Iglesia al día

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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios El Infierno dantesco se instaló en la noche del martes en el Colegio Salesiano

DIARIO EL PUEBLO |
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El pasado martes 12, en el colegio Salesianos se presentó “INFÉRNUM” (del latín, “Infierno”). Una puesta en escena (calificada por muchos de quienes asistieron como “impactante”, “impresionante”, “sorprendente”) de fragmentos de la Divina Comedia de Dante Alighieri. Fue en realidad “un proyecto pensado como prueba semestral para 5to. año”, dijeron a este diario algunos de los docentes involucrados (de distintas asignaturas, como Literatura, Filosofía, Expresión Artística). Recogemos a continuación las palabras explicativas del profesor de literatura Gonzalo Pedrozo:

“La idea surgió junto al profesor Pablo Sánchez, en el afán de unir esfuerzos, ganas y conocimientos en procura de tributarle a la obra la atención que se merece. En ese sentido, empezaron a desfilar ideas que tomaron la forma de una intervención artística radical del edificio del colegio. La idea fue comunicada al grupo, un maravilloso grupo humano compuesto por 17 muchachas y un muchacho, dispuestos desde el primer momento a asumir el desafío del manejo y utilización del cuerpo, la voz, la representación y el espacio… fue una prueba, además de compleja, nueva. Se pensó en un grupo de “pasadas guiadas”, por lo que se preparó a un guía. La tarea de este no fue sencilla, la intervención no fue pensada para lo literal, ni lo absurdo o bizarro; se trató de buscar la belleza y la síntesis de un universo tan denso y complejo como ningún otro. El guía asume un rol grave, firme, tomando pasajes de Caronte, de Minos y de Virgilio, para convertirse en una especie de guía y también de habitante de ese oscuro y hondo recinto. Las almas no fueron representadas de negro, se prefirieron los colores claros, en texturas lisas, ajustadas al cuerpo; haciendo que se vean asexuados y dolientes. Sin el susto hacia el público, ni el terror causado en forma directa, sino bajo un clima de tinieblas blancuzcas y el sonido metálico de la guitarra de Gilmour en “Shine on you crazy diamond”. Componiendo figuras inspiradas en “El Bosco” y “Goya”, el dolor y el grotesco mundo infernal se construía dentro de los propios visitantes que, como Dante, mezclaban los sentimientos hacia las almas condenadas. Lucifer, ese rey de las tinieblas fue construido con sumo detenimiento. Sumergido en el frío del 9º círculo, este conocedor del pecado no esboza palabra, solo gime y gesticula levemente, recordando a los traidores que son masticados por sus bocas. Su atuendo lo liga al recinto y a las almas, recordando que cada demonio está allí en condición de castigador y castigado”.

INTERVENCIÓN DEL ESPACIO

En cuanto a la utilización del espacio, dijo el docente: “Seis salones de clase más un amplio pasillo fueron cubiertos con más de un camión de arena y allí comenzó la transformación del lugar. Decenas de hojas de papel de diversos materiales, composición lumínica, el tenue pero intenso aroma de inciensos que producía penetrantes emanaciones parecidas al amoniaco, la interminable arena, el calor inicial y un frío intenso en el último recinto, intentaron reproducir las interminables sensaciones que pueblan ese lugar. Cada momento es acompañado por el guía, quien nos recuerda “fíjense cómo entran, y de quien se fían…” o “ah de vosotros, almas impuras, no esperéis ver nunca el cielo, vengo para conduciros a la otra orilla, donde reinan eternas tinieblas, en medio del calor y del frío…”, sin gritar, sin alarmarse pero con la firmeza como para que cada visitante entienda que no es un juego.

“Finalmente –prosiguió Pedrozo- lo que sucede al principio, un grupo de almas oscuras, provistas de inquietantes máscaras “larvarias” se ven dispersas en el piso, obstaculizando el paso de los visitantes, quienes deben sortearlos con dificultar para llegar al “abismo”. En esa planta alta suena “Kashmir”, la intensa canción de Led Zeppelin, que fuera inspirada en el desierto del Sahara, en Marruecos, por la aridez interminable que lo conforma. Esa inquietante voz de Plant suena desde un costado, mientras los 15 visitantes sortean las almas diseminadas en el piso. Las máscaras citadas, larvarias, pertenecen a la escuela de Jacques Lecoq, sumidas en un mundo sintético, corporal y que se relacionan con la pre-expresividad. La anulación de la expresión facial conduce al espectador a interpretar desde su propia subjetividad, ese mundo primitivo, primario de aquellos que la portan”. Y agregó que es de destacar “sobre todo la investigación, estudio y aprendizaje de esta experiencia. Los alumnos propusieron, leyeron, opinaron, y llevaron los pasajes de la obra a límites que superaron nuestras expectativas”. También agradeció especialmente a todos quienes hicieron posible el trabajo, docentes, alumnos y equipo de dirección (encabezado por Sarah Ardaix y Silvia Jaureche), así como al resto de los funcionarios del colegio.