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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios “El papa sabe de la fuerza de sus gestos”

EL PAÍS |

CON JOSÉ MARÍA LA PORTE

53f7940c2b95dEl sacerdote y especialista en comunicación habla de cómo comunica la Iglesia Católica.

José María La Porte es sacerdote como lo deja clarísimo su cuello clerical. Pero es más cosas, es periodista, profesor, doctor en Teología y Comunicación y Decano de la Facultad de Comunicación Institucional de la romana Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Ha editado libros sobre comunicación institucional y, precisamente, estuvo en Montevideo para dar una conferencia en la Universidad de Montevideo titulada “La lógica de la fe en un mundo global y mediático”. Sobre cómo manejan su comunicación la Iglesia católica y el papa Francisco y sobre cómose comunica lo intangible de la fe charló con Qué Pasa.

—Usted es sacerdote, teólogo, licenciado en comunicación institucional y doctor en marketing. ¿Desde cuándo los curas estudian marketing?

—Bueno, de hecho, hice el master en comunicación en la Universidad de Northwestern en Chicago cuando aún no era sacerdote. Me ordené en 2001 y el master lo cursé entre 1996 y 1998. Empecé a dar clases antes de ser sacerdote. Ya había estudiado teología y considerado la posibilidad de ordenarme pero aún no era algo concreto. Mi idea fue conocer de todas esas cosas interesantes que han trabajado las empresas y ver cómo me podían servir para transmitir valores.

—Trabajar la comunicación interna o el marketing parecen ser disciplinas relativamente nuevas. ¿Cómo trabajaba antes la Iglesia católica su comunicación?

—La oficina de prensa del Vaticano ya existía en el Concilio Vaticano II, así que llevan bastante tiempo trabajando. Lo que faltaba en algunos campos y ahora se está haciendo, es incorporar el desarrollo comunicativo que han hecho otras instituciones también a la Iglesia. De hecho en los últimos años, la Santa Sede ha hecho un esfuerzo muy grande combinando iniciativas de la Sala Stampa, el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, el Centro Televisivo Vaticano, el Osservatore Romano, el portal news.va. Son muchas iniciativas que demuestran cómo la iglesia ha estado tratando de incorporar esas cosas de un modo muy profesional y con una audiencia interesante.

—La base está, por lo visto. ¿Qué viene ahora?

—Reflexionar sobre eso. He visto en Uruguay mucho interés en el ámbito informativo. He podido hablar con varios obispos, en el seminario, y con algunos sacerdotes y me sorprendió muy favorablemente el interés que hay por comunicar mejor. En otros lugares eso no pasa.

—¿Cómo está informando sus asuntos la Iglesia?

—La información que ofrece la Iglesia trata de ser objetiva. Cuando uno se presenta en la sociedad tiene que decir cosas sobre sí mismo que sean verdaderas y si no lo hace no es ético. Cuando la Iglesia no lo ha hecho, lógicamente ha generado un daño. Está claro que los medios tienen que informar y están interesados en la Iglesia. Y la Iglesia también está interesado en los medios. Está la pregunta famosa que le hicieron a Rafael Navarro Valls, el vocero de Juan Pablo II: “¿por qué la Iglesia está tan interesada en los medios?” Y el respondió “¿Por qué los medios están tan interesados en la Iglesia?” Si uno ve el viaje del Papa a Corea, en el fondo no es solo que el Papa hace gestos y una serie de cosas que interesan transmitir a la gente, sino que los medios están interesados porque la gente está interesada. Es un interés mutuo. El problema está en que la Iglesia tiene que aprender a hablar en categorías informativas.El mensaje es claro pero no siempre es actualidad desde el punto de vista informativo aunque siempre sea de actualidad espiritual. Así que tiene que aprender de a poco -y lo estamos haciendo- a hablar con los medios con esas categorías informativas. No pretendiendo -como a veces hacemos- que cosas que son de actualidad espiritual necesariamente tengan que ser de rabiosa actualidad informativa.

—¿Y cómo es el vínculo del periodismo con esa clase de información que maneja la Iglesia?

—El periodismo tiene que hacer el esfuerzo de tratar la Iglesia de acuerdo a su naturaleza. Y a veces se trata a la Iglesia con menor respeto e interés que a otras instituciones. Por eso es importante que quienes cubren información religiosa se den cuenta que cubren información seria. El otro día, para esto ponía el ejemplo del McDonald`s y el asado. Si una persona que trabaja en un fast food trata de explicar lo que es un asado hecho en Uruguay, tendría algún problema: un asado es otra cosa y no explica en términos de comida rápida. En algún caso la información religiosa es pobre porque la persona que cubre información intelectualmente muy sabrosa, muy rica en contenida pretende abordarla con clisés de comida rápida.

—Ese es un mal de toda la información: la caída en los clisés o la incapacidad para superarlos.

—La ventaja que tiene parte de la comunicación del papa Francisco es que ha unido una época muy difícil del periodismo con una sed muy grande de espiritualidad. O sea, una sociedad en crisis con categorías economicistas donde la persona viene siendo dejada de lado (esa “cultura del descarte” de la que habla el Papa) y medios de comunicación que han perdido un poquito el norte de la profesión. Aunque ahora lo están redescubriendo.

—¿Cómo es eso?

—En el momento actual la información se ha multiplicado reduciéndose el sentido. Habiendo mucha más información, la gente no conoce mejor la realidad. Cuando la información se convierte en algo plano, una figura como la del Papa que habla de otros temas y es contracorriente es muy atractiva para los medios. A su vez, el desafío del periodismo actual es no culpar a los medios de que la profesión sea desvirtuada. No se puede usar la excusa de que está internet porque si yo hago periodismo interesante, la gente lo va a leer. Hay que apuntar más a la calidad que a la cantidad. Habrá gente que solo quiera echar una ojeada al diario pero hay otros que quizás quieran gastar tiempo y enterarse y un periodista tiene que tener en cuenta eso. Si no, acabamos haciendo un información de boletín.

—¿Y cómo inserta una figura tan interesante como la del papa Francisco en esa panorama de la información?

—Porque no es solo que la gente está hambrienta de sentir hablar de cosas distintas de lo uniforme y gris, sino que también los medios están ansiosos por figuras auténticas.

—Hablando del Papa, y desde su área de la comunicación institucional, ¿cuánto hay de espontáneo en la comunicación de un Papa? Por ejemplo, mirando los tres últimos pontífices, tan distintos en su manera de comunicar.

—Los tres eran conscientes de la importancia de la comunicación pero el modo de expresarlo era distinto. Juan Pablo II era muy extrovertido y todo le venía espontáneo. Benedicto XVI es más introvertido y tímido pero su trato exquisito y su delicadeza extrema (tuve la suerte de conocerlo cuando era cardenal), quizás no pudo ser reflejado con tanta fuerza en un medio de comunicación de masas. Eso sí, llegó a comunicar de una manera extraordinaria con los intelectuales.

—¿Y Francisco?

—Es consciente de que algunos de sus gestos tienen un impacto. Ahora, al volver de Corea, le han preguntado si algunos pueden interpretar sus gestos como una señal política y él les dijo: “Frente a una persona que sufre, lo que viene espontáneo es consolar”, independientemente de lo que represente el gesto. Es consciente de la fuerza de esos gestos y habla a través de ellos. Pero en su caso pertenecen a su modo auténtico de vivir y de vivir la fe. Cuando se para frente al cementerio de niños abortados en Corea a rezar está diciendo algo.

—Yo pensaba más en si hay reuniones de un equipo de comunicación que le sugiere cómo actuar, por ejemplo.

—Esas reuniones sí existen. De hecho en este último viaje el Papa cuenta que le habían recomendado no llevar una escarapela por el luto del accidente del ferry pero él decidió llevarla. Le sugieren cosas pero luego él es espontáneo. Es consciente que algunos de sus gestos pueden generar cosas y los decide hacer independientemente de lo que le sugieren sus asesores. Es que su personalidad es desbordante. Y no veo conflicto entre su espontaneidad y el saber que ese gesto pueda tener un efecto comunicativo.

—Hablando de impactos comunicativos y asesores de comunicación, la Iglesia genera buenas noticias todo el tiempo pero a veces llega a los medios (además de por los viajes y los gestos papales) por los detalles malos. ¿Cómo se lidió comunicacionalmente con las denuncias de sacerdotes pedófilos?

— La comunicación de crisis puso de manifiesto el lado humano de quienes formamos parte de la Iglesia. El sacerdote es consciente, ahora más que antes, de su rol como modelo y de la necesidad de superar ciertas actitudes y de ser consecuente con su propio ministerio.

—¿Se estableció una estrategia de comunicación para salir de esa crisis?

—Sí. Por un lado en muchas diócesis se han creado protocolos. Así que si sucede un problema no se trata de poner por delante la comunicación o de enmascarar la información: se trata de resolverlo y comunicar cómo se está tratando de resolverlo. Hay que contarle a las personas lo que ha sucedido porque a veces la información no era como se la ofrecía. La forma en que el propio Benedicto XVI afrontó ese tema fue muy eficaz porque las decisiones que tomó sobre esto, las tomó sin ningún miedo. La crisis a veces es una ocasión de purificación, de volver a ver los planteamientos comunicativos y de vivir mejor la propia identidad.

—Lo que pasa es que a veces se hace difícil transmitir las cosas buenas que hace la religión en la gente, cómo transforma a la sociedad de una manera intangible…

—Reflejar lo espiritual nunca ha sido fácil. Pero pertenece también a la unidad de la persona. Cuando se habla del Papa, por ejemplo, tocas la parte humana y la parte espiritual. Lo que nos falta es transmitir la fe encarnada en las personas.

—¿Cómo sería eso?

—Los cristianos hacen cosas extraordinarias y muy buenas y uno no se explica que las puedan hacer si no hay un elemento espiritual. Si Madre Teresa no tuviera un motor que va más allá de sus capacidades humanas no se explica que durante tanto tiempo haya hecho lo que hizo. Por ejemplo, por qué el Papa habla tanto del perdón si es tan difícil perdonar. La vida y el testimonio de los cristianos hace pensar que hay motivos que van más allá de la naturaleza humana.

—Lo comparto pero eso parece difícil de transmitir desde los medios.

—Quizás sea difícil porque algunos de los mecanismos mediáticos de espectacularización y drama no están en línea con la humildad que se le pide a un cristiano. Pero a través de frutos tangibles es posible ver la gracia que los genera.

—Cuando estamos hablando de comunicación en la Iglesia, ¿también hablamos del vínculo entre el sacerdote y su congregación?

—Toda la labor del sacerdote tiene un aspecto comunicativo. Cuando se predica hay un todo un aspecto e cómo preparamos la homilía y de hecho el Papa lo menciona en la última exhortación apostólica en la que tiene un apartado solo para la homilía animando a los sacerdotes a mejorar. Hacerla más atractiva no quiere decir renunciar a lo que tiene que comunicarse si no tratar de adaptarse a lo que la gente necesita. Quizás lo que tenemos que aprender los sacerdotes es conjugar la capacidad de diálogo con los fieles en un mundo mediático, o sea no solo el diálogo interpersonal sino mediado a través de los medios. Si organizamos un grupo en la parroquia o una actividad hay que comunicarla. Y eso hay que aprenderlo.

—Un concepto muy interesante de su charla fue cuando habló de la necesidad de una “reforestación cultural”. Se refería a la fe pero esa “reforestación” ¿es religiosa o puede ser también secular?

—Ese término lo utiliza el profesor y periodista Diego Contreras en sus trabajos de comunicación. Él explicaba que las verdades de la fe o algunos valores a veces son difíciles de explicar porque en el sustrato humano intelectual faltan algunos árboles intelectuales y conceptuales. En estos años se han talado muchos árboles que daban soporte intelectual a la fe y el terreno se ha empobrecido. Por eso, para comunicar la fe, es necesario volver a plantar árboles. Pensemos, por ejemplo, en la cultura del respeto y cuánto se ha perdido en esta sociedad. O la búsqueda de la verdad. O la razón. O el concepto de matrimonio. A veces trasladamos problemas más profundos y buscamos recetas que no van a la raíz del problema. Esa reforestación no es solamente religiosa sino humana.

—Pero como experto de comunicación, debe reconocer que ante ese panorama, la Iglesia intenta vender razón, respeto, fidelidad, todos conceptos que la gente no parece querer comprar. Se los ve como sacrificios en tiempos donde nadie quiere pasar por eso.

—Esas cosas se las vende practicándolas: la respuesta de la Iglesia a muchos ataques, por ejemplo siempre es muy respetuosa y ahí está comunicando respeto. Y después de todo la Salud Pública también vende sacrificio al ordenar que no se fume o los gimnasios venden sacrificio para estar en forma. Hay muchos que piden sacrificio así que no estamos solos en eso.