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La Iglesia en los medios El pesebre que pasó los cien años

EL PAÍS |

El pesebre de la iglesia de San Antonio tiene más de 100 años. Foto: Fernando Ponzetto

El pesebre de la iglesia de San Antonio tiene más de 100 años. Foto: Fernando Ponzetto

Un pesebre sin igual puede admirarse en Montevideo a un costado del interior de la iglesia de San Antonio y Santa Clara, de los hermanos capuchinos, en la calle Canelones y Minas.

Esa rama de la familia de los franciscanos que llegó a Uruguay en 1860 y diez años después levantó su convento entre los barrios Cordón y Palermo, procedía de Génova y había traído un primer pesebre pequeño desde la zona del Tirol.

Cuando ya en el templo estaba colocado el altar mayor, una obra del 1500, ejemplo único en el país del arte barroco, originario de una iglesia genovesa que se demolió, los capuchinos consiguieron importar otro pesebre, con tallas en madera policromada después del acostumbrado acondicionamiento mediante la operación denominada aparejo, que consistía en la aplicación de varias capas de yeso antes de pintar a pincel, con óleo adelgazado con barnices o con un estrato muy diluido y semitransparente de temple.

Esas magníficas muestras de arte, que solían modelarse sobre madera alpina, con herramientas como el escoplo, las gubias y los mazos, componen el gigantesco pesebre realizado por la familia Stufflezer en el Tirol, a fines del siglo XIX, y armado en San Antonio más de 115 veces desde que desembarcó en Montevideo.

La colección tiene cerca de un centenar de figuras, desde caballos y pequeñas ovejas de variado tamaño y en posturas diversas, hasta un camello o un elefante que exigen el esfuerzo de cuatro o cinco personas para trasladarlo de un lugar a otro.

Tanto en la representación de la fauna como en las esculturas humanas, asombra la riqueza de miradas y el tratamiento anatómico.

Gracias a voluntarios.
En esa conjunción contemplativa del milagro de la Navidad que se presenta en la iglesia de San Antonio, como novedad queda a manera de telón de fondo el paisaje del entorno de este Belén montevideano; un puñado de reconocibles fachadas de edificios erigidos en el barrio de la parroquia, todas pintadas a mano.

El padre José Luis explicó a El País que el montaje del pesebre se efectuó a fuerza de voluntarios; “empezamos el 9 de diciembre y estamos por terminar, colocando la iluminación. Lo más pesado fue armar todo el entarimado y la parte de atrás. Este año tuvimos la suerte de que nos regalaran los tablones que colocamos sobre los bancos de la iglesia, que hacen de caballetes. Eso le da una mejor perspectiva que si estuviera todo armado en el piso”.

De 8:00 a 12:00 y de 16:00 a 20:00 horas será posible acercarse a la exhibición del conjunto escultórico que irá cambiando a lo largo de enero.

Entrado el Año Nuevo se apreciará otra imagen del Niño Jesús; en la adoración de los Reyes será cambiada la Virgen, y a mediados de enero aparecerán otras figuras para dar cuenta de la huída a Egipto de la Sagrada Familia, después de la matanza de los inocentes por Herodes.

En el relato de ese episodio habrá una escultura de la Virgen sobre un burro, con el Niño en sus brazos, y junto a ellos San José, llevando de las riendas al animal.

Los primeros pasos.
A San Francisco de Asís se adjudica la idea de crear el primer pesebre, por el año 1223, en una cueva, con gente del cercano pueblo de Greccio que reproduciría la historia de la adoración de los pastores, el misterio del nacimiento de Jesús.

San Francisco quería ver cómo el Niño nacido en Belén estaba recostado sobre la paja en un establo, con el buey y el asno a su lado. Esta puesta en escena se popularizó por todo el mundo cristiano, pero además de pesebres vivientes surgieron los de figuras de barro o madera. El primero de éstos se habría construido en Nápoles a fines del siglo XV y fue fabricado con figuras de barro.

Como pioneros misioneros que llegaron a América, los franciscanos impusieron esa tradición que pasaría, años después, de las iglesias a las casas de los cristianos. Los belenes o pesebres terminaron así adquiriendo un papel importante en la evangelización.

El Papa Juan Pablo II, en 1986, a petición de las asociaciones belenistas de todo el mundo, proclamó a San Francisco de Asís “Patrón Universal del Belenismo”.

Magia y paz.
La representación de animales y personas consagrada en esculturas talladas en madera por artistas del Tirol convierte al pesebre de la iglesia de San Antonio en un atractivo que convoca a grandes y niños, cristianos o no. En la ermita recreada, casi como la cueva en donde San Francisco de Asís mandó montar el primer pesebre de la historia, en 1223, se han cuidado muchos detalles y no falta, por supuesto, el aroma del heno o pasto seco ni tampoco el sonido del agua de una pequeña fuente.