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Noticeu “El Señor es mi heredad y mi copa”: ordenación sacerdotal de Mario Noguerol en la Catedral de Montevideo

Foto de F. Gutiérrez | ICM

Ordenación sacerdotal del Hno Mario Noguerol, a puertas cerradas y con transmisión por Youtube

El sábado 25 de abril, en la Catedral Metropolitana de Montevideo, tuvo lugar la ordenación sacerdotal de Mario Noguerol Uceda. La Misa estuvo presidida por el Card. Daniel Sturla, acompañado por el Obispo Auxiliar de Montevideo, Mons. Pablo Jourdan y algunos sacerdotes de la Arquidiócesis; entre ellos el párroco de La Anunciación y también integrante de Pro Ecclesia Sancta, el P. Armando Chico. La ceremonia fue transmitida en vivo a través del canal de Youtube de ICMtv y seguida por más de un millar de personas. Tal como viene siendo la tónica desde el comienzo de la pandemia, no hubo presencia de fieles en la Iglesia Matriz.

Un corazón que arde
Siguiendo con el ritual de ordenación sacerdotal, luego de leído el Evangelio y antes de la homilía, el P. Armando Chico solicitó al Card. Daniel Sturla que le confiriera el orden sacerdotal al Hno. Mario.

Al comenzar la homilía, el Arzobispo de Montevideo repitió las palabras de los discípulos de Emaús que se leían en el Evangelio según San Juan que había sido proclamado momentos antes: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las escrituras?

Sobre estas palabras aseguró: “Hoy es un día que seguramente, aquí y allá, en la Catedral de Montevideo y en la casa de muchos, de un modo especial en la casa de los padres de Mario, en las comunidades de Pro Ecclesia Sancta y de las hermanas en Perú, especialmente en Lima y en Piura, arde nuestro corazón”.

El Card. Daniel Sturla aseguró que Jesús siempre se nos acerca en el camino de nuestra vida. Y agregó que “se detiene, se queda con nosotros para partir el pan y regalar a la Iglesia un nuevo ministro de la Eucaristía y de la Palabra”.

Para el Arzobispo también  estos días marcados por la pandemia han sido ocasión para que arda el corazón, “viendo aquí y allí la presencia providente de Dios en esta situación dolorosa que vivimos”.  “Es verlo resucitado en miles de gestos y obras de caridad que este tiempo ha suscitado. Es verlo en las familias transformadas nuevamente en iglesias domésticas. Es verlo en el anhelo en que vuelvan las Misas con asistencia de fieles. Es verlo hoy en Mario, en las palabras que el otro día me decía: ‘tengo ansias de ser sacerdote’”, compartió.

Jesús parte el pan para nosotros
Más adelante, el Card. Daniel Sturla quiso recordar la presencia de Pro Ecclesia Sancta en Montevideo; el P. Armando, con el P. Álvaro, que está en Lima esperando regresar luego de la pandemia, y ahora el P. Mario. “En poco tiempo han hecho mucho en la Parroquia de La Anunciación, en la Universidad Católica; es que vienen de tierras de santos”, mencionó,  recordando a muchos de los santos que Perú ha entregado a la Iglesia.

Continuando, el Arzobispo de Montevideo afirmó que cuando arde el corazón  es porque reconocemos a Jesús. Y explicó que “Él tiene paciencia con nosotros, infinita paciencia. Es decir, aguante, resistencia, nos da nuevas oportunidades. Por eso también con estos discípulos, camino hacia Emaús, les explica las Escrituras y parte para ellos, y para nosotros, el pan”.

Aseguró, además, que si nuestro corazón arde, también arde el suyo. “Seguramente este Sagrado Corazón de Jesús hoy late fuerte en este Montevideo y es una hoguera de amor. Unidos a todos los corazones que de aquí y de allá acompañamos a Mario en su ordenación sacerdotal”, sostuvo.

Don y misterio
En otro pasaje de su alocución, el Card. Daniel Sturla compartió que “esta ordenación, con esta Catedral vacía trae a mi memoria el testimonio de San Juan Pablo II, ordenado en la capilla del Palacio Episcopal de Cracovia, el 1° de noviembre de 1946”. Relató cómo el santo, en medio de las vicisitudes de la II Guerra Mundial, experimentó el llamado al sacerdocio. “En una situación ciertamente más dramática que la de hoy, continuó, él también se ordenó solo, con algunas personas que lo acompañaron”.

Haciendo referencia al título del libro que Juan Pablo II publicó  con motivo del 25° aniversario de su ordenación sacerdotal, “Don y misterio”, el Arzobispo reflexionó que “la vocación sacerdotal es así ciertamente: un don, un regalo inmerecido; al mismo tiempo que es un misterio, el misterio del amor de Dios y su elección”.

En el mismo sentido, siguiendo al apóstol san Pablo que aseguraba que la exigencia hacia  un administrador es que sea fiel, lo que dirá Juan Pablo II es que esta palabra, “administrador”, no puede ser sustituida por ninguna otra. “El administrador no es el propietario, sino aquel al que el propietario le confía sus bienes para que los gestiones con justicia y responsabilidad”, sentenció el Arzobispo.

“Un corazón sacerdotal pone su deleite en Señor”
Luego, el Card. Daniel Sturla le recordó al Hno. Mario que después de la imposición de manos y de la oración de consagración como sacerdote recibiría la patena y el cáliz. “Se encuentra allí plasmada una experiencia clave de esta tarea de administrador de las cosas de Dios. El pueblo de Dios te entrega la ofrenda, pero en tus manos y con tu voz ella se transformará en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Es un misterio que nos supera, es el misterio con el cual te configuras”, le confió. Y le dijo: “Tu vida entera está llamada a ser ofrenda… tu vida y ministerio se irán configurando más y más a Él”.

En otro pasaje, el Arzobispo de Montevideo, dirigiéndose a la asamblea aseguró que las cosas del mundo no llenaron la vida de Mario, y que en determinado momento experimentó la vocación, el llamado de Dios. Esto, como en el salmo, llevó a decir al novel sacerdote “el Señor es mi heredad y mi copa”. Entonces, volviendo la mirada sobre el Hno. Mario, le comentó: “es el gusto por la vida a la que el Señor te ha llamado, el que llena tu corazón. Sin dudas, sin vueltas, sin atajos”. “Un corazón sacerdotal pone su deleite en Señor y solo puede ser colmado por el amor de Dios”, reafirmó.

 En el último tramo de la homilía, el Card. Daniel Sturla aseguró al Hno. Mario que había llegado la hora de unirse a Cristo de un modo nuevo. Y agregó que “cada día tu hora será la hora de la Misa, actualización de la hora de Cristo. Un día llegará la hora de tu encuentro definitivo con el Señor, para el que antes, esperamos, prepararás a muchos”.

Sobre el final le aseguró al futuro presbítero, conociendo su devoción, la presencia incondicional de la Virgen María. “Visitala cada vez que puedas, en tu corazón, en peregrinaciones, en ir a las iglesias a ella dedicada;  pero en el caso que tú no puedas ir, tené la certeza de que ella irá, estará a tu lado, te tomará de la mano y hará que puedas vivir con fidelidad tu sacerdocio”, le garantizó.

“Qué en los momentos de peso y de carga puedas tener la certeza que Ella lleva la mitad del peso. Ella que es, de un modo especial para los sacerdotes, vida, dulzura y esperanza nuestra”, concluyó.

Un nuevo sacerdote
Luego de rezar la Letanías, con el Hno. Mario postrado en actitud de súplica y pidiendo la intercesión de los santos, el Card. Daniel Sturla concedió el orden sacerdotal al nuevo presbítero, mediante la imposición de manos y la plegaria de ordenación. A continuación, Hno. Mario Noguerol recibió en el altar los ornamentos sacerdotales: la estola y la casulla, signos visibles del carácter de su ministerio. El P. Armando Chico lo ayudó a revestirse.

Después, el Arzobispo de Montevideo ungió con el santo crisma las manos del P. Mario como signo de su consagración a Dios para la celebración de los sacramentos. Seguidamente le entregó la patena y el cáliz, símbolo de la ofrenda del pueblo para la celebración eucarística. Y con un fuerte y emotivo abrazo le dio bienvenida al orden presbiteral.

Dios y su detalle de amor
“Quiero primero dar las gracias a Dios, a su Sacratísimo Corazón, que en un acto de amor profundo me permite, esta tarde, hacerme su hijo sacerdote. Que a pesar de las dificultades de estos tiempos ha tenido ese especial detalle de amor conmigo”, así comenzó el P. Mario Noguerol su acción de gracias.

Luego tuvo palabras para con el Card. Daniel Sturla, le agradeció por la caridad y paternidad con la que lo recibió en Montevideo hace ya casi 9 meses. También agradeció a sus superiores; el P. Elías, el P. Roger y al P. Armando, “por todos estos años de formación, de caridad y de cariño, para que pueda seguir en este camino hacia el sacerdocio”.

No se olvidó de sus hermanos sacerdotes que lo acompañaron en la celebración. Hizo una mención especial al P. Julio Fernández Techera, jesuita, “que fue partícipe para que mi comunidad, Pro Ecclesia Sancta, esté aquí en Uruguay. Él, con ese ímpetu, con esas fuerzas, viajó, nos conoció y hoy, con la ayuda de grandes amigos, podemos expandir el Reino de Dios”.

Agradeció especialmente a la Parroquia de La Anunciación y a los sacerdotes que lo acompañan. Asimismo, dio gracias a Dios por la familia de Pro Ecclesia Sancta y por su fundador.

Para el final, y más que emocionado, recordó y agradeció a su familia, que a la distancia y sin poder llegar a Montevideo por la pandemia, lo acompañó en el camino hacia su vocación.

Fuente: https://icm.org.uy/el-senor-es-mi-heredad-y-mi-copa/