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Noticeu “El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”: el clero diocesano de Uruguay celebró la fiesta del Santo Cura de Ars

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Obispos, sacerdotes y seminaristas de distintos puntos del país se dieron cita el jueves 8 de agosto en el Seminario Mayor Interdiocesano “Cristo Rey” para celebrar la Fiesta de San Juan María Vianney, el Cura de Ars, patrono de los sacerdotes, especialmente de los Párrocos.

En el santoral, la fiesta de este santo está inscripta el 4 de agosto, pero tradicionalmente el Seminario recibe a los obispos y sacerdotes el jueves más cercano al día del Santo Cura.

El Seminario Mayor Interdiocesano acogió a todos los obispos, y a sacerdotes de todas las Diócesis, seminaristas de este Seminario y del Redemtoris Mater y a algunos diáconos que loa acompañaron. La celebración de la Eucaristía fue presidida por el Arzobispo de Montevideo, Card. Daniel Sturla, los concelebrantes principales fueron el Nuncio Apostólico, Mons. Martin Krebs y el Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay, (CEU) Mons. Arturo Fajardo (Obispo de San José de Mayo). Junto a ellos concelebraron los obispos y todos los sacerdotes presentes.

La celebración de la Eucaristía fue preparada y animada por los anfitriones de la fiesta, los seminaristas del Seminario Interdiocesano.

Al inicio de la celebración el Pbro. Jorge Techera, formador del Seminario, señaló las intenciones de la Misa: acción de gracias por la vocación sacerdotal de cada uno de los presentes y hacer memoria de los sacerdotes fallecidos en el último año: Mons. Roberto Cáceres, Pbro. Silverio Moreira y Pbro. Juan Carlos Bonilla.En la Misa también se tuvo presente a Mons. Julio Bonino fallecido el 8 de agosto de 2017.

La homilía estuvo a cargo del formador del Seminario, Pbro. Guillermo Buzzo, de la Diócesis de Salto.

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Al inicio de su prédica el Pbro. Buzzo señaló que en el contexto de la solemnidad del cura de Ars se suman «muchos motivos de agradecimiento y de alabanza”: “Damos gracias primero por Cristo, por la fe que nos regala, por la Iglesia a través de la cual recibimos y con la cual profesamos esa fe, y de manera muy especial por el regalo del sacerdocio ministerial que es un modo concreto de vivirla, y de dar la vida por esa fe”.

Luego, refiriéndose al fragmento del Evangelio de San Juan proclamado minutos antes subrayó que el sentido del sacerdocio reside en “dar la vida”.  “Jesús dice: Soy el buen pastor y no un asalariado. O lo que es lo mismo: No me gano la vida de esto: doy mi vida por estos. No vivo de las ovejas. Vivo para las ovejas, y muero por ellas”, sostuvo.

En este sentido, señaló que el sacerdote, como el asalariado “puede llegar a ser alguien muy entendido en la materia, un profesional del tema, llega a interesarse por el rebaño, mientras que el pastor mira además a cada oveja”. “El asalariado puede admitir con un realismo casi cínico que es normal que se produzcan bajas en el rebaño: ‘suele pasar…’ Para este siniestro personaje, las ovejas tienen lana, pero no tienen rostro. Y, por supuesto, tampoco tienen nombre. Le interesa el rebaño, es verdad, pero no le interesan las ovejas. No le preocupa que crezcan ellas, pero sí que crezca el rebaño, que sean cada vez más. O al menos que los otros asalariados que están al frente de los otros rebaños no se las roben ni lleguen a tener más cabezas que él. Sería un desastre aparecer como un ineficiente ante `la sociedad de mercenarios´”, profundizó.

“Los mercenarios no viven del otro lado de la cordillera, o más allá de los Alpes, sino que se ocultan agazapados en nuestro propio corazón, en el mío, en el de cada pecador que se sirve del poder recibido para su provecho y en contra de los más débiles; allí, disimulado y traicionero, el mercenario espera el momento oportuno para imponer su egoísmo, para servirse a sí mismo y para hacerse servir”, dijo en su homilía el Pbro. Buzzo.

NO ESTÁ BIEN VISTA LA RENUNCIA

El formador del Seminario Interdiocesano admitió que para quien siente el llamado a la vocación sacerdotal “la generosidad de la ofrenda inicial, puede achicarse con el tiempo, porque el mundo también hace su tarea en cada uno de nosotros”: “La cultura en la que vivimos tiene otros criterios” y “no está bien vista la renuncia”.

Aludiendo a las nuevas generaciones de seminaristas enfatizó que “nos llenan de esperanza” y “de trabajo”.

Seguidamente, el formador del Seminario “Cristo Rey” se adentró en las dificultades del ejercicio del sacerdocio en Uruguay. “Para bien o para mal –porque es una realidad, y no necesariamente siempre una bendición- estos jóvenes que hoy se están formando con tanta ilusión en el Seminario, no saben lo que les espera. Por un lado, sabemos que –viendo la praxis habitual de nuestras iglesias- ya no formamos jóvenes para ser sacerdotes, sino para ser párrocos, y párrocos que muy probablemente vivirán solos, con altas chances de recargarse en muchas actividades y encargos parroquiales, extra parroquiales y diocesanos”, señaló. «Esto no es futurología pesimista, sino simple estadística. Esta situación nos cuestiona y no podemos aceptarlo pasivamente”, puntualizó el Pbro. Buzzo.

El Presbítero dijo ante obispos, sacerdotes y seminaristas que “mientras seguimos pidiendo al Dueño de la mies, que envíe trabajadores para la cosecha, necesitamos ensayar alternativas más saludables para vivir nuestra pobreza y nuestra actual escasez de clero” ya que “una perspectiva así no entusiasma. Y en algunos casos ha quemado a algún hermano en el ministerio”.

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Pese a la situación descripta, el sacerdote confesó  que “viendo, y escuchando” a los actuales seminaristas sostiene “la esperanza de que estas nuevas generaciones no acepten resignados esta realidad, y se animen y nos animen a los que ya hemos sido ordenados a vivir de otra manera nuestra misión”. “También en este caso podemos, como el mercenario, ver el rebaño, o como el buen pastor mirar las ovejas que somos también los sacerdotes”, recalcó. “Que el Señor sostenga este impulso que viene suscitando entre nosotros: una pastoral presbiteral que pone rostros y nombres a esta parte del rebaño a estas ovejas que somos también nosotros”, manifestó Buzzo.

EL AMOR 

En los últimos tramos de su reflexión, el formador del Seminario recordó que “el sacerdocio –según el testimonio del santo cura de Ars- es el amor del corazón de Jesús” que “llegó al límite del sacrificio de la propia vida”. “Amar como Jesús es unirnos cada día al único y definitivo sacrificio de Jesús. Unirnos desde nuestros propios sacrificios, y ofrecer en nombre de la comunidad el sacrificio de los demás”, explicó al tiempo que resaltó que “el sentido que tienen nuestras renuncias y sacrificios (…) no para nuestra gloria”, sino que “lo hacemos por el bien de todo el cuerpo de Cristo, es decir por nuestro bien y el de toda la Iglesia. No se trata de una competencia de virtud, o una búsqueda narcisista de perfección. Se trata de dar la vida para que los otros vivan, y Dios sea glorificado en nuestra vida”.

Dirigiéndose al Señor y finalizando su prédica el Pbro. Buzzo explicitó el deseo de “entregarles a nuestros hermanos no solo el Evangelio, sino nuestra propia vida (1Tes 2,7), lo mejor de nosotros, la mejor versión de cada uno por amor a ti y a nuestros hermanos”.

Terminada la Misa los presentes se unieron en torno a la mesa donde degustaron un riquísimo almuerzo preparado con esmero por el personal de la casa con la ayuda de los seminaristas que cuidaron cada detalle.

Imágenes:

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