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Noticeu Cardenal Sturla llamó a vencer la «uruguayísima» tentación de ser «funcionarios cansados» pese a que «es duro evangelizar en nuestra tierra»

misa crismal 2

En la Misa Crismal de este Jueves Santo, el Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla, llamó a los sacerdotes a vencer la «uruguayìsima» tentación de ser «funcionarios cansados” aunque reconoció que “es duro evangelizar en nuestra tierra! La respuesta es escasa. La indiferencia es moneda corriente”.

Em la Homilía de la Misa celebrada en la Catedral Metropolitana, en que los sacerdotes renovaron sus promesas, el Cardenal Sturla admitió que “en la realidad pastoral de nuestra tierra, es difícil que sea un buen negocio ser Cura”, empero, alertó sobre el “cansancio” que “puede hacer caer en la rutina, en cumplir horario de oficina, en poner el corazón en el día libre, en las vacaciones que vienen. Por ahí el demonio nos puede tentar”. “Por eso admiro tanto a aquellos hermanos: sacerdotes, religiosos, religiosas de otros países que vienen aquí y se quedan entre nosotros. ¡Nos quieren! ¡Aprenden a querer a este Uruguay y esta Iglesia! Descubren, que más allá de cierta frialdad, hay un calor, un calor de un pueblo generoso, solidario, necesitado de Dios. Se integran a nuestra Iglesia y la quieren. A esta Iglesia ¡Si! A nuestra Iglesia”, acotó el Arzobispo de Montevideo.

“Somos caminantes, peregrinos, pastores de un pueblo que necesita encontrar los pastos abundantes que sacien su hambre para que no siga andando tras hierbas malsanas. Queremos que nuestras manos ungidas no se cansen de bendecir y de llevar paz y perdón”, enfatizó el Cardenal.  En una Catedral colmada, el Arzobispo explicó  que “en esta santa Misa crismal vamos a renovar las promesas sacerdotales. Vamos a decirle al Señor que ni somos ni queremos ser funcionarios cansados sino que anhelamos un sacerdocio santo. Que amamos esta Iglesia y este pueblo y que confiamos en que el Espíritu del Señor nos renueve con el óleo de la alegría”.


TESTIMONIOS DE VIDA SACERDOTAL

En su homilía, el Arzobispo de Montevideo trajo a colación algunos testimonios de entrega de sacerdotes y evocó, especialmente, a dos que fallecieron durante esta Semana Santa: el P. Rafael Miquelerena sj y el Pbro, Juan José Lasa. ‘Sacerdote misionero en el campo, misiones rurales San Francisco Javier, andando en cuanto pueblito o caserío había, allí llegaba el Padre Rafael con su Dios todo cariñoso, como él decía. No sé si litúrgicamente está bien pero así era su expresión”, recordó el Arzobispo al referirse al religioso jesuita. Al aludir al P. Lasa, destacó que este sacerdote, de 91 años, estuvo “hasta último momento propagando, promoviendo la doctrina social de la Iglesia”.

En su prédica, el Cardenal Sturla pidió a los fieles que “recen para tener sacerdotes santos” y los acompañen con “delicadeza y respeto” para que “venzan toda tentación y se sepan y se sientan queridos y necesarios”.

Al culminar su homilía, el Arzobispo destacó al primer obispo uruguayo, Mons. Jacinto Vera, que “no tenía nada de funcionario cansado sino que fue un santo realizado”. Comentó, asimismo, que el 16 de julio se conmemorarán 150 años años de la consagración espicopal de este “modelo de sacerdote-misionero”.

“No pensemos que sus tiempos eran mejores que ahora o más fáciles. Él también podría haberse quedado quieto en su escritorio de la Curia. Recorrió tres veces el Uruguay entero en épocas de caballo y carreta. Promovió a los laicos, convocó a distintas congregaciones religiosas, fundó el seminario, tuvo libertad de espíritu para enfrentar a los poderosos y corazón magnánimo para perdonar ofensas. Siendo padre conciliar del Vaticano I, cuando el famoso 20 de setiembre de 1870 en Roma, conquistada por las tropas de Garibaldi, recorrió las calles de Roma desafiando con su presencia, con su sotana de Obispo a las tropas para rendir tributo al Papa. ¡Que coraje! ¡Que valentía!. Realmente la unción sacerdotal no cayó en vano en él”, subrayó el Cardenal Sturla..

Homilía Jueves Santo – Misa Crismal del Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla

Queridos hermanos en este jueves sacerdotal, jueves santo, nos encontramos. El otro día estaba buscando en internet las lecturas bíblicas para preparar esta santa Misa y me encontré con un error que me hizo pensar mucho. Decía la primera lectura que escuchamos, hablando del siervo de Yavé, que éste vendará los corazones heridos. Pero lo que leí tenía un error y decía: venderá los corazones heridos.
¿Vendar o vender? ¡Vaya la diferencia con tan sólo una vocal! Y todavía, seguí divagando, si lo conjugamos en la primera persona del indicativo: vendo sirve tanto para la herida como para el negocio.

¿Vendar o vender? Y por ahí me divagué pensando en las tentaciones que nosotros pastores en el Uruguay, pastores en Montevideo, podemos tener. Lejos de nosotros, sin duda, el hacer negocio con nuestro ministerio pastoral. Además en la realidad pastoral de nuestra tierra es difícil que sea un buen negocio ser Cura. No es ésta, ciertamente, una tentación que nos pueda dañar.

Tampoco se trata de “vender buena imagen”. La popularidad no parece ser tampoco otra tentación muy presente entre nosotros. Por ahí se destaca alguno, y surge la obra del Padre Fulano, pero… ¡Es duro evangelizar en nuestra tierra! La respuesta es escasa. La indiferencia es moneda corriente.

Por eso admiro tanto a aquellos hermanos: sacerdotes, religiosos, religiosas de otros países que vienen aquí y se quedan entre nosotros. ¡Nos quieren! ¡Aprenden a querer a este Uruguay y esta Iglesia! Descubren, que más allá de cierta frialdad, hay un calor, un calor de un pueblo generoso, solidario, necesitado de Dios. Se integran a nuestra Iglesia y la quieren. A esta Iglesia ¡Si! A nuestra Iglesia.
Entonces, pensaba, pero ¿cuál es la tentación que, como sacerdotes en el Uruguay, podemos tener? ¿Por dónde el diablo nos puede hacer caer?
Y pensaba en la uruguayísima tentación de ser “funcionarios cansados”.

Esa tentación creo que sí la tenemos. No sé si recuerdan la película “La tregua”, basada en una novela, un cuento de Mario Benedetti. En medio de la gris rutina de una oficina un enamoramiento, con principio y final, constituye una tregua en la mediocre existencia de un funcionario.
Sí, el cansancio nos puede hacer caer en la rutina, en cumplir horario de oficina, en poner el corazón en el día libre, en las vacaciones que vienen. Por ahí el demonio nos puede tentar.

Llamados a “anunciar el evangelio a los pobres, a liberar a los cautivos, a dar la vista a los ciegos, a proclamar el año de gracia del Señor…”, llamados a la santidad de la vida sacerdotal por pura gracia y misericordia de Dios. Muchas veces, sin embargo, la debilidad de la respuesta, la dificultad de convocar gente a la Iglesia, la escasez de niños y jóvenes en nuestras parroquias, nos puede cansar, nos puede desanimar y nos podemos transformar así en esos “funcionarios cansados”, deseosos de una tregua en nuestra rutina. Y ahí se nos cuela la crítica, el cumplir la tarea a desgano, el estar mirando la hora. Cumplimos, pero no ponemos ganas, total, ¿de qué sirve? Las cosas seguirán más o menos igual con mi esfuerzo o sin él. En cambio frente a esta tentación está la alegría de lo que estamos celebrando hoy.

Esta liturgia de este día nos sacude y “no nos deja caer en la tentación”. Cristo cada día palpita con su presencia sacramental en nuestras manos, y el estar hoy aquí tantos sacerdotes, seminaristas y diáconos, todo ello nos habla de la alegría de la vocación a la que el Señor nos ha llamado. Entre los diáconos hay dos que próximamente, Mathías y Marcelo, que el Domingo del Buen Pastor, recibirán, Dios mediante, la ordenación sacerdotal en esta Catedral. Que hermoso es pensar en ese día. Qué bueno para todos nosotros, hoy pensar en el día que recibimos el Don de la Ordenación Sacerdotal. De este modo podemos decir con el Evangelio, hoy, en el hoy de mi historia se cumple la escritura que acabamos de escuchar.

Hoy en esta santa Misa crismal vamos a renovar las promesas sacerdotales. Vamos a decirle al Señor que ni somos ni queremos ser funcionarios cansados sino que anhelamos un sacerdocio santo. Que amamos esta Iglesia y este pueblo y que confiamos en que el Espíritu del Señor nos renueve con el óleo de la alegría.

Queremos vivir cada Misa como la que celebramos con emoción por primera vez y que deseamos vivirla cada día con tanto fervor como si fuera la última, cuando lo veamos por última vez sacramentalmente antes del encuentro cara a cara con Él.

Diremos en un rato renovando nuestras promesas: “Sí quiero”… rechazo las “treguas escapistas”. Somos caminantes, peregrinos, pastores de un pueblo que necesita encontrar los pastos abundantes que sacien su hambre para que no siga andando tras hierbas malsanas. Queremos que nuestras manos ungidas no se cansen de bendecir y de llevar paz y perdón.

Me emociona escuchar testimonios sacerdotales, como el otro día cuando me decían de un cura que cuando lo llaman para atender a un enfermo, sólo pregunta: ¿dónde es? Y va. O de aquel sacerdote, profesor, que nos decía que cada lunes empieza a preparar la Misa del domingo siguiente. O la que me contó un muchacho, y en su crudeza me emociona; era un ex-alumno de un internado salesiano y me decía, yo era un muchachito, entre al internado, me orinaba de noche, lo mismo le pasaba a algún otro, burlas de los compañeros. Un sacerdote se levantó durante meses a las 3 de la mañana para que fueran al baño y evitarle la vergüenza. Eso es vendar los corazones heridos. Podemos pensar en dos testimonios recientes de entrega, los dos sacerdotes que en esta semana nos han dejado, el Padre Rafael de Miquelerena, Sacerdote misionero en el campo, misiones rurales San Francisco Javier, andando en cuanto pueblito o caserío había, allí llegaba el Padre Rafael con su Dios todo cariñoso, como él decía. No sé si litúrgicamente está bien pero así era su expresión. Y el P. Juan José Lasa que se nos fue ayer. Este Sacerdote, 91 años, y hasta último momento propagando, promoviendo la doctrina social de la Iglesia. Son testimonios de vida sacerdotal

Y todos ustedes queridos fieles. Seguramente muchos, que hoy acompañan a sus sacerdotes, podrían dar decenas de testimonios de vida sacerdotal entregada de estos mismos sacerdotes que hoy han venido a acompañar. Recen para tener sacerdotes santos. Acompañen con delicadeza y respeto a sus curas para que venzan toda tentación y se sepan y se sientan queridos y necesarios.

Tenemos un padre de nuestra Iglesia que nada tenía de funcionario cansado sino que fue un santo realizado. Mons. Jacinto Vera, nuestro primer obispo. El 16 de julio de este año se cumplirán 150 años de su consagración Episcopal, la primera que se realizó en el Uruguay, 16 de julio de 1865. ¡Miren que modelo de sacerdote-misionero! No pensemos que sus tiempos eran mejores que ahora o más fáciles. Él también podría haberse quedado quieto en su escritorio de la Curia. Recorrió tres veces el Uruguay entero en épocas de caballo y carreta. Promovió a los laicos, convocó a distintas congregaciones religiosas, fundó el seminario, tuvo libertad de espíritu para enfrentar a los poderosos y corazón magnánimo para perdonar ofensas. Siendo padre conciliar del Vaticano I, cuando el famoso 20 de setiembre de 1870 en Roma, conquistada por las tropas de Garibaldi, recorrió las calles de Roma desafiando con su presencia, con su sotana de Obispo a las tropas para rendir tributo al Papa. ¡Que coraje! ¡Que valentía!. Realmente la unción sacerdotal no cayó en vano en él.

Queridos Hermanos y amigos:

“El Espíritu del Señor está sobre mí” decía Jesús en el Evangelio citando al Profeta. El Espíritu descienda sobre nosotros para que cada palabra que ahora pronunciemos sea verdadera. Sí quiero, si prometo. Como el día de nuestra ordenación, como la que quiero decir el día final de mi vida, como la que digo hoy. Sí Señor, cuenta conmigo en esta concreta Iglesia a la que amo, es tuya y es mía. Quiero servirte, quiero servirla.Haciéndolo sé que encontraré la alegría de mi juventud.

María la Madre de nuestra vocación, nos sostenga a todos en nuestro amor a Cristo y a la Iglesia.