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La Iglesia en los medios El Santo Grial del norte de España atrae al público pese a las dudas

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EL SANTO GRIAL DEL NORTE DE ESPAÑA ATRAE AL PÚBLICO PESE A LAS DUDAS

Seré curioso

El anuncio de que el Santo Grial está en la basílica de San Isidoro de León (norte de España) ha disparado el número de visitantes, pero también el escepticismo sobre si se trata de la auténtica copa que usó Cristo en la Última Cena.

“Hay gente escéptica, y hay gente que viene un poco con la curiosidad de conocer un poco más la investigación… y luego otra gente (…) que se ha acercado desde el punto de vista religioso”, dice a la AFP Raquel Jaén, directora del museo de la basílica.

La afluencia de público obligó a retirar el lunes el conocido hasta ahora como cáliz de la infanta Doña Urraca, hija de Fernando I el Grande, rey de León de 1037 a 1065, de la sala donde estaba expuesto para buscarle un emplazamiento más apropiado, tras el anuncio de los historiadores Margarita Torres y José Miguel Ortega del Río.

Según su investigación, la copa que se encuentra en la basílica de San Isidoro desde el siglo XI es “el cáliz que desde el siglo IV o V las comunidades cristianas de Jerusalén consideraban como el cáliz de la Última Cena”, explicó Torres a la AFP.

– El Grial, una leyenda –

Sin embargo, el historiador medievalista de la Universidad Autónoma de Madrid Carlos de Ayala recuerda que el Grial “es una invención literaria del Siglo XII sin fundamento histórico alguno. No se puede buscar lo que no existe”.

“Entre los medievalistas se suelen entender las leyendas sobre el Grial de manera simbólica más que histórica”, afirma también la experta en arte medieval del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Therese Martin, autora de un libro sobre Doña Urraca y el complejo de San Isidoro.

No obstante, esta historiadora admite que “quizá el libro de los investigadores leoneses nos revele nuevas fuentes que hayan podido pasar desapercibidas hasta la fecha”.

El hallazgo en 2011 de dos pergaminos egipcios, conservados en la biblioteca de la Universidad Al-Azhar de El Cairo, y tres años de investigación llevaron a Torres y Ortega a afirmar que tras el cáliz de Doña Urraca, formado por dos copas de ónice, unidas por un nudo de oro ricamente ornado con piedras preciosas, se oculta el Santo Grial.

Sólo su parte superior, una copa romana de ágata, explica Torres, constituye la venerada reliquia que permaneció siete siglos en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, de donde fue llevada a El Cairo en el siglo XI por el califa fatimí.

El motivo fue la grave hambruna que se abatió sobre Egipto en 1054, explican los investigadores en un libro titulado “Los reyes del Grial”.

Respondiendo a la llamada egipcia de auxilio, un emir de uno de los reinos árabes de España envió barcos con trigo y víveres y como pagó “solicitó que le entregase la copa con la que Cristo compartió la Última Cena con sus discípulos y que se conservaba en Jerusalén”, explica Torres.

Dijo que deseaba “entregársela a Ferdinand Al Kabir (el grande), rey de Liyyun”, el monarca más poderoso de la cristiandad hispana de la época, “porque quería congraciarse con él y mantener la paz”, afirma citando los pergaminos.

– 200 Santos Griales

Objeto de todo tipo de leyendas, sólo en Europa existen unos 200 supuestos Santos Griales, reconocen los investigadores españoles, incluido uno en la catedral de Valencia (este de España), que usó Benedicto XVI en la celebración de una eucaristía en 2006.

“Es irrelevante para la fe que sea auténtica o no”, afirma Antonio Trobajo, vicario episcopal de relaciones públicas de la Diócesis de León, que recuerda que como creyente va a “seguir creyendo no en el objeto sino en la persona en la que creo que fue Jesús”.

Sin embargo, Ortega del Río asegura que “ninguno de los otros (griales) tienen una base tan sólida sobre la que apoyarse”.

Entre sus pruebas, la falta de una esquirla en la copa de Cristo, documentada en los pergaminos egipcios, que coincide con la que le falta al cáliz de Doña Urraca, quien ordenó ornar el vaso con joyas.

Y dejó algún indicio del tesoro que guardaba: la escena central en las pinturas que encargó para el panteón de los Reyes de León reproduce la Última Cena.

“En el cuadro se ve a un copero, el santo francés Marcial Pincerna, que entrega a Jesús una copa semejante a la copa roma del cáliz de Urraca”, dice Torres, considerando que si Fernando I ocultó al mundo que tenía en su poder la reliquia más valiosa de la cristiandad fue por miedo a perderla.

Con información de AFP