadas por el papa, sino también en su propio estilo personal de vida. Quienes lo conocen y tratan desde hace muchos años recuerdan su permanente contacto afable con los estudiantes del Liceo Juan XXIII, del que fue director durante seis años, verlo sentado en el suelo compartiendo charlas con jóvenes y hasta encontrarlo limpiando los baños. Esta manera de enfocar la tarea pastoral tal vez incidió en la sorpresiva decisión del papa Francisco de designar al frente del arzobispado al obispo uruguayo de menor antigüedad en esa función. A los 54 años, Sturla tiene por delante un período arzobispal de hasta 21 años, que marca el límite de la edad obligatoria de retiro a los 75. Desde su nuevo cargo, procurará acercar más adeptos al catolicismo, tarea que concierne estrictamente a su iglesia. Pero su trabajo de ayuda a los más necesitados, de promoción de mejor educación para los jóvenes y de fortalecimiento de los golpeados valores morales, concierne a todos, porque trasciende largamente su misión religiosa para convertirse en puntal de una sociedad saludable.