Iglesia al día

" Me alegra que el tema elegido por la familia ecuménica para la celebración del Tiempo de la Creación 2020 sea 'Jubileo de la Tierra', precisamente en el año en el que se cumple el cincuentenario del Día de la Tierra "
Papa Francisco

La Iglesia en los medios En Casa Diocesana dan de comer a 230 personas todos los días, entre los cuales hay mujeres, niños y adultos mayores

DIARIO EL PUEBLO |

Martes, 16,30. Frío que corta la cara, cielo plomizo con llovizna amenazante, la gente pasa abrigada y sin mirar hacia el costado, pero la realidad actual tiene un lugar en pleno centro donde se da una señal que muestra la realidad económica y social que vivimos en la actualidad.

Es en la esquina de 25 de Agosto y Artigas, donde cada día un grupo distinto de personas, asumiendo tareas en calidad de honorarios, trabajan preparando la comida en el proyecto denominado Heladera Solidaria de la Iglesia Católica, entregando su tiempo y voluntad para turnarse usando los salones de la Casa Diocesana y así poder darle de comer a quienes más lo necesitan.

En ese momento, una mujer llega caminando desde el barrio La Amarilla, con su bebé de pocos meses en brazos y se apresta a soportar el frío en la puerta del lugar, con tal de poder recibir su plato de comida para alimentarse y darle energía a su pequeño, al que aprieta contra su cuerpo para que no sufra el impacto de las bajas temperaturas. Alguien le hace seña desde adentro y le piden que entre para que no pase frío. Agradecida, la mujer espera su turno en el interior del lugar, más calentita y con cierta satisfacción.

En la puerta ya había varias personas que desde hacía rato esperaban recibir su ración diaria. Desde mujeres con niños chicos, hasta adultos mayores, así como también hombres que no tienen otra cosa que comer que lo que reciben en ese lugar, “quizás hasta es la única comida que tienen en el día”, dijo a EL PUEBLO una de las personas que trabajan en la elaboración de la comida y que se quedó hasta el final, donde incluso al terminar de limpiar, ya sacaba la basura.

El servicio lo prestan hasta las ocho de la noche. Pero los últimos en llegar por lo general son los cuidacoches y los buscavidas, que terminan de hacer su tarea sobre esa hora. Uno de ellos llegó con el chaleco que habitualmente usan estos colocado, y con una bolsa con sus pertenencias en la mano, haciendo señas para que no cerraran las puertas. El grupo de personas que había trabajado ya estaba levantando las cosas y al verlo llegar, una de las mujeres lo miró con una sonrisa y le hizo la seña de que se apurara. Al rato salió contento, con un vaso de leche chocolatada caliente y una bolsa de nylon con una vianda y frutas.

NO ES COMO DICEN
Ruben tiene 37 años y trabaja como cuidacoches. Tiene una hija de 12 años que vive con su madre y su bronca es no poder darle lo que él considera que ella merece. Vive en una casa que aclara es de “dos piezas” pero agradece que no está a la intemperie. “Gracias a Dios duermo bajo techo”. Al caer la nochecita salía del lugar en su bicicleta con su bolsa de comida y se bajó casi de un trago el vaso de leche chocolatada que le habían dado como parte del menú diario. “Estaba con hambre y esto me calienta el cuerpo”, dijo a este diario parando frente a la puerta del lugar para mantener un diálogo donde contó por qué acudía a esa ayuda para poder comer.

“Yo soy trabajador, pero desde hace tiempo que no consigo nada, no hay laburo por ningún lado y entonces me puse de cuidacoches y tengo una esquina de esta zona donde trabajo. Hago 8 horas, pero es un trabajo a voluntad, entonces saco lo que me dan. Mientras tanto sigo buscando y estoy estudiando en el Plan Rumbos cerca de donde vivo, en la zona sur, y bueno es importante porque con ese plan hacés el ciclo básico en un año”, dijo.

Reconoce que cuando era joven “no estudié y antes tomaba mucho y fumaba, ahora ni tomo ni fumo, trabajo como puedo y quisiera volver a tener un empleo digno, sobre todo para poder darle a mi hija lo que ella se merece”.

Está molesto con la clase política porque dice que “cuando vienen las elecciones, todos van a tu casa, te piden el voto y a cambio te ayudan y te dicen que te van a dar la posibilidad de trabajar, pero después se olvidan. Y yo entiendo que mucha gente les va a pedir cosas, pero no está bueno que digan lo que no es. No pueden decir por la televisión que el país está bien y que las cosas no están tan mal, porque así como yo, somos muchas las personas que no tenemos trabajo y que estamos pasando muy mal. Sino este tipo de cosas que otros años no existían, ahora tampoco estarían y mire que acá viene mucha gente, pero en los barrios también hay muchos merenderos y son cosas que antes no se veían, entonces es bueno que los gobernantes sean del partido que sean, sepan que en Salto y me imagino que en todo el país es igual, hay problemas, y que las cosas no están bien, que muchos estamos pasando hambre”.

SON MUCHOS
Un matrimonio que fue parte del grupo de personas que les tocó trabajar ayer, ya que quienes llevan adelante esta noble actividad son parte del grupo de alrededor de 100 personas que están abocadas a la ayuda social como integrantes de la Iglesia Católica, dijeron a EL PUEBLO que cuando comenzaron atendían apenas a 30 personas.
Pero con el correr de los días y con la publicidad que tuvo la actividad que realizan, actualmente le brinda asistencia a 230 personas, entre los cuales hay mujeres, niños de corta edad, hombres y adultos mayores. Se forman largas filas y ellos le entregan la comida a quienes ya tienen registrados.

“Nosotros le hacemos un seguimiento, tenemos visitadoras sociales que son de la Iglesia que van hasta sus hogares y ven cómo vive y en qué condiciones están, porque a veces se los puede ayudar de otra forma, siempre en la medida de nuestras posibilidades”, admitió el matrimonio.

Señalaron que toda la comida que le dan a la gente la reciben de donaciones y de la colaboración de mucha gente. Sobre todo particulares, no tanto de comercios, porque dicen que ellos tampoco salen a pedir. “No sabemos si los comercios están colaborando o no con todo el mundo porque en realidad no salimos mucho a pedirles apoyo, aunque hay algunos que por la sola razón de haberse enterado de lo que estamos haciendo vienen y nos ayudan con víveres”.
Aunque sostuvieron que no reciben ayuda estatal de ningún tipo. “Tampoco la fuimos a pedir, no le solicitamos nada a la Intendencia ni al Mides, ni a nadie. Si ellos nos quieren ayudar, pueden venir y relevar las necesidades que tengamos y lo que estamos haciendo, pero por ahora el Estado, mutis por el foro”, dijeron.

Reconocieron que esta situación de pobreza y desempleo se ha incrementado en los últimos tiempos. El trabajo social que realizan lo harán hasta el 30 de setiembre. Y atienden de lunes a viernes en la Casa Diocesana y los días sábado en el Colegio Sagrada Familia, donde los padres de los alumnos colaboran para prestar esta importante y destacada tarea social.