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La Iglesia en los medios El papa a Sturla: “¿Qué hace un uruguayo sin el mate?”

EL OBSERVADOR |

El pontífice ordenó como cardenal al uruguayo. Es “un reconocimiento a la Iglesia uruguaya y al Uruguay mismo”, dijo el prelado, opinión con la cual coincidió el economista Enrique Iglesias: “Hace bien a toda la nación”

+ Javier Martínez-Brocal – Vaticano, especial para El Observador

“¿Qué hace un uruguayo aquí sin el mate?”, dijo entre risas el papa Francisco a monseñor Daniel Sturla mientras le entregaba el anillo cardenalicio. Acababa de convertirlo en el segundo cardenal uruguayo de la historia, pero –fiel a su estilo–, el argentino tuvo tiempo para una broma.

El único papa que había cumplido el mismo gesto con un uruguayo fue Juan XXIII, que en 1958 consagró como cardenal a Antonio María Barbieri. Ahora, más de 50 años después, Sturla pasó a integrar el selecto grupo de religiosos que elegirá al sucesor de Francisco.

El “consistorio de creación de cardenales” se celebró en la basílica de San Pedro. El primero que llegó fue el papa emérito Benedicto XVI, que no aparecía en público desde octubre del año pasado. Con gran naturalidad, habló con quienes se acercaron para saludarlo. Luego, sonriente y débil, pero con buen aspecto, se sentó en primera fila, en un lugar reservado junto a los cardenales más veteranos.

Después entraron por la nave central los 19 nuevos purpurados, por primera vez vestidos de rojo. Por delante de Sturla estaba el segundo cardenal tailandés, Francis Xavier Kovithavanij, y detrás suyo el primer panameño, José Luis Lacunza. Faltaba el colombiano Pimiento Rodríguez, de 95 años, que por razones de edad no pudo viajar a Roma. El papa Francisco entró en procesión minutos después con 14 diáconos y se apartó del recorrido para saludar a Benedicto.

“El que está llamado al servicio de gobierno en la Iglesia debe tener un fuerte sentido de la justicia, de modo que no acepte ninguna injusticia, ni siquiera la que podría ser beneficiosa para él o para la Iglesia”, les dijo.

Desde que llegó al Vaticano, Francisco aprovecha cualquier ocasión para proponer a quienes ocupan posiciones de gobierno, tanto dentro como fuera de la Iglesia, un nuevo modo de actuar guiado por el amor y el servicio. En esta oportunidad, el papa explicó que “el cardenalato es una dignidad, pero no una distinción honorífica”. No es “algo accesorio o decorativo, como una condecoración”, agregó.

Francisco les aconsejó a los nuevos cardenales “amar lo que es grande, sin descuidar lo que es pequeño”, “ser humildades y actuar con ternura”, “querer el bien, siempre y para todos, incluso para los que no nos aman”, “respetar a los otros, tenerlos en cuenta, considerar su dignidad, su condición, sus necesidades”.

Recordó que ser cardenales no les convierte en personas perfectas: “Todos y en todas las etapas de la vida tendemos a la envidia y al orgullo. Tampoco las dignidades eclesiásticas están inmunes a esta tentación”.

En la ceremonia, cada cardenal se acercó al papa, quien les impuso uno a uno la birreta de color púrpura, les entregó un anillo y la bula con el nombramiento y la asignación simbólica de una iglesia de Roma.

En primera fila asistieron el presidente de Panamá, la vicepresidenta de España y el viceprimer ministro portugués. Los más exóticos de los presentes eran los reyes de Tonga, contentos de acompañar al primer cardenal de esta pequeña isla del Pacífico. En total fueron 11 delegaciones oficiales.

El expresidente del BID, Enrique Iglesias, era uno de los cuatro integrantes de la delegación uruguaya. “Me voy con una enorme satisfacción, muy honrado como uruguayo de tener un cardenal de mi nacionalidad”, dijo el economista a El Observador. “Esta distinción hace bien a los uruguayos católicos y a los no católicos, a toda la nación. Con ese sentido me he incorporado a esta ceremonia”, añadió.

Desde Montevideo viajaron unas 20 personas, entre amigos y familiares, para acompañar personalmente a Sturla. Entre ellos, estaba el político Ignacio de Posadas, que colabora en el Consejo Económico de la Archidiócesis de Montevideo. Para De Posadas, “Uruguay es un país muy laico en un sentido militante y negativo, y eso lo ha llevado a no apreciar debidamente la importancia y el valor de la Iglesia en la sociedad, más allá de cualquier credo. Pero creo que este nombramiento va a ayudar a posicionar a la Iglesia uruguaya como corresponde en la sociedad”.

“Lo vemos muy feliz”, afirmó el sobrino del cardenal, Martín Sturla. “Hemos venido casi todos sus sobrinos y están aquí también sus dos hermanas”, agregó. Además contó que aún no saben qué regalarle: “Le gustan mucho las fotos. Haremos una especial aquí, en Roma, aprovechando que pudimos venir casi todos”. Ayer celebraron el nombramiento con un almuerzo. Hoy tienen de nuevo una misa con el papa y para mañana han convocado otra con todos los uruguayos que viven en Roma.

“¿Y usted cómo se siente después de esta jornada?”, le pregunté al cardenal. Sturla responde muy rápido, sin dudarlo: “Me da mucha alegría que el papa haya dado este reconocimiento a la Iglesia uruguaya y al Uruguay mismo”.