Iglesia al día

" La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica "
Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2020)

La Iglesia en los medios El cardenal rogó por “la verdad, la justicia y el perdón” ante autoridades del Ejército, aunque destacó “compromiso” de Feola

SEMANARIO BUSQUEDA |

https://www.busqueda.com.uy/nota/el-cardenal-rogo-por-la-verdad-la-justicia-y-el-perdon-ante-autoridades-del-ejercito-aunque/ls-1970-6d3f8e9876aa0adea904

El comandante en jefe mantuvo un perfil bajo en la misa, mientras que su antecesor Manini Ríos fue el más saludado

A las 19:08 del sábado 18, el comandante en jefe del Ejército, Claudio Feola, saludó a la oficialidad cristiana y tomó asiento, junto a su esposa, en primera fila de la iglesia Matriz, luciendo su uniforme. Diez bancos más atrás, de saco y corbata oscuros, se ubicó el excomandante y actual precandidato presidencial, Guido Manini Ríos, el asistente más saludado y fotografiado por la concurrencia —en su mayoría militares— que llenó la catedral para asistir a la misa por la conmemoración del 208º aniversario de la Batalla de las Piedras y del Día del Ejército Nacional, presidida por el cardenal y arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla.

A diferencia de Manini, reconocido militar católico que protagonizó varias celebraciones religiosas en calidad de jefe de la fuerza de tierra, incluyendo discursos desde el púlpito (Búsqueda Nº 1.867), el comandante Feola —quien asumió tras la destitución por parte del presidente Tabaré Vázquez de José González— mantuvo durante la misa del sábado un perfil bajo.

Esta vez la eucaristía fue celebrada a pedido del capellán de la capilla del Hospital Militar, el padre y coronel retirado Genaro Lusararian, y también de “militares católicos”, abierta a todo público, con presencia de autoridades de las Fuerzas Armadas nacionales y del extranjero que habían participado horas antes en el acto oficial por el aniversario de la Batalla de las Piedras, encabezado por Feola en la plaza Independencia.

Al comenzar la homilía, después de escuchar pasajes bíblicos leídos por una mujer y un coronel —quien rogó por los militares que “por distintos motivos, sufren la privación de libertad, la soledad y la enfermedad”—, Sturla bendijo a todos los presentes y en especial a “la familia militar” reunida en la catedral.

Sturla destacó en la misa “el compromiso” asumido por el comandante, quien lo miraba serio desde el primer banco de la catedral. Su promesa, dijo, “llena de esperanza no solo a los familiares que siguen buscando a sus seres queridos, sino a la gran mayoría de nuestra gente y, espero también, a todos nosotros”.
“Esta iglesia Matriz abre nuevamente sus puertas para esta celebración eucarística con la cual un grupo de militares católicos ha querido celebrar también en la fe el aniversario del Ejército, su día”, dijo el arzobispo, y recordó que el histórico templo guarda los restos de varios lugartenientes del general José Artigas, entre otros, los de Juan Antonio Lavalleja y Fructuoso Rivera.

Tras evocar la Batalla de Las Piedras, la creación del Ejército Nacional y la primera victoria de Artigas, el cardenal destacó que aquel 18 de mayo el prócer nacional “quiso que la espada del ejército derrotado fuera entregada al sacerdote José Valentín Gómez —capellán del ejército artiguista en 1811— para no humillar al vencido”. Ese gesto de Artigas fue “una indicación de la magnanimidad propia del que sabe que la victoria no da derechos, sino que sobre todo indica obligaciones y que no hay mayor señal de coraje que el respeto al derrotado”, dijo.

El arzobispo destacó luego la conjunción entre “la Iglesia y la patria”, y remitió al discurso del comandante en jefe durante el acto oficial de esa mañana en la plaza Independencia, donde Feola se comprometió ante las autoridades nacionales a “dar respuesta” a quienes continúan buscando a los desaparecidos durante la dictadura (1973-1985), rechazó lo que calificó como “desvíos y excesos del pasado”, y afirmó que hoy la institución militar no está “al servicio de ocultarlos, ni de justificarlos”.

Los términos “desvíos y excesos” utilizados por Feola para referirse a los crímenes cometidos durante la dictadura generaron malestar en los familiares de detenidos desaparecidos y en dirigentes políticos.

Sturla destacó en la misa “el compromiso” asumido por el comandante, quien lo miraba serio desde el primer banco de la catedral. Su promesa, dijo, “llena de esperanza no solo a los familiares que siguen buscando a sus seres queridos, sino a la gran mayoría de nuestra gente y, espero también, a todos nosotros”.

Según el cardenal, “la grandeza de alma, la magnanimidad en todos, desde el lugar que ocupe cada uno en la sociedad, es lo que puede hacer posible el Uruguay reconciliado, que restañe las heridas del pasado y mire el presente y futuro con esperanza”. A eso, Sturla añadió: “Como el ideal parece lejano, serán los mejores hombres y mujeres los que darán pasos necesarios para construir la paz”.

“Meses de dolores y desencuentros”
Antes, la autoridad eclesiástica aludió a los episodios que involucraron al Ejército luego de la confesión del represor José Gavazzo ante un Tribunal de Honor militar, donde admitió que en 1973 arrojó el cuerpo sin vida del tupamaro Roberto Gomensoro al río Negro. La divulgación de este hecho por El Observador el 30 de marzo provocó que el presidente removiera de manera fulminante a la cúpula militar y también al ministro y subsecretario de Defensa Nacional, dando paso a una profunda crisis militar.

Estos últimos meses, siguió Sturla, “han sido de dolores y desencuentros que han tocado al Ejército Nacional y sus relacionamientos con la sociedad a la que pertenece, con la sombra de un pasado que necesita la luz de la verdad, la justicia y el perdón”. Y agregó: “Para que los orientales demos pasos más decididos en el camino de la reconciliación nacional, que por momentos parece que se diluye para dolor de la mayoría de los orientales que anhelamos la paz”.

Por su parte, el padre Lusararian, capellán del Hospital Militar —cuya capilla fue consagrada por Sturla—, agradeció “a Cristo, por el Ejército y por la nación”, al arzobispo por abrirle una vez más las puertas de la catedral, a los sacerdotes y al comandante en jefe por su presencia en la misa.