Iglesia al día

" El Señor no quiere que pensemos continuamente en nuestras caídas, sino que lo miremos a Él, que en nuestras caídas ve a hijos a los que levantar y en nuestras miserias ve a hijos a los que amar con misericordia. "
Papa Francisco

La Iglesia en los medios El Liceo Providencia apunta a generar una comunidad educativa que incluya al alumno y su familia

ESPECTADOR.COM | En Perspectiva |

VIDEO, AUDIO e IMÁGENES: http://www.espectador.com/sociedad/286266/el-liceo-providencia-apunta-a-generar-una-comunidad-educativa-que-incluya-al-alumno-y-su-familia

Siguiendo el modelo de los liceos Impulso y Jubilar, se inauguró el Liceo Providencia Papa Francisco. Este nuevo centro educativo público de gestión privada está ubicado en el barrio Casabó y congregará alumnos provenientes de esa vulnerable zona de Montevideo. Para ahondar en esta nueva experiencia educativa En Perspectiva dialogó con el director educativo del Centro Providencia, Luis Arocha, y la directora de desarrollo institucional, Laura Voituret. En la entrevista ambos destacaron la necesidad de comprender “al niño dentro de un núcleo familiar” dado que el proceso de construcción de este liceo tuvo como protagonistas a muchas familias. Con esta propuesta procuran que el pasaje de primaria a secundaria “no sea un abismo”.

EMILIANO COTELO:

El próximo lunes, según está previsto, comenzará el año lectivo en los liceos públicos que dependen de la ANEP. Pero hay otros centros de educación secundaria donde los alumnos están asistiendo a clases desde hace varias semanas. Se trata de los liceos gratuitos de gestión privada, entre ellos uno que abrió sus puertas este mismo año, el pasado 17 de febrero: el Liceo Providencia Papa Francisco.

Ubicado en pleno barrio Casabó, una de las zonas más vulnerables en lo social y lo económico, el Providencia se inspira en la experiencia ya sembrada por otras instituciones similares, como el Jubilar o el Impulso.

En el acto de inauguración estuvieron presentes altas autoridades del gobierno y de la educación, y en particular el vicepresidente Danilo Astori realizó un discurso muy enfático en apoyo a este tipo de iniciativas que, por otro lado, han sido criticadas por una parte de la izquierda y por dirigentes sindicales de la enseñanza.

Para conocer más acerca esta nueva propuesta educativa, recibimos al director educativo del Centro Providencia, Luis Arocha, licenciado en Psicología y que está cursando la Maestría en Gestión Educativa, y a la directora de desarrollo institucional, Laura Voituret, licenciada en Sociología y máster en Educación Popular.

ROSARIO CASTELLANOS:

Hay un aspecto que me parece justo que los oyentes conozcan: la sorpresa de Emiliano cuando los vio entrar en estudios, porque son dos sub-30, estamos hablando de dos cargos de responsabilidad al frente de un liceo en el que apenas se separan de la edad de sus alumnos.

EC – Sí, Laura tiene 25 años, ¿no?

LAURA VOITURET:

Veinticinco.

EC – ¡Veinticinco! Y Luis tiene 28, es el más “veterano”.

LUIS AROCHA:

Para los chiquilines somos veteranos, pero de la vieja época, abuelos prácticamente.

EC – ¿Cuántos años hace que están trabajando allí ustedes dos?

LA – Yo, casi nueve años.

LV – Yo, dos.

EC – Si bien el Liceo Providencia acaba se inaugurarse, se apoya en la experiencia ya acumulada en esa zona por el Centro Providencia, que funciona desde 1994. ¿Qué es esa otra institución que ya tiene 20 años de vida, esa institución madre del liceo?

LA – Es una actividad educativa que empezó por los 90 con voluntarios que se acercaron a la comunidad a raíz de una exalumna de un colegio de unas hermanas de Nueva Helvecia. Es toda gente vinculada a un movimiento católico que se empezó a acercar al barrio, a ir semana a semana, Emiliano iba un día, yo iba otro día, Rosario otro día, Laura otro día…

RC – Schoenstatt.

LA – Schoenstatt es el movimiento católico…

RC – … donde está el santuario en Nueva Helvecia.

LA – Exactamente, ahí comienza la historia, una exalumna de ese colegio llega al Cerro y empieza a recibir a toda esta gente que tenía ganas de hacer algo por los chiquilines de la zona.

EC – “Emiliano concurría, Rosario concurría…” Lo dijiste a modo de ejemplo, lamentablemente no tenemos el gusto de haber sido de ese grupo de voluntarios.

LA – (Se ríe.) Nosotros recogemos la historia y la mística de esa gente que iba semana a semana y se acercaba a esa zona. Con la donación de un container de la Iglesia católica a principios de los 90 empieza a haber un espacio específico, y de hecho los chiquilines en esa época y todavía hoy nos siguen identificando como “los del container”.

RC – Y allí está el container, además.

LA – En el nuevo terreno está el container.

EC – ¿Qué es lo que hace el Centro Providencia?

LA – Tenemos el Club de Niños, que funciona en convenio con INAU, que recibe 113 niños en edad escolar a contraturno de la escuela. Ellos van a la escuela, almuerzan y después llegan a Providencia. Allí la mitad del día están en apoyo pedagógico, se fortalece sobre todo el área de lenguaje y razonamiento matemático, reciben alimentación, se van cenados para la casa. Tienen recreación, informática, arte, paseos, campamentos. Y cuando ya están en edad liceal terminan el Club de Niños, nos preocupamos intensamente con las familias trabajando para que se anoten en el liceo o en la UTU del Cerro, y pasan al Centro Juvenil. Esto fue así hasta el año pasado, a partir de este año los chiquilines que terminan el Club de Niños pasan al liceo.

EC – ¿Y qué era el Centro Juvenil cuando se lo creó?

LA – El Centro Juvenil era un espacio que pretendía atender a los chiquilines que terminaban el Club de Niños. Para eso se compró la casa de un vecino que está cruzando el Club de Niños, y ahí se atiende en la misma modalidad del Club de Niños: educación no formal, a contraturno de los liceos y la UTU. Las reflexiones que derivaron en el liceo vienen del trabajo en el Centro Juvenil con esos chiquilines.

RC – Pero el Centro Juvenil sigue funcionando pretendiendo acompañarlos hasta que completen el bachillerato.

LA – Sí, tenemos chiquilines que están en segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto de liceo y están yendo todos los días hasta las 2 de la tarde, aunque todavía no arrancaron las clases.

EC – ¿Cómo se ha financiado hasta ahora el Centro Providencia?

LV – En el Club de Niños tenemos un convenio con INAU desde hace ya varios años, se financia por ese convenio. Y el Centro Juvenil se financia con donaciones de empresas públicas y privadas, personas, organizaciones, fundaciones, embajadas.

EC – ¿Cuántas personas trabajaban hasta que se abrió el liceo? Hablemos de la etapa anterior.

LA – Tenemos dos grupos de trabajadores: por un lado están los remunerados, que somos 35 a partir de este año –el liceo provocó una entrada de gente muy buena al equipo–, y después tenemos cerca de 60 voluntarios que trabajan semana a semana, algunos van un poco más, otros un poco menos, en algún momento focalizado en el año.

EC – ¿Cuál es el contexto social en el que trabajan? ¿Qué problemática diaria tienen que afrontar?

LA – Al haber estado 20 años en la zona, (vemos que) el contexto ha cambiado mucho, está en transformación todo el tiempo. En este momento estamos viviendo algunas de las problemáticas que son ampliamente conocidas –no hablo necesariamente de las familias que recibimos, pero de lo que se respira en la zona–, algunos aspectos que tienen que ver con rezago educativo, repetición, deserción, una situación de desempleo de muchas familias o de precariedad laboral. La red de drogas del oeste está trabajando muy fuerte y no por casualidad, sino porque realmente hay dificultades en cuanto a atacar ese flagelo. Y hoy por hoy hay unos cuantos programas educativos, policlínicas que están trabajando, está Uruguay Crece Contigo y hay varios programas trabajando. Y no es casualidad, hay una cantidad de problemáticas sociales. El otro día escuchaba al ministro de Desarrollo Social que decía que el problema del sistema educativo es más un problema social, entonces ahí como problema social hay un abanico amplio de problemáticas. Quizás desde nuestro punto de vista lo que más venimos trabajando es con la familia específicamente, la fragmentación que produce una cantidad de problemas: la precariedad laboral de un padre o una madre o el clima educativo bajo en la familia, el hecho de no tener libros, de no tener capital cultural en la casa…

RC – Familias monoparentales también debe haber unas cuantas.

LA – Sí, hay unas cuantas.

EC – A partir de toda esa experiencia, ¿cómo se saltó a la idea de un liceo?

LA – Veníamos trabajando con chiquilines que ya estaban insertos en el sistema educativo, en enseñanza media, y vivimos la realidad de encontrarnos con los chiquilines a la tarde a sentarse a hacer los deberes, a estudiar para los escritos, para los exámenes, y también la realidad de muchísimos chiquilines que iban dejando y que hoy por hoy pasan por Providencia a saludar –algunos son madres, padres también–. Me ha tocado percibir que han pasado generaciones y chiquilines que ya dejaron el sistema educativo y al momento de buscar trabajo o de buscar otras oportunidades educativas no han visto puertas abiertas. En la creencia firme de que es fundamental que los chiquilines terminen ciclo básico, en ese momento hacemos un análisis, chiquilín por chiquilín, ver qué cursos, o seguir estudiando, continuar el bachillerato. A veces hay posibilidades laborales relacionadas con la familia, con alguna panadería familiar, algún negocio. Pero el hecho de encontrarnos con esos chiquilines que dejaban…

EC – … que dejaban de estudiar.

LA – Sí, que dejaban de estudiar, y ver las consecuencias posteriores, sobre todo lo que genera en frustración. No son chiquilines infelices, pueden buscar su felicidad, pero vimos que a los 12, 11, 10, 9, 8 años tenían sueños, tenían ideales, tenían ganas que se veían frustradas años después, y en gran medida eso tenía que ver con su desvinculación del sistema educativo.

EC – ¿Entonces?

LA – Allí empezamos a reflexionar acerca de la posibilidad, sobre todo bastante impactados por la experiencia del Jubilar, un ciclo básico en un contexto bastante similar socioculturalmente hablando, y fuimos a conocerla. Gonzalo Aemilius y toda la gente del Jubilar nos recibieron con las puertas abiertas y empezamos a soñar con esta posibilidad.

EC – ¿Desde cuándo están trabajando en este proyecto?

LA – Hace dos años y medio que tuvimos esos primeros contactos. El otro día en la inauguración recordaba, a partir de un mensaje de Gonzalo, esos primeros contactos que derivaron en una necesidad de construcción. El liceo ahora se asienta en un terreno que tenía una casita de un vecino, pero tenía dinámica de casa familiar, no de un centro educativo. Teníamos que construir aulas…

EC – Con el contenedor tampoco alcanzaba.

LA – No. Y nuevas reglamentaciones de Secundaria en cuanto a infraestructura, nos pedían esa infraestructura necesaria para trabajar como los chiquilines se merecen. Ahí empezamos a buscar posibilidades de fondos, nos metimos en cuanto fondo concursable había en la vuelta, y el fondo de la Embajada de Japón fue el primer espaldarazo que tuvimos como para empezar el movimiento de suelos, la planchada y empezar a construir ese liceo. Después se fueron sucediendo varios apoyos, por un lado el del armado del equipo educativo, la propuesta pedagógica, cómo iba a ser el día a día del liceo, y por otro lado cómo financiar esto, que es la gran aventura.

EC – Sí, porque primero había que construir la infraestructura, pero después había que conseguir dinero para el funcionamiento cotidiano de una institución nueva.

LA – Además en un momento del país en que se está hablando muchísimo de esto, en estos dos años y medio esto significó para nosotros mucha reflexión y sentarse a escribir. En los fondos concursables uno se tiene que sentar a escribir, fundamentar, justificar esta necesidad, por qué es importante esto para estos chiquilines en particular, trabajar esta demanda con las familias. Teníamos claro que sin las familias o sin una justificación no podíamos ir a ningún lado.

EC – Mientras tú hablabas de presentarse a todos los fondos concursables que hubiera en la vuelta, Laura se sonreía. Tengo la impresión de que trabajó bastante en eso, ¿no?

LA – Sí, sí, estuvimos horas y horas.

EC – Esa es una de tus responsabilidades, porque cuando hablamos de que eres directora de desarrollo institucional del Centro Educativo Providencia ¿de qué hablamos?

LV – Nos gusta definirlo como un rol en el que se tiende un puente entre el afuera y el adentro del centro educativo, entre la comunidad educativa y el afuera, se acercan esas dos realidades. Eso en lo concreto implica diferentes cosas, un trabajo con el equipo, con el voluntariado, el desarrollo de recursos, no solo económicos, hay otro tipo de recursos, y todo lo que tiene que ver con la comunicación.

EC – ¿Cuál es el vínculo concreto con la Iglesia católica? ¿Participa en la dirección del centro?

LA – El Jubilar jurídicamente depende de la Arquidiócesis, el liceo Providencia y el Centro Educativo Providencia nacen del impulso y más que nada –esto es moral más que nada– de la asociación civil Providencia, el paraguas jurídico de nuestro educativo está compuesto por gente vinculada a un movimiento católico. Es gente que a partir de su compromiso cristiano ha decidido llevar este emprendimiento adelante y dedicar muchísimo tiempo y energía a que esto funcione, y ese compromiso es el que nos vincula con el ser católico o ser cristiano.

EC – La Iglesia católica como tal no está vinculada.

LA – Jurídicamente no.

EC – No participa en la dirección.

LA – No, no.

EC – ¿Y el nombre Papa Francisco a qué responde? ¿Es un homenaje simplemente o este Papa tuvo algo que ver con el proyecto?

LA – No personalmente. Sí nos impactó muchísimo desde su elección, cuando estábamos viviendo el armado de este liceo su elección y su mensaje a varios de los que estábamos allí nos empezó a impactar mucho. De hecho recuerdo estar con los chiquilines mirando en la pantallita por internet a ver quién salía, y desde ese primer momento en que salió el cardenal Bergoglio, que no sabíamos bien quién era, y todo lo que pasó después, empezamos a ver que tenía un mensaje potente para nosotros y para los chiquilines, sobre todo en cuanto a esto de poner lo mío al servicio del otro. Eso es algo que estamos trabajando bastante con los chiquilines, nos alegra muchísimo a veces escuchar a los papás que están llegando y todo momento es oportunidad para preguntar “che, ¿cómo está Carolina?, ¿qué dice, qué cuenta del liceo?”, y escuchamos cosas que tienen que ver con esta semillita que estamos empezando a sembrar de darle la mano al otro o de lavar un vaso en casa… Ahí tuvo un mensaje muy importante. Y después para nosotros obviamente la alegría, la humildad, el protagonismo, la autenticidad son valores que el Papa encarna y que tienen mucho que ver con lo que queremos hacer en Providencia.

***

EC – Estamos conversando con Luis Arocha y Laura Voituret del Centro Educativo Providencia, del cual sale este Liceo Providencia Papa Francisco que acaba de abrir sus puertas en el mes de febrero. Con ellos vamos a continuar profundizando en qué es exactamente este proyecto.

Rosario, vamos a repasar lo que tú viste cuando estuviste allí hace pocos días.

RC – Recalco el aspecto del entorno, que está dando la pauta de todos estos inconvenientes y carencias del medio en el cual está inserto este centro educativo. Pero por otro lado también lo que significa haber creado primero el Club de Niños y el Centro Juvenil, porque en ese predio tienen una serie de instalaciones que todavía utiliza el liceo. Por ejemplo todo lo que tiene que ver con canchas deportivas está resuelto en ese enorme predio, y hay otras ventajas que se obtuvieron a partir de la instalación del Club de Niños. Entonces lo que aparece en la vereda de enfrente es posiblemente el liceo más sencillo de los tres que estamos mencionando de las mismas características, porque algunas cosas las tiene resueltas en la edificación anterior.

Es un liceo que con lo mínimo, apenas un par de oficinas, una salita de informática, una biblioteca con sala de lectura, una de uso múltiple, que es apenas un poco más grande que las aulas, dos aulas en funcionamiento y cinco en construcción. Y una de las dos aulas es a su vez laboratorio, de forma que se alternan. Pero ya están las otras cinco, porque ya se está pensando que para el año 2016 los dos grupos van a haber llegado a tercero. Eso es todo lo que hay en el liceo, con un mínimo de recursos está todo en su lugar, todo prolijo.

EC – ¿De qué manera asisten los adolescentes a clase?

RC – Los jóvenes están vestidos todos igualitos, también con mucha sencillez, su pantalón, su bucito azul, su camisa celeste. Y una condición que ya vi que cuando están instalados en clase se repite, hay una actitud de los jóvenes que tiene que ver con la atención en clase, el buen comportamiento, con la forma en que son recibidos en la puerta. Vi llegar a un padre con el hijo con una cara de satisfacción de ver a su hijo entrando en ese liceo, era realmente conmovedor. Y con la actitud de quienes los reciben en la puerta con esa sensación de “llegaste a casa, acá te estamos esperando”.

EC – ¿En qué consiste un día tipo de clase en el Liceo Providencia? ¿Qué pasa en ese doble turno? ¿Qué papel juegan las familias? ¿Cómo es la relación con el entorno? Lo vemos enseguida.

***

EC – Los centros educativos gratuitos de gestión privada son una realidad cada vez más presente en la enseñanza uruguaya. Ahora, siguiendo experiencias anteriores, como la del Jubilar y el Impulso, se ha puesto en marcha el Liceo Providencia Papa Francisco, enclavado en la zona de Casabó.

Estamos conversando con Luis Arocha y Laura Voituret, director del Centro Educativo Providencia y directora de desarrollo institucional del Centro Educativo Providencia, respectivamente.

¿Cuáles son los objetivos de este proyecto del liceo?

LA – El objetivo tiene que ver con la razón por la que nació, que fue ofrecer una propuesta educativa a los chiquilines que salían del Club de Niños y a otra cantidad de chiquilines de la zona, que salieron de un sorteo, la posibilidad de cursar ciclo básico en Providencia, con la identidad pedagógica de Providencia y con lo que significa también poder tener continuidad. Hay chiquilines que vienen desde primero de escuela y pueden seguir ahí, a mí me hubiese gustado para mí mismo esa posibilidad.

Por otro lado, el perfil de egreso tiene mucho que ver con lo que les contaba antes, con cinco valores centrales que son la alegría; el protagonismo, el poder ser protagonista de tu propio futuro, poder elegir qué herramientas quiero de todas las que se me ofrecen para llevar adelante mis sueños; la autenticidad, tener la personalidad, ir eligiendo y no elegir lo que eligen los demás; por otro lado el compromiso con el barrio, con mi familia, con el otro; la humildad. Son valores centrales y tienen mucho que ver con nuestro perfil de egreso. Y hay otras cuestiones que tienen más que ver con el perfil del educador, esto de fomentar mucho la interdisciplina, la compartimentación de los saberes, trabajar muchísimo con aprendizaje basado en proyectos. Hay toda una cantidad de cosas que tienen que ver con cómo es el proyecto educativo que no son algo insólito ni novedoso en el Uruguay, que se están tratando de llevar adelante con seriedad y profesionalidad.

EC – Veía en la documentación del propio liceo que ustedes dicen: “Apostamos a sobrellevar de una mejor manera el tránsito de la estructura escolar a la liceal”. Ese es uno de los pilares de esta propuesta.

LA – Exactamente, hemos vivido ese pasaje de los chiquilines del Club de Niños al Centro Juvenil y por lo tanto también del sistema primario al sistema secundario en el sistema educativo. Y ahí hicimos una opción por trabajar ese egreso de primaria, desde agosto del año pasado venimos preparando el terreno, venimos trabajando con las directoras de las escuelas de las que vienen los chiquilines y con los maestros o maestras de sexto. Ahí pretendemos mantener el contacto, llevamos dos semanas de clase, pero cuando se dé alguna situación de algún chiquilín que veamos que sería bueno mantener un contacto con la maestra o maestro de sexto del año pasado, que lo tuvo todo el año, que lo conoce, lo vamos a hacer. Que ese pasaje de primaria a secundaria sea un tobogán placentero y no un abismo que tengo que saltar y no sé cómo hacerlo.

EC – Otro concepto que me llamó la atención: “El presente proyecto pretende realizar una intervención dirigida no solo al joven que ingrese como alumno del liceo, sino abordar al núcleo familiar en su totalidad”. ¿Cómo es esto?

LV – Está un poco marcado por la historia de Providencia, que nace y crece junto al barrio y las familias del barrio, apuntamos a generar esta comunidad educativa que no incluye solo al chiquilín sino que incluye a toda la familia. Y para eso en lo concreto involucrar a la familia en este proceso, hacerla partícipe activa en este proceso que van a vivir sus hijos en el Club de Niños, en el liceo o en el Centro Juvenil. Y hacerlas partícipes también del diseño del día a día, cuando hicimos este proceso de reflexión y de construcción de la propuesta del liceo las familias que ya forman parte de Providencia fueron una parte muy importante en el diseño, en traer ideas, en traer sus experiencias de otros centros educativos. Es eso, trabajar con la familia, entender al niño dentro de un núcleo familiar.

EC – Supongo que el seguimiento en comunicación con la familia también es importante.

LV – Claro, involucrarlos no solamente con la vida del centro, sino con el día a día del chiquilín en el liceo o en el Club de Niños e ir resolviendo las dificultades en conjunto, conversándolas, trabajar como coeducadores de ese chiquilín.

EC – ¿Cómo es un día común y corriente en el liceo? ¿Qué horarios tienen los alumnos?

LA – Los chiquilines están entrando a las 8 de la mañana, algunos están llegando 7.30, 7.20 incluso, y ahí ingresan a las materias propiamente dichas. Empezamos ayer con las materias. Desde el 17 de febrero veníamos trabajando en un aprestamiento educativo, mucha matemática, mucho lenguaje y mucha integración y recreación. Se están conociendo varios de los chiquilines, conformación de los grupos, trabajar mucho las normas de convivencia con ellos mismos, elaborándolas con ellos. Y a partir de ahora ya están trabajando con el currículo oficial. Luego hay un momento de encuentro, después hay un almuerzo y después vuelven y tienen tutorías, y después de Semana Santa empezamos con los talleres.

EC – ¿Qué son los talleres?

LA – Los talleres pretenden ser espacios educativos que brinden la posibilidad a los chiquilines de tener guitarra, dibujo, teatro, todo lo que tiene que ver con deportes también se engloba en esa propuesta. Hay otra propuesta que tiene que ver con voluntariado, de hecho hay varios chiquilines que hacen algo en el barrio, algunos van a refugios de animales. Vamos a tratar de tener un espacio educativo específicamente para lo que en otro momento era extracurricular o quizás no se hacía en el centro educativo, para darles la posibilidad a los chiquilines de hacer lo que son sus gustos, sus sueños, sus ganas.

EC – ¿Cómo funcionan las tutorías?

LA – Tanto las tutorías como los talleres funcionan coordinados por personal de planilla, pero sobre la base de voluntariado. Es imposible hacerlo sin el voluntariado hoy por hoy. Las tutorías pretenden ser un acompañamiento educativo, los chiquilines tuvieron las materias en la mañana, tuvieron los profesores, los docentes, que dejaron deberes, pautas de trabajo, más adelante todo lo que va a ser el estudio para los escritos. Todo eso pasa por ese espacio de las tutorías, un acompañamiento por un adulto que ya transitó por el sistema educativo o tiene otra preparación y acompaña al chiquilín.

LV – También es importante recalcar que los jóvenes que asisten al Centro Juvenil se suman a esa tarde, asisten a los liceos o UTU de la zona y a las 2 de la tarde se suman a esta propuesta de tutorías y talleres.

EC – ¡Ah, eso está bueno! En las tutorías y en los talleres no están solo los alumnos del propio Liceo Providencia, sino también los otros jóvenes que siguen concurriendo al Centro Juvenil, que van a otros liceos de la zona o a UTU.

RC – Yo quería plantear la relación con las maestras. Porque en este caso también ha sido fundamental el hecho de que las maestras conocían este centro cuando actuaba como club de niños, que era seguramente un apoyo fundamental en la medida en que a contrahorario de la escuela tenía un apoyo en lo que tenía que ver con los deberes, por ejemplo. Tengo entendido que las propias maestras y directoras de cinco escuelas con las que ustedes tienen relación en la zona les explicaron a los padres que existía para este año la posibilidad de incorporarse e inscribirse en el Liceo Providencia como novedad. Me parece muy interesante porque es una propuesta privada que las maestras de la escuela pública estaban recomendando.

LA – Sí, tuvimos la posibilidad de participar en algunas reuniones de padres para ofrecerles la posibilidad a las familias que quisieran anotarse en el sorteo. Allí recibimos apertura, por supuesto que luego de un proceso de explicar que esto pretende ser un aporte y un granito de arena…

RC – Se suma.

LA – … si hablamos de cantidades es un aporte. Y es una oportunidad. Quizás muchas familias que no se anotaron en el sorteo no lo vean como la mejor opción, otras claramente lo vieron así y participaron en el sorteo, y las maestras y las directoras fueron parte vital de ese proceso.

EC – Arrancaron ahora con dos grupos de primer año integrados cada uno por 30 alumnos.

LA – Exactamente.

EC – ¿Cómo fueron seleccionados esos estudiantes?

LA – Son 60 chiquilines, 16 vienen de la experiencia del Club de Niños, ellos pasan directo, la mayoría de ellos hace varios años que concurren a Providencia, y los otros 44 provienen de un sorteo en el cual participaron chiquilines de sexto de cuatro escuelas públicas de la zona (309, 143, 226 y 356) y del Colegio Jesús Isaso. Después de haber invitado a las familias a participar, se anotaban en un sorteo, al anotarse en el sorteo ya se hacía una entrevista, y luego del sorteo con escribano, al cual invitamos a las directoras de las escuelas, se conformó la lista de chiquilines que tenemos.

EC – No hay filtro.

LA – No, están esos 44 que salieron del sorteo y los 16 que vienen del Club de Niños.

RC – ¿Pero esos 44 no tenían que cumplir con algún requisito, como estar por debajo de la línea de pobreza?

LA – Había dos requisitos básicamente. Uno era vivir en la zona, o sea que su casa fuera visitable por nosotros…

RC – … cosa que hicieron.

LA – Sí, la estamos haciendo. Y por otro lado que vinieran de alguna de estas escuelas.

***

EC – ¿Qué rol juega la religión en las clases, en las materias, en las actividades que tienen los alumnos?

LA – Las familias tienen la opción de participar en una formación, catequesis, de tener los sacramentos, tenemos vínculo con la parroquia, de hecho estamos afiliados como centro educativo a Audec, la Asociación Uruguaya de Educación Católica, y tenemos un estilo quizás de evangelización o que tiene que ver con compartir la alegría de lo que muchos conocimos como un Dios que te quiere y te ama. Damos la posibilidad de olfatear qué significa esa fe, sin dejar de respetar que hay muchas familias que tienen una opción religiosa diferente o que no quieren tener una filiación religiosa en particular.

RC – No es obligatoria la catequesis.

LA – No es obligatoria.

RC – Y no hay misas ni espacios de oración comunes, como en el Jubilar, por ejemplo.

LA – Ofrecemos la posibilidad de participar en una misa, hay un sacerdote que empezó a venir.

RC – … voluntariamente.

LA – Exactamente, no es algo que está pautado hoy por hoy oficialmente dentro del currículo. Y sí tenemos un espacio de encuentro antes del almuerzo que tiene que ver con una oración, con un momento espiritual, de preocuparnos por el otro, donde alguien puede compartir alguna preocupación particular por algo que está pasando en la familia, y se pretende trabajar con valores espirituales como la alegría. Pero no es un espacio que típicamente llamaríamos de oración.

EC – ¿Cómo se financia el Liceo Providencia?

LA – Hoy por hoy está financiado exclusivamente por los esfuerzos que hace la asociación civil por mantenerlo. Básicamente tenemos dos propuestas en cuanto a donantes individuales, por un lado becar a un chiquilín durante todo un año, y por otro lado tenemos socios que son personas que deciden aportar 200, 300, 100 pesos mensualmente.

EC – ¿Cuánto cuesta becar a un chiquilín durante todo un año?

LA – Cuesta 1.500 dólares anuales. Por otro lado están los aportes de empresas, que estamos empezando a recibir, ya desde el año pasado venimos trabajando fuerte en ese sentido. Y están los eventos que se organizan, hay una fiesta que se va a realizar el 4 de octubre este año, que se viene haciendo desde hace 20 años, que es el evento central, y después algunos otros eventos chiquitos que hacemos para recaudar fondos.

LV – En este proceso de construcción y formación del liceo es importante también mencionar que nos han apoyado muchas fundaciones, organizaciones, embajadas y empresas públicas y privadas que nos han ayudado a concretar este proyecto.

EC – Ustedes conocen la polémica que hay en torno a los centros gratuitos de gestión privada. Se han escuchado en los últimos años cuestionamientos de sindicatos docentes, de algunos sectores del propio Frente Amplio, de la propia izquierda. ¿Cómo interpretaron la presencia en el acto de inauguración de varias autoridades de gobierno y el apoyo explícito que dio al Liceo Providencia el vicepresidente Danilo Astori?

LA – Sus palabras lo decían: un centro educativo se abre, es una buena noticia para el barrio. Estaban varios actores del barrio, desde lo que tiene que ver con la política, el alcalde, hasta lo que tiene que ver con centros educativos, incluso había gente de policlínicas de la zona, muchas familias. Eso es una buena noticia y estar un ratito ahí me parece que no le hace mal a nadie y le hace mucho bien. A los chiquilines les hizo mucho bien ver a figuras públicas respaldando su participación en un proyecto que tiene que ver con su educación, con herramientas para mayor libertad. Por lo tanto nuestra interpretación, más allá de esta alegría particular de que los chiquilines pudieran ver que hay figuras públicas que apoyan esto, su educación, fue la que se expresó en esas palabras.

EC – Por ejemplo, entre otras cosas dijo Astori: “Tenemos que gritar todos juntos los goles hacia un solo arco, el de la construcción de la igualdad de derechos, de oportunidades, en un marco de libertad, democracia, participación, prosperidad”.

LA – Exactamente. Todo proyecto que tenga que ver con eso, con libertad, con democracia, con sociedad inclusiva, tiene mucho que ver con los valores uruguayos, con la tradición del sistema educativo y de todo lo que es el Uruguay en sí. Y es obvio que para palparlo hay que hacer lo que hizo Rosario, ir y verlo, porque al estar politizado el tema de lejos hay interpretaciones e ideología acerca de esto, pero en el terreno y al estar en contacto con las familias, las familias están optando libremente…

RC – ¡Y alegremente!

LA – Sí, y es vital eso, fundamental.

EC – ¿Cómo ven el reclamo que hacen algunos sectores sindicales cuando dicen que estos centros le quitan recursos a la educación pública?

LA – La primera voz que escuchamos es la de la familia. Y la familia que nos respaldó para llevar adelante este proyecto, a invertir muchísimas horas voluntarias y no voluntarias en este proyecto, es la nafta que tenemos para seguir adelante, para ir todos los días a recibir a los chiquilines tempranito y seguir trabajando. Eso es lo primero y pesa enormemente, nuestras ganas de seguir adelante.

EC – Esto lo dicen por el sistema que está habilitado para las donaciones de empresas: una empresa dona 100 pesos al Liceo Providencia y 82 se descuentan de su aporte a la DGI. O sea que de hecho la empresa lo que dona efectivo es 18 y el Estado pone los otros 82.

LA – Exactamente, deja de percibir esos 82, y ahí hay una interpretación de que las empresas están decidiendo adónde va la plata después.

EC – En realidad es eso lo que ocurre, hay una plata de los impuestos de esas empresas que esas empresas dicen “que vaya para este lugar”.

LA – Exactamente. Ahí como uruguayo, Luis Arocha, al estar en el terreno todos los días ahí veo que este proyecto tiene que ver con inclusión, con democracia, con algo en lo que yo decido participar. Y cuando una empresa decide hacer un aporte –acá hay empresas pequeñas, medianas y grandes, porque a veces uno se imagina empresas capitalistas dueñas del mundo que vienen a comerse todo y no es así– el contacto que tenemos con ella tiene que ver con que venga, conozca lo que se está haciendo, vea si esto tiene que ver con el Uruguay que queremos todos, más integrado. Yo estoy feliz de participar en ese proyecto, venga la plata de una empresa o de un donante individual, siempre y cuando sea dinero bien ganado. Todo el equipo que está trabajando está convencido de que esto hay que llevarlo adelante porque lo vemos todos los días. A mí no me genera ningún conflicto porque lo vivo todos los días. Entiendo que a alguien quizás de lejos o desde afuera sin conocerlo le genere preguntas.

EC – ¿Cuáles son los planes después de haberse puesto en marcha? ¿Ahora qué sigue en el Liceo Providencia?

LA – Nos queda aprender muchísimo. Si bien esto de abrir un liceo tuvo su camino de reflexión y aprendizaje, todavía queda mucho por hacer, y sobre todo de trabajo en conjunto con instituciones de la zona. Nos queda mucho trabajo de diálogo por hacer con liceos y escuelas de la zona, para trabajar por una mejor educación en la zona. Hay mucho por articular todavía, hay mucha cosa para compartir, a mí me sobra un pizarrón, a vos te falta un pizarrón, hay que compartir, en cuanto a recurso. Y después en cuanto a reflexiones, falta muchísimo debate científico en cuanto a educación. Y en eso que decías, experiencias nuevas siempre generan conocimientos nuevos y va a ser importante capitalizarlos.

***

Transcripción: María Lila Ltaif