Iglesia al día

" El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos. #FratelliTutti "
@Pontifex

La Iglesia en los medios El bochorno como forma de arte

EL OBSERVADOR |

La dudosa restauración de un fresco en una iglesia española tomó una súbita repercusión mundial a través de varios medios internacionales y de las redes sociales, que, además, reprodujeron el fenómeno con burlas

Borja es una ciudad cuya historia está casi predispuesta a las superposiciones: íberos, celtas, romanos, árabes y cristianos han pasado, en ese orden, por esa pequeño pueblo en los confines de los antiguos reinos medievales de Aragón, Navarra y Castilla. En fin, la historia viva de España pesa en sus muros.

A 5 kilómetros de Borja se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia; un templo cristiano a casi 700 metros sobre el nivel del mar donde todos los años, entre el 24 y el 25 de agosto, se realiza el festejo de la procesión de San Bartolomé. Pero este año, el santuario presenta un “pequeño” problema, justamente con una superposición.

Allí es donde se encuentra la obra del pintor valenciano Elías García Martínez, retocado y supuestamente restaurado por Cecilia Giménez, una vecina de Borja que tomó “justicia por mano propia” y que se pasó los últimos cuatro años mejorando la versión original del fresco, muy deteriorado por la humedad.

El 7 de agosto, una institución local, el Centro de Estudios Borjanos, denunció a través de su página web que la versión de Giménez era horrible, y este hecho fue como una bomba de detonación lenta: al principio la noticia y la imagen solo se difundieron a nivel provincial. Pero bastó que pasaran algunos días para que el desastre del fresco Borja integrara la nómina de noticias de los principales diarios de España. Y de allí saltó a los diarios más importantes de Europa, Estados Unidos y resto del orbe.

El fenómeno se volvió global. Y en internet, viral. Más de 160 países han mostrado su interés de una forma u otra en el “fenómeno mediático” de la “fallida restauración” del ´eccehomo´, la imagen de Jesús plasmada en uno de los muros de la iglesia del Santuario de Misericordia de la localidad zaragozana de Borja en España.

Lo que surgió el pasado 7 de agosto como una noticia más, una discreta “llamada de alerta” en relación con el patrimonio de Borja, denunciada en su blog por el Centro de Estudios Borjanos, saltó a las primeras páginas de los rotativos más prestigiosos del mundo y fue uno de los mayores trending topics de Twitter (es decir, de lo que más se ha hablado) de la historia.

Miguel Gracia, presidente del Centro borjano, declaró que universidades americanas “de México para abajo” y, al menos, una agencia de publicidad estadounidense se han puesto en contacto con el Centro de Estudios Borjanos para analizar este fenómeno “sin parangón en nuestros días”, según reconoció el viernes.

A los académicos, dice Gracia, les sorprende cómo una simple noticia que salta desde un lugar diminuto en el mapa, en este caso Borja, acaba en las portadas de miles de medios de comunicación de todo el mundo. “Quieren saber cómo ha ocurrido, cómo ha podido ser así”, afirma.

Repercusión mundial sin querer

La vida de Cecilia Giménez (foto) tuvo un vuelco estrafalario en estos días, víctima de una notoriedad que no quiso. Durante más de ocho décadas, esta mujer paseó su anonimato por el pueblo de Borja, provincia de Zaragoza, España. Aficionada a la pintura, Giménez se ofreció de manera voluntaria a colaborar con el Santuario de la Misericordia, para mejorar el Ecce homo del pintor valenciano Elías García Martínez. El resultado de su trabajo terminó en buena parte de las portadas en papel y online de los diarios del mundo. La opinión pública española e internacional le cayó encima a esta señora que vive con su hijo de 60 años, que sufre una discapacidad. Ante el acoso de los medios de su país, que se trasladaron a Borja a buscar a la “famosa autora”, Giménez sufrió una descompensación nerviosa y se refugió en su hogar, víctima de la curiosidad del mundo en conocer el rostro de la responsable. Como el personaje de un cuento kafkiano, Giménez consiguió una notoriedad involuntaria y, para muchos, inmerecida.

La voz de un restaurador uruguayo

Sergio Biancuyo es un reconocido restaurador profesional uruguayo, quien reconoce que incluso realizado bajo todos los procedimientos de seriedad y tecnología, su trabajo siempre está expuesto a la crítica. Recordó que una de las últimas polémicas mundiales en la materia sucedió entre 1980 y 1994, cuando un equipo de expertos italianos con apoyo de técnicos japoneses restauraron los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. “Entonces se dijo de todo. Se criticó a los japoneses porque con la limpieza le sacaron la pátina que había usado Miguel Ángel, aunque después se consideró que la restauración había sido exitosa”, dijo Biancuyo en diálogo con El Observador. Biancuyo se formó en Uruguay y se perfeccionó en los talleres de Churubusco, en México, a donde viajó en 1969 a un curso de conservación de bienes culturales organizado por Naciones Unidas. Allí conoció al doctor Messens, un famoso restaurador belga que le enseñó muchos conceptos. “Pero para ser restaurador hay que ser creador”, dice Biancuyo, quien trabajó a lo largo de su carrera como restaurador del Museo de Artes Visuales, donde entre otros retocó con éxito El molinero de Aragón, de Rafael Barradas. Se especializó, trabajando para Galería Latina, en la obra de Carmelo de Arzadun, “un pintor que usaba mucho empaste”, explica Biancuyo. También ha salido fuera de fronteras para preservar el arte uruguayo. En 1999 viajó a la embajada en Buenos Aires para restaurar, entre otros, una segunda versión de La samaritana, de Juan Manuel Blanes, en una tarea que le demandó más de un mes. Además ha trabajado sobre varios lienzos de Manuel Rosé. Pero no solo obras pictóricas pasaron por las manos de Biancuyo, sino también arquitectónicas, porque integró el equipo de restauración del techo alrededor de la araña del Teatro Solís. Si bien no se animó a dar una opinión definitiva del suceso de Borja, porque no conoce el edificio, Biancuyo que en estos casos el procedimiento básico es frenar el motivo externo de dónde viene la humedad. “Es posible que hay que usar adhesivos silicatos y caseína. Con eso elementos de presión de papel y madera se puede vencer la humedad que ablanda el revoque”, dijo.