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Papa Francisco

La Iglesia en los medios El Papa abre al público los jardines de Castel Gandolfo

EL PAÍS |

El Papa Francisco autorizó abrir al público los suntuosos jardines de la residencia papal de Castel Gandolfo, en las afueras de Roma.

El Pontífice desea que el público pueda acceder “al arte esplendoroso y a la gloria de la naturaleza, que se han unido en ese lugar con un equilibrio admirable”, explica en un comunicado el director de los Museos de El Vaticano, Antonio Paolucci. Se trata de la residencia donde los pontífices pasaban el verano, pero el Papa Francisco, que no se toma vacaciones, no ha usado hasta ahora.

El Papa Francisco autorizó esta semana abrir al público los majestuosos jardines de la residencia veraniega de los pontífices de Castel Gandolfo, en las afueras de Roma. De este modo, y a pesar de la desilusión de los habitantes de esa localidad romana, el Papa dejó claron que no tiene intención de pasar sus vacaciones en el paradisíaco pero aislado palacio de Castel Gandolfo y, por tanto, decidió que sean las demás personas las que disfruten de sus jardines.

Según informó Radio Vaticano, ya a partir de este mes será posible visitar la parte principal de la Villa, el jardín Barberini, diseñado por el genial artista renacentista y que además de sus bellezas naturales ofrece importantes joyas arqueológicas.

Con esta decisión el sumo pontífice argentino desea que el público pueda acceder “al arte esplendoroso y a la gloria de la naturaleza, que se han unido en ese lugar con un equilibrio admirable”, según explicó a través de un comunicado el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci.

Las visitas estarán guiadas y la entrada costará 26 euros, precio que puede ser menor en caso de que se incluya en un paquete para visitar los Museos Vaticanos. En este caso costará 42 euros.

El complejo arquitectónico de Castel Gandolfo está formado por tres Villas Pontificias, situadas en una zona de alrededor de 55 hectáreas ubicadas en los Castillos Romanos, que fueron cedidas a la Santa Sede con los Pactos Lateranenses en 1929, pues comenzaron a ser frecuentadas por Urbano VIII, que fue el Papa número 235 de la Iglesia Católica entre 1623 y 1644.

Visita.

Las personas que visiten Castel Gandolfo podrán contemplar el Viale dei Ninfei, el estanque presidido por una imagen de la Virgen, y conocido por ser uno de los preferidos de Juan Pablo II y de Benedicto XVI para descansar durante sus paseos, el anfiteatro romano, el jardín de las magnolias y de las hierbas aromáticas, o el criptopórtico, galerías subterráneas, construidas en la época del emperador Domiciano.

El complejo pontificio también cuenta con una granja y una explotación ganadera con vacas, de las que todos los días se obtienen unos 600 litros de leche que el Vaticano vende en su supermercado y en algunas lecherías de la zona.

Benedicto XVI pasó siempre sus vacaciones en Castel Gandolfo huyendo del calor de Roma, y fue allí donde vivió durante los primeros meses luego de su renuncia. Sin embargo Francisco solo acudió a Castel Gandolfo en tres oportunidades: el 23 de marzo pasado a saludar al papa emérito; el 14 de julio para pronunciar el Ángelus y el 15 de agosto para la misa dedicada a la Asunción, pero nunca se ha quedado a dormir.

Un almuerzo de 10 euros para Francisco

“He tenido el privilegio de poder pasar unas horas en el sancta sanctorum, [capilla privada] de Francisco. Aquí reza, trabaja, come, duerme y vive. Con suma austeridad y sin lujos de ningún tipo”, escribió José Manuel Vidal, periodista de El Mundo. En el comedor del Papa, le llama la atención la “sencillez y luminosidad” del lugar. “Sirven a la mesa dos hermanas con hábito morado y varios camareros. En el centro de cada una de las mesas, un frutero con plátanos, kiwis y mandarinas. Al lado, una botella de agua con gas y dos botellas de vino. Tanto el tinto como el blanco son del Piamonte, concretamente de Barbera de Monferrato”, relata Vidal, aclarando que se trata de un vino común, de mesa. En el menú, primero pasta. Luego escalopines -carne- con guarnición de guisantes y pimientos fritos. De postre fruta y luego café. El veredicto del periodista: “Sólo pasable (…) un menú que, en Madrid, costaría menos de 10 euros (unos 110 pesos) y seguramente estaría mucho mejor”.