Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

Noticeu El Pbro. Giovanni Chinchilla comparte la experiencia en su nueva tierra de misión

 

El P. Giovanni Chinchilla, oriundo de Costa Rica, era un uruguayo más luego de 14 años de servir con su ministerio en la Diócesis de Florida. En febrero de este año recibió la propuesta de acompañar en Venezuela a un sacerdote amigo, que se encuentra enfermo.

A tres meses de su llegada al nuevo destino pasa raya a la experiencia compartiendo las varias caras de la moneda: la realidad pastoral, los desafíos de la Iglesia y la situación socio-política del país.

Una moneda que tiene varias caras

La nueva experiencia de una misión en Venezuela.

P. Giovanni Chinchilla

Hace aproximadamente tres meses que he llegado a estas tierras, y cada día voy asombrándome más y más… Y es que se conjuntan una cantidad numerosa de experiencias hermosas y tristes al mismo tiempo, que hacen de esta nueva misión una maravilla inolvidable.

Llevaba más de 14 años sirviendo en la iglesia uruguaya particularmente en Florida, cuna de la independencia y ciudad religiosa por excelencia: sede del Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres. A principios del mes de Febrero me presentaron la propuesta de acompañar a un amigo sacerdote cercano, enfermo y entrado en años para darle una mano en su trabajo pastoral mientras levanta el quebranto de su salud. No lo dudé un momento, pues, ya había estado haciendo estudios en este país caribeño años atrás…

Cuál no sería mi sorpresa volver en estos tiempos a reencontrar viejos amigos sacerdotes, compañeros de estudio y misiones, ahora en épocas de crisis social, económica y política… Impaciencia por volverles a ver… expectativas… y el duelo por dejar atrás tantos años en la cultura charrúa que me había acogido tanto tiempo y tan bien…

Era una extraña mezcla dulce – amarga. Sin embargo, la acogida en estas nuevas tierras ha marcado un nuevo comienzo. Pastoralmente, la primera cara de la moneda, he sido muy confortado. Ver un pueblo muy fervoroso, que vive sus inclemencias de vida en la búsqueda de una luz y un consuelo que sólo pueden venir de lo alto. La fe de una Iglesia que las dificultades no la encierran en quejas, sino en testimonio de compromiso. Numerosa participación en todo lo que tenga que ver con compromiso parroquial, comunitario, tanto civil como eclesial…

Me encuentro en la periferia de una ciudad de casi dos millones de habitantes (Barquisimeto del Estado Lara), hacia el oeste de esta ciudad llamada crepuscular, por sus bellos atardeceres, una zona de densidad muy numerosa… Me recibe una comunidad de feligreses muy viva y animosa, que cuentan con al menos 5 coros parroquiales de música para animar las celebraciones, casi todos compuestos de jóvenes y uno de mayores y niños… Varios grupos juveniles conforman el entretejido de participantes de las celebraciones, varios los domingos y todas repletas de fieles… El número de confirmandos para este año pasa de los 100 e imagínense para las Primeras Comuniones… Diáconos permanentes, catequistas, ministros de la Eucaristía, de la Palabra, misioneros, seminaristas varios, encargados de la Liturgia… incluso semanalmente cada grupo se organiza para la limpieza y el orden del templo… en fin… sacerdotalmente muy confortado en todo sentido…

Pero la moneda tiene varias caras… y ante esta visión pastoral contrasta el caos económico, social y político, de un país que te da la impresión de haberse detenido 30 años en el progreso: la ausencia de servicios básicos: transporte, luz, agua, internet, gas, gasolina, medicinas, alimentos de primera necesidad… son elementos que frecuentemente escasean, están ausentes o simplemente no existen. El contraste de una moneda que se devalúa día a día. Un sueldo mínimo cuesta menos que un kilo de queso… Y los chiquilines que van a la escuela o al liceo hacen sus trabajos en las fotocopias usadas por el lado que está en blanco o con las envolturas de los alimentos: harina, arroz, maíz…etc.  ¿Clases por online? El internet es muy escaso y de mala calidad. La gran mayoría no tienen celular… Hay que verlo para creerlo… Hace pocos días un médico que iba a una cirugía estuvo 13 horas haciendo la fila y esperando para conseguir un poco de gasolina y llegar al hospital… La gente busca cualquier trabajo para ganar algo… pero no piden dinero, sino algún alimento para llevar a sus casas: arroz, pan, harina, huevos… lo que sea. Los grandes trabajos se pagan a modo de trueque: te doy esto y me das esto… Al llegar el coronavirus, ni se han sentido las alarmas, puesto que se viven en una pandemia más terrible hace muchos años… Entrar a un hospital, te da la impresión de entrar a un dispensario de campaña en tiempo de guerra: enfermos acostados en el suelo, no hay elementos mínimos de higiene, medicamentos y los médicos hacen verdaderos milagros con lo poco que se posee… Las universidades cerradas y no tienen perspectiva de futuro, los jóvenes o marchan al exterior o se suman al grueso grupo de desempleados, sin perspectiva de solución… Podría contarles miles de historias similares que parten y desgarran el corazón de un pueblo que sufre y clama a Dios como Israel en Egipto, a la espera de un nuevo Moisés libertador…

Una cara más de la moneda: el desafío de la Iglesia, de ser profetas de esperanza en un panorama que se muestra abrumador. Un pueblo pobre y sufriente, pero que a la vez no quiere perder a sus ministros, y desde su misma pobreza comparten lo poco de sí, para que al sacerdote no le falte lo necesario… ¿Cómo cerrar las puertas de la Iglesia en cuarentena, cuando desde una hora antes esperan al sacerdote que va al confesionario y no se levantará hasta después de tres horas? ¿Cómo decirles que no hay Misa, cuando ellos mismos han caminado en la ciudad hasta una hora el domingo para llegar al templo? Dios es el protector del indefenso… Y en verdad que les protege…

Sin embargo, los jóvenes y los adultos, con quienes he compartido más, viven con mucho optimismo y muy buena onda, con alegría, son bromistas y lo viven con entusiasmo… quizás a la espera de una “revancha de Dios” en todo esto… contagian lo animoso que son…

Pido a los queridos lectores unir a sus oraciones la intención de una renovación de la crisis venezolana, y el fortalecimiento de esta Iglesia que vive su fe en medio de las tribulaciones. ¡Que el Espíritu Santo renueve la faz de esta tierra!