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La Iglesia en los medios “En la lucha electoral todos quieren a la Iglesia de su parte”

EL OBSERVADOR |

El padre José María La Porte, experto en religión y medios, habló sobre la dimensión pública de la Iglesia
+ Carolina Bellocq @carobellocq

© N. GARRIDO
“Los verdaderos progresistas son los cristianos”, dijo La Porte.

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Doctor en Teología y Comunicación; sacerdote pero antes periodista, José María Laporte visitó Uruguay invitado por la Universidad de Montevideo, donde disertó sobre la lógica de la fe en un mundo global y mediático. Defendió la idea de que la Iglesia intervenga en las discusiones sociales y evaluó el giro comunicacional que ha dado la institución de la mano del papa Francisco.

En Irak hay unos 100.000 cristianos desplazados pero se conoce más el caso de los casi 7.000 yazidíes. ¿Por qué los cristianos a veces pasan tan desapercibidos?

A veces la información que se ofrece es muy sectorial y se tiende a recalcar lo más espectacular y no a explicar lo que sucede. También, hablar de los cristianos tiene una implicación que muchos quieren evitar porque a veces los valores que defienden hacen ruido en una sociedad que solo piensa según criterios capitalistas.

¿Y no cree que la Iglesia tendría que ser más proactiva en su comunicación?

La Iglesia podría mejorar en entender las categorías del periodismo y entender cómo es la noticia, los tiempos, los medios, qué necesitan. También puede mejorar en entender que la noticia religiosa tiene que responder a necesidades informativas, porque a veces la Iglesia pretende que se informen cosas que, objetivamente, no son interesantes.

Los medios necesitarían también entender que hay cuestiones que no se pueden resolver en dos líneas, así como la explicación del presupuesto de una nación quedaría incompleta si se aborda de esa forma. Los medios tienen que tratar la información religiosa con la misma profesionalidad con la que tratan la información económica o política.

¿A la Iglesia le compete opinar de temas de discusión social?

Pienso que sí. Si un cantante, jugador de fútbol o comentarista puede hablar del aborto, ¿por qué no puede hacerlo un obispo? La Iglesia tiene una dimensión social sobre la que puede opinar y hay algunos principios sociales que propone para la mejora de la sociedad, tiene todo el derecho a hacerlo. Nadie se sorprende de que otros hablen sobre un tema, ¿por qué habrían de sorprenderse si habla la Iglesia? Es uno más.

¿Aún en un Estado laico?

Precisamente, porque se trata de un Estado laico es interesante que hable la Iglesia. Un Estado laico en teoría garantiza la pluralidad de todos, de la Iglesia católica, la evangélica, la hebraica. Muchas de las cosas que dice el papa Francisco afectan no solo a personas religiosas o católicas y este es el motivo por el que había un millón de personas en una misa en Corea, donde hay solo un 10% de católicos: porque mucho de lo que dice Francisco va más allá, interesa independientemente de la fe. No creo que sea una injerencia que la Iglesia opine. En cambio, es un prejuicio pensar que una institución por el hecho de que tenga una visión religiosa no puede contribuir a la sociedad. Eso sí es un prejuicio y un cierre.

Si no recuerdo mal Voltaire –que muchas veces se adopta como un modelo para el Estado laico– decía que sería capaz de dar la vida por alguien que, teniendo opiniones distintas, pudiera expresarlas.

En tiempos de campaña electoral, ¿no se podría malinterpretar que la Iglesia quiere apoyar a algún partido?

En el fondo, eso es una confirmación de que la política no es escéptica. Las propuestas políticas tienen una dimisión ética y no se puede prescindir de ella. Por eso es lógico que la Iglesia no se pronuncie por partidos políticos concretos –y hace bien, porque las propuestas son opinables– pero es absolutamente legítimo que se pueda pronunciar por determinadas leyes, porque no se refiere a un gobierno o un partido político.

Pero se pronuncia por una ley que es impulsada por determinado partido

Sí, pero podría verse al revés, como que el partido está en contra de la Iglesia. A veces en la lucha electoral el tema es que todos quieren a la Iglesia de su parte. El problema es cuando la Iglesia está contra una propuesta que he hecho yo. Cuando uno se habitúa a que si aprueba una propuesta significa que está conmigo pero si la niega significa que está con el otro, esa dinámica es peligrosa porque no es así. Políticamente puede ser rentable, pero la Iglesia tiene derecho a pronunciarse sobre leyes o cuestiones que tienen incidencia ética pública, tal como se pronuncian otras instituciones y nadie se hace ningún problema. El drama se lo hace la lógica política de querer incorporar los votos de los que tienen una fe religiosa. Y no se puede encasillar políticamente a una fe religiosa, que va más allá de categorías políticas.

¿El papa Francisco es un fenómeno? ¿Seguirá siéndolo?

Es un fenómeno y va a durar. Por dos motivos. Uno, porque los medios están en un momento de dificultad serio de volver a ver la identidad profesional y un personaje de estas características es para ellos muy interesante. Dos, porque en un mundo muy secularizado la gente tiene hambre de lo que dice. Se junta un interés muy grande –existencial– de muchas personas con una pobreza informativa que de alguna manera está consiguiendo enriquecerse con un debate. Si no, es inexplicable que un país como Corea, que está a tantas horas en avión haya tenido tanta cobertura informativa en todos los medios.

Es un fenómeno que durará, porque también él consigue ser auténtico y porque comunica mucho con los gestos. Lo que no sé es cuánto durará el modo de tratarlo en los medios.

¿Sigue vigente el mensaje de Jesús? ¿Importa?

Los revolucionarios ahora son los cristianos. Los conservadores son una sociedad bienpensante que no quieren tocar el orden establecido. Los verdaderos progresistas son los cristianos, los que tienen ideas novedosas y quieren volver a pensar de otro modo. Basta ver al papa. El mensaje de Jesús sigue siendo interesante. ¿Quién se preocupa por los más pobres, por la dimensión espiritual del hombre? ¿Quién piensa en algunos aspectos que garantizan la felicidad, quién piensa en el más allá? Porque el problema de la sociedad de ahora es que todos piensan como si fuéramos a ser eternos.

Por ejemplo, aquí se está discutiendo bajar la edad de imputabilidad penal. Me pregunto si el problema está en poner una ley más o menos restrictiva o si el problema es educativo. Esta es una sociedad especialista en poner parches. Y el cristianismo denuncia cuando hay parches.

¿Por qué van más de dos millones de jóvenes a ver al papa? Para ver un personaje, también por lo que tiene que decir. Si el mensaje no fuera actual, no irían.

¿Le exige algo al periodismo?

Tenemos que rescatar la profesión. Las estructuras sociales están ahogando el verdadero periodismo, el que es capaz de ir contracorriente, de decir lo que piensa. Tal vez a veces será crítico con la Iglesia; no me importa siempre que sea profesional, porque la crítica ayuda. Si no lo es, no ayuda. Si traduces con Google una carta en latín, lógicamente no hay profesionalidad.

Juan Pablo II y su obsesión por el sexo

Una vez alguien le preguntó a un periodista conocido de La Porte por qué Juan Pablo II hablaba permanentemente del sexo. El cronista le propuso estudiar los últimos discursos del papa para comprobar eso, pues le pareció raro. Llegaron a la conclusión de que el tema era mencionado en menos del 10 % de los discursos. “Muchas veces los medios buscaban cosas que no eran centrales”, indicó La Porte.

PERFIL

JOSÉ MARÍA LA PORTE
Doctor en Teología y Comunicación
Decano de la Facultad de Comunicación de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz

Periodista y magister en Comunicación por la Northwestern University de Chicago, el sacerdote español La Porte es especialista en comunicación institucional de la Iglesia, instituciones eclesiales y organizaciones sin ánimo de lucro. Es referente en estudios sobre comunicación, medios y religión.