Iglesia al día

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La Iglesia en los medios El jerarca “disfrazado” de obispo que hizo estallar las redes en Uruguay

ALETEIA |

Repudio, indignación, pedido de renuncia y una vez más la misma pregunta: ¿hasta cuándo?
Sucedió el pasado viernes 28 de septiembre, durante la denominada “Marcha de la Diversidad”, instancia que busca promover el tema de los derechos de la comunidad LGBT, pero los ecos siguen retumbando hasta el día de hoy.

Es que la imagen de un funcionario estatal uruguayo disfrazado con ropas eclesiásticas –una mitra roja con una cruz amarilla en el centro y sotana blanca-, una vez que trascendió, hizo estallar las redes sociales generando todo tipo de comentarios.

El protagonista es Pablo Cabrera, directivo de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) en representación de los trabajadores. Durante la manifestación se lo vio acompañando a la organización Hermanas de la Perpetua Indulgencia, organismo internacional vinculado a la comunidad LGBT y que usa como imagen la vestimenta religiosa, además de promover a través de la ironía “cinco votos”, entre los que se encuentra la prevención del HIV.

A través de varias fotos subidas a las redes, a Cabrera se vio sonriente y hasta posando con otros integrantes de la comunidad con la imagen de fondo de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, conocida popularmente como Iglesia del Cordón por el barrio en el que está ubicada, histórico templo que suele ser víctima de ataques durante manifestaciones feministas, entre otras.

¿Por qué hizo esto Cabrera?
A la hora de argumentar el motivo de su accionar manifestó a través de diversos medios de comunicación como El Observador que su intención no fue ni la parodio ni la burla, sino “provocar reflexión”.

“Desde el ámbito de la salud yo veo, por desgracia, la manera en que ha aumentado el contagio del HIV en las generaciones más jóvenes, justamente por la falta de pautas que hay en la prevención y en la promoción de un sexo placentero y seguro. Y la Iglesia siempre ha manifestado una posición contraria a esto, por ejemplo, desde su negativa al uso del preservativo”, expresó a El Observador.

¿Ahora bien, la defensa de su postura y su posición, valida a este directivo estatal a disfrazarse con ropas eclesiásticas y herir los sentimientos de los creyentes?

“Sencillamente lamentable”
La imagen generó sorpresa (aunque para otros no tanto) máximo cuando de forma paralela muchos recordaron cuando el propio Cabrera saludó de forma afectuosa al papa Francisco en el Vaticano durante una visita en 2013 en el marco de un encuentro en Roma de la Confederación Latinoamericana de Trabajadores del Estado.

El cardenal uruguayo, Daniel Sturla, consultado por el medio uruguayo El País, respondió: “Es sencillamente lamentable”. Otros, también se manifestaron a través de las redes:

La sorpresa que no fue
Sin embargo, lo acontecido con Cabrera forma parte de una manera de proceder un tanto común en Uruguay –aunque también extendido en otros países de la región y el mundo- y que tiene que ver con una especie de consentimiento o la ausencia de consecuencias a la hora de ofender los sentimientos religiosos.

Es aquí donde aparecen los debates sobre la libertad de expresión, los límites y hasta el hecho de que un directivo público utilice ropas eclesiásticas para este tipo de situaciones: ¿violación de laicidad? El propio expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti, que se define como agnóstico, expresó lo siguiente:

En su libro “SOS cristianos. La persecución de los cristianos en el mundo de hoy, una realidad silenciada (Planeta, 2018)”-libro cuyo prólogo es escrito por el propio Sanguinetti- la periodista española Pilar Raholareflexiona sobre la persecución de los cristianos en el mundo actual y lo hace desde la mirada de una atea (así es como se define).

Es ahí donde hace referencia al tema de la “cristianofobia sutil” y cómo la voz cristiana, principalmente católica, en países occidentales, es de alguna manera víctima de silenciamiento y estigmatización.

Claramente se naturaliza que a los católicos se les puede faltar el respeto sin sentir que es discriminación. A pesar de la desubicación de este señor, el tema es más profundo: el prejuicio anticatólico habilita intolerancia y desprecio hacia los creyentes.

“Allí donde hay democracia, la violencia y la represión se sustituyen por el menosprecio y la demonización… convirtiendo la laicidad en un instrumento de segregación, sobre todo en países católicos, probablemente porque muchos de estos movimientos ideológicos, más que laicos, son furibundamente anticatólicos”, señala Rahola en su libro.

Es ahí donde también hace referencia a un artículo publicado en La Vanguardia luego del poema escrito por Dolors Miquel en 2016 denominado “Madrenuestra” (texto alusivo al Padrenuestro) en el que dijo: “Mi racionalismo militante me impide creer en Dios, pero mi ética no me impide respetar a los creyentes”.

Por estas horas, el accionar de Cabrera sigue haciendo estallar las redes, con posiciones a favor y en contra, incluso con voces que piden la renuncia. Pero una vez más sigue picando la misma pregunta: ¿hasta cuándo? ¿Todo quedará igual? ¿Seguirá siendo moneda corriente burlarse en este tipo de países de las personas que profesan alguna religión sin mayores consecuencias? De momento parece que sí y Rahola de alguna manera brinda parte de la respuesta.