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Noticeu El Cardenal Daniel Sturla ordenó diáconos a los Salesianos Nicolás Soto y Dominic Tran

Foto Comunicación Salesiana

 

Los Salesianos Nicolás Soto y Dominic Tran fueron ordenados diáconos el sábado 7 de diciembre, vísperas de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, por la imposición de manos y la oración consecratoria del Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla sdb.

La celebración tuvo lugar en la Parroquia Parroquia Santa María Madre de la Iglesia y  San Juan Bosco del barrio Colón de Montevideo y fue concelebrada por el Obispo Auxiliar de Montevideo, Mons. Pablo Jourdan; el Padre Inspector, Alfonso Bauer sdb; sacerdotes salesianos y del clero, diáconos y seminaristas. También participaron amigos, miembros de la Familia Salesiana, animadores, oratorianos, y la familia de Nicolás. Los familiares de Dominic, de origen Vietnamita, siguieron la ordenación a distancia a través de la transmisión efectuada en la fanpage de Comunicación Salesiana- Uruguay.

La celebración eucarística comenzó a las 19.30 horas. Luego de ser proclamadas las lecturas, el salmo y el Evangelio, comenzó el rito de la ordenación. Fue el formador del Aspirantado, P. Francisco Lezama sdb, el encargado de llamar a cada uno de los que serían ordenados diáconos.

Seguidamente, el Padre Inspector fue quien le hizo al Arzobispo de Montevideo la petición de ordenación.

Foto Comunicación Salesiana

 

LOS RASGOS FUNDAMENTALES DEL CLÉRIGO

Cumplida esta primera parte del rito de ordenación, el Cardenal comenzó su homilía expresando su alegría de que Nicolás y Dominc hayan elegido estas vísperas de la Inmaculada para ser ordenados diáconos. “La mirada de María es la mirada de Dios dirigida a cada uno de nosotros. Ella nos mira con el amor mismo del Padre y nos bendice. María es la `auxiliadora´como nos gusta llamarla a los salesianos. La que está siempre pronta, siempre dispuesta a ayudarnos, a darnos su mano, a consolarnos, a dar la cara por nosotros”, destacó. El Cardenal Sturla recordó que la fiesta de la Inmaculada también es “propia y de las más queridas de la tradición salesiana”. “Fue un 8 de diciembre en 1841 cuando el joven sacerdote Juan Bosco, ordenado el mismo día que nuestro primer obispo Jacinto Vera, preparándose para celebrar la Misa en la sacristía de una Iglesia de Turín llamada San Francisco de Asís, se encontró con el joven huérfano, analfabeto, Bartolomé Garelli, y con él comenzó la vida salesiana y el carisma salesiano. Muchos de los que están aquí recordarán que Don Bosco y este jovencito rezaron un Avemaría. Años después Don Bosco dirá que el desarrollo de la obra salesiana es fruto de aquel Avemaría rezado con recta intención en la sacristía de la Iglesia de San Francisco de Asís”, compartió.

El Arzobispo explicó que Diácono quiere decir “servidor” y que el servicio junto con la comunión y la liturgia son dimensiones esenciales de la Iglesia.

El Pastor luego aludió a las palabras que el obispo enuncia tras la fórmula de ordenación que forma parte de la oración consecratoria: “Que resplandezca en ellos un estilo de vida evangélica, un amor sincero, solicitud por pobres y enfermos, una autoridad  discreta, una pureza sin tacha y una observancia de sus obligaciones espirituales”. “Están así delineados los rasgos fundamentales de una vida cristiana de un clérigo”, señaló. y agregó que “a partir de hoy, Nicolás y Dominic, que ya pertenecen a la Iglesia como consagrados con su profesión perpetua como Salesianos de Don Bosco, pasan a integrar también la jerarquía de la Iglesia, pasan a ser clérigos por la ordenación diaconal recibiendo el Sacramento del Orden”.

El Cardenal se detuvo especialmente en los dos últimos rasgos. Por un lado, se refirió a “la pureza sin tacha” explicando que implica “ser personas sin doblez en todos los aspectos de la vida pero, obviamente, de un modo especial, se refiere a la castidad vivida, Dios quiera, no como un peso que la Iglesia les impone sino como una virtud, que para Don Bosco era la virtud radiante de la vida salesiana”. “Esa virtud radiante que puede ser para todos en cuanto a seguidores de Jesús, ustedes la viven en la continencia perfecta de los votos religiosos y del celibato eclesiástico que hoy prometen también delante nuestro y expresa como ninguna otra característica de sus vidas, que pertenecen a Dios en exclusividad, su corazón pertenece a Dios”, les dijo.

Por otro lado, el Arzobispo de Montevideo les recordó la observancia de sus obligaciones espirituales, subrayando la obligación del rezo de la liturgia de las horas. “Hoy esta oración muchas veces a nivel de los sacerdotes está medio devaluada”, admitió, al tiempo que recordó que “el Concilio ha dicho que esta oración debería ser la oración del Pueblo de Dios, sobre todo los dos ejes, la Laudes, la oración de la mañana, y las Vísperas, la oración de la tarde”. El Cardenal agregó que “muchas veces esta obligación pasa a un segundo plano y entonces el sacerdote no reza y uno se puede preguntar si no será ésta una causa concreta de la crisis que sigue atravesando las vocaciones sacerdotales y de un modo particular la vida religiosa.”. “Si no cumplimos desde ‘el vamos´ las obligaciones espirituales que se comprometen hoy delante de Dios y de todo el Pueblo cristiano ¿no se desvitúa nuestra vida rápidamente?”, planteó. “Mil excusas surgen a la hora de dejar la oración, o de no hacer la que ustedes se comprometen libremente hoy, públicamente, a rezar. ¿Son válidas estas objeciones? Me temo que no”, enfatizó. En este sentido, el Pastor les deseó a los ordenados “que puedan encontrar en la Liturgia de las Horas el alimento cotidiano para su vida espiritual”.

Finalmente, el Cardenal Sturla le pidió a María, “la servidora del Señor”, que “los acompañe y guíe en este tiempo de diáconos que se preparan para el gran don de la ordenación sacerdotal. Que lo vivan como Don Bosco unidos a la Iglesia de Dios, a sus pastores y fieles a los jóvenes, especialmente a los más pobres, a los que son enviados y por los que prometieron dar su vida”.

LA PALABRA DE LOS ORDENADOS 

Foto Comunicación Salesiana

Luego de la homilía continuó el rito de la ordenación. Se invocó la intercesión de los santos sobre los que serían ordenados y por medio de la imposición de manos y la plegaria de ordenación Nicolás y Dominic recibieron el Sacramento del Orden.

Al culminar la celebración eucarística los flamantes diáconos hicieron uso de la palabra.

Dominic comenzó diciendo: “La Iglesia es así, es un encuentro lleno de alegría, es una fiesta que muestra la fe de uno y otro, un encuentro que implica querer estar, unidad y santidad. Muchas gracias a cada uno de ustedes porque siempre están presentes”.

“En realidad, soy misionero, pero no suelo decirlo. Porque todos somos misioneros…Yo vengo para encontrar a Cristo juntos con ustedes, quiero ser un miembro más en esta tierra, que es mi tierra, mi segundo país. Soy un joven pobre, lo único que tengo es la fe: la fe de saber que Cristo siempre está presente en mi vida, la esperanza de una Iglesia cada vez más cercana, llena de santidad y alegría”. “Mi lema de vida religiosa es: ‘el amor de Cristo nos impulsa´. Les pido rezar por nosotros: por Nico y por mí, por cada momento de nuestra vida. En el estudio, en la pastoral, en el trabajo, sabiendo que todo esto lo hacemos por amor a Cristo. Les deseo también a cada uno de ustedes que el amor de Cristo nos impulse a todos”, concluyó.

Las palabras de Nicolás fueron dirigidas al Señor. “Hoy, recibimos este ministerio del diaconado para servir a tu pueblo de una manera especial. Vos hoy nos recordás lo que somos: servidores, unos de otros. Servicio que brota del ver y conmoverse frente a la realidad que vivimos”.

Le agradeció al Señor “por los hermanos y hermanas que nos regalan su testimonio de la ‘santidad de la puerta de al lado´: el trabajo silencioso y constante, muchos animadores, educadores, madres y padres… y poder ser testigo de muchas búsquedas, mucha entrega diaria que no se ve ni sale en ninguna noticia”. También por “enseñarnos con tu ejemplo el servicio, y por llamarnos a todos a `pertenecer a la Iglesia de las bienaventuranzas para los bienaventurados de hoy: los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, los odiados, los discriminados e insultados´”. “Les pido que recemos los unos por los otros, que nos cuidemos… no le tengamos miedo a la ternura!”, dijo el diácono al tiempo que pidió al Señor la gracia para todos “de poder ser Iglesia agradecida por tanto bien recibido y por eso servidora, mirando el ejemplo de María” a quien “cada vez que miramos volvemos a creer qué revolucionario es servir a los hermanos con humildad y ternura”.

Al terminar la celebración eucarística todos los presentes festejaron este nuevo servicio que sumen Nicolás y Dominic compartiendo un ágape fraterno.

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