Iglesia al día

" El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos. #FratelliTutti "
@Pontifex

La Iglesia en los medios El lenguaje empobrecido es “uno de los grandes indicadores de marginalidad”; de allí a la conducta violenta hay “un paso” [de interés]

SEMANARIO BÚSQUEDA |

https://www.busqueda.com.uy/nota/el-lenguaje-empobrecido-es-uno-de-los-grandes-indicadores-de-marginalidad-de-alli-la-conducta/ls-1970-22059cde79322bb3c7cb

La generación de la violencia está asociada tanto al ambiente donde se nace y se crece como al desarrollo del cerebro y del lenguaje desde la más temprana infancia, antes de los tres años, dice el psicólogo Ariel Cuadro, especializado en neuropsicología y dificultades de aprendizaje, vicerrector de la Universidad Católica hasta 2017 e integrante del grupo Eduy21.

El contexto sociocultural en el que viven miles de niños uruguayos —pobreza, abandono, desnutrición— condiciona su capacidad de expresarse y de generar empatía, y de allí se está a “un paso” de las conductas violentas. Así es que el lenguaje empobrecido se convierte en “uno de los grandes indicadores” que reproducen la marginalidad y la violencia.

Cuadro participó días atrás en el lanzamiento en Uruguay de centros Kumon, una red especializada en formar autodidactas, y en ese marco habló con Búsqueda.

—Hay menores infractores privados de libertad que se manejan con “muy pocos vocablos” y algunos hasta con “sonidos guturales”, dijo tiempo atrás a Búsqueda la directora del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa), Gabriela Fulco. ¿Qué consecuencia tienen los problemas de lenguaje para estos jóvenes?

—El lenguaje juega un rol muy importante, tanto cognitivo y afectivo como social y cultural. Nuestra capacidad de desarrollo humano, de adaptarnos al entorno social, está muy marcada por la capacidad del lenguaje; no solo en lo comunicacional, también en lo simbólico, en la capacidad de representar las cosas, de regular tu conducta y prever las consecuencias de tus acciones. De hecho, todo nuestro pensamiento se basa en conceptos que son esencialmente lingüísticos, y eso, digamos, es vocabulario.

Entonces, si hay un déficit lingüístico importante, un vocabulario muy empobrecido, que es uno de los grandes indicadores de la marginalidad —y ni que decir en situaciones de encierro, donde el 75% tiene grandes problemas de lectura—, esto se traduce en una incapacidad del pensamiento, de planificación, de prever. Y si eso no media, se pasa a la acción; al “si tengo ganas, hago tal cosa” o “me enojo y reacciono”. De ahí a la conducta violenta hay un paso.

—Fulco lo planteaba: “¿Cómo se pierde sensibilidad frente a la víctima de una rapiña que pide ‘por favor, no me mates’, y termina con un tiro en la cabeza?”

—Claro, porque no hay una mediación. Normalmente, todos nos enojamos, todos podemos tener ganas de actuar sobre alguien. Pero no lo hacemos porque media el pensamiento sobre las consecuencias, y entonces uno regula y controla. Pero cuando esa capacidad de mediación no funciona… bueno, se pasa a la acción. Y después uno dice: ¿No pensaste en los efectos? Y… no.

—Se es incapaz de empatizar…

—Empatizar, el captar la sensación del otro, implica una construcción simbólica, es salir de uno, y eso supone un desarrollo cognitivo y afectivo donde el lenguaje también es muy importante.

Cuando eso no pasa, directamente uno asume una conducta respondiente: me siento atacado y ataco. O ataco porque tengo ganas; y como quiero esto ahora, ahora lo hago, lo quito. Eso se ve muchas veces en los niños pequeños, que también funcionan por acting now, pasan directamente a la acción, y le sacan al otro nene lo que tiene y se lo llevan.

—¿Y entonces qué pasa con esos jóvenes que ni tienen vocabulario o cuyo lenguaje es tan escaso que “se mueven con apenas 10 o 20 palabras”?

—Pasa que con esa misma estructura de vocabulario piensan. Si te manejas con pocas palabras, tu marco referencial será reducido. Si tu capacidad lingüística es muy reducida, pensarás muy reducidamente.

—¿Por qué es tan importante el dominio del lenguaje desde la primera infancia?

—El lenguaje tiene un período sensible en las etapas iniciales de la vida; empieza desde antes de los tres años, a los seis o siete meses, con los balbuceos; después con las primeras palabras y a los dos años con un vocabulario básico, que se acrecienta hasta los seis, y entonces se produce una revolución lingüística: pasamos de las 3.000 o 4.000 palabras a los seis años hasta las 50.000 que maneja un adulto “culto”. Pero en determinados contextos hay un déficit lingüístico acumulado que si no se atiende desde niño, luego es muy difícil de contrarrestar.

—Fulco dijo que algunos requerirían un acompañamiento “de por vida”. ¿Está de acuerdo?

—Cuando la etapa inicial de aprendizaje es muy deficitaria y el individuo no llega a los seis o siete años con un mínimo de competencias lingüísticas, se vuelve bastante difícil avanzar sobre el lenguaje. Se genera un decrecimiento paulatino y se empiezan a afectar todas las funciones cognitivas. Con los años se vuelve aún más difícil revertirlo; requiere intervenciones especializadas, sabiendo que se corre con un enorme hándicap.

—¿Y qué relación tiene esto con el fracaso escolar?

—Es un círculo perverso. Si uno no ha llegado a un mínimo de desarrollo oral, difícilmente acceda al lenguaje escrito, y estará condenado al fracaso escolar.

Incluso, para muchos chicos es preferible salirse del sistema, expuestos por problemas de conducta, a quedarse en él como el burro del curso. Pero los casos más complicados son los que ni siquiera acceden a mínimas competencias lingüísticas. A esos chicos se los puede sostener en Primaria, pero son mucho más difíciles de contener en Secundaria.

—¿Ahí el fracaso es del sistema educativo o viene de antes? ¿Qué alternativa hay?

—Hay dos niveles. Uno tiene que ver con profesores y docentes que puedan responder a esas necesidades educativas, y además contar con una estructura curricular con suficiente flexibilidad para atender los diferentes requerimientos de los alumnos. Un cu­rrículo rígido, grado a grado, donde hay que cumplir a rajatabla ciertos programas de enseñanza, difícilmente dé resultado. Porque, justamente, el problema lo dan aquellos chicos que no pueden responder a eso. La flexibilidad curricular permite identificar la prioridad para cada chico. No podemos seguir enseñándole como si supiera lo que no sabe ni puede hacer.