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La Iglesia en los medios El Papa tiene quien le escriba

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por Danilo Arbilla

El papa Francisco tiene quien le escriba, pero a unos cuantos parece que no los lee. Sobre todo a aquellos que reclaman que se restablezcan las libertades en países como Venezuela y Ecuador.

Respecto a Venezuela, José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch, frente a la anunciada entrevista entre el Papa y Nicolás Maduro, envió una carta al pontífice con un amplio detalle de todas las violaciones de los derechos humanos que comete el régimen “bolivariano” y la situación que están viviendo los venezolanos. Vivanco apelaba al Papa para que le planteara a Maduro no continuar con esa política.

Es cierto que la entrevista programada no se realizó —por un dolor de oído de Maduro, según se dijo— pero igual, dado lo que le contó HRW, el Papa podía haber dicho algo. Pero no; se mantuvo en silencio.

La misma actitud asumió frente a una carta que le enviaron más de 30 ex presidentes del hemisferio —la que citamos en una columna anterior— y en la que estos, tras censurar la actitud de “la comunidad democrática y los organismos multilaterales” que frente a lo que sucede en Venezuela “miran, contemporizan y callan” en un  silencio que califican de “cómplice”, recurrieron a él, dado su liderazgo, para que hiciera sentir su voz.

El Papa, sin embargo, no habló.

Con motivo de su visita a Latinoamérica y, en particular, a Ecuador, Gustavo Mohme, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, y Claudio Paolillo, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de esa entidad, le escribieron al jefe de la Iglesia católica, con la esperanza de que “con sus palabras” pudiera “inducir cambios en la política oficial de censura que practica el gobierno de Ecuador o, al menos, aliviar el sufrimiento de aquellos que no pueden gozar plenamente de su derecho irrenunciable a la expresión”.

En su carta, Mohme y Paolillo le informaron a Francisco que “el presidente Rafael Correa ha implementado una mordaza contra todo aquel que disienta de la ‘verdad oficial’, ya sean medios de comunicación, organizaciones sociales y políticas, periodistas, ciudadanos en general, opositores y disidentes. Utilizando a la propaganda como ariete y a la Ley de Comunicación como instrumento de censura —le indicaron— ha cerrado y castigado medios e impuesto una cultura del miedo que ha abortado el debate público y que los ciudadanos gocen de su derecho a la libertad de expresión”.

Que se sepa, no parece que Jorge Mario Bergoglio le haya hablado sobre ese tema a Correa, o frente a él señalándole el tema concreto y en particular el tema de la libertad de expresión, primera de todas las libertades y sin la cual no se puede hablar de dignidad humana.

Es más: de las señales de su visita a Ecuador es notorio que quien sacó el mejor partido fue Rafael Correa, quien recibió al visitante con un entusiasta abrazo. Le faltó decir “Correa y el Papa, un solo corazón”, cosa que de alguna forma trasmitió en su discurso, hablando de él, de su gobierno y del sumo pontífice.

Es cierto que Bergoglio, con grupos de la sociedad civil, habló de inclusión y de  libertades en genérico en algún pasaje, y se refirió, especialmente, a la necesidad de valorar las diferencias y fomentar “el diálogo y la participación sin exclusiones”. En ningún momento, en cambio, se refirió a los problemas concretos que vive Ecuador y por los que protesta su gente en la calle. Hablar de diálogo como llamado teórico es poco. Nadie puede olvidar, por ejemplo, una experiencia que confirma que en los últimos 100 años ningún régimen comunista abandonó el poder por vía del diálogo, ni tampoco ignorar que ese discurso lo usan continuamente los actuales gobiernos “progresistas”, “socialistas” y “populistas”, a la vez que “antiimperialistas” y antiliberales, que tienen como prioridad censurar a la prensa, desinformar a los ciudadanos, perseguir, proscribir y encarcelar a los opositores y disidentes, y mantenerse de cualquier manera en el poder.

¿De qué tipo de diálogo habla el Papa? Mas allá de lo que le cuentan y escriben, ¿no sabe de la “catástrofe” que anuncia Maduro para el caso que le vaya mal en las legislativas? ¿Ignora que Correa ya renegó de su promesa de que este sería su último período presidencial y ahora pugna, como fue con Chávez, y como lo han logrado Evo Morales y Daniel Ortega, por la reelección permanente?

¿Sobre qué se puede dialogar con ellos? ¿Sobre la alternancia en el poder? ¿Sobre actos electorales limpios y sin abusar del poder?

Decididamente, frente a esos interlocutores da la sensación de que se hace necesario levantar la voz un poco más y mucha gente estaba esperanzada en que ese fuera el rol del Papa y de ahí tantas cartas apelando a él. Pero, como dijimos al principio, da la sensación de que no las leyó.

© Danilo Arbilla. Derechos reservados. (Especial para Búsqueda)