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La Iglesia en los medios El 40% de los niños nace en el sector más pobre y el gobierno advierte que llevará al menos diez años reducir esa cantidad 

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Escribe Daniel Lema
En 2004, durante la campaña electoral, uno de los principales temas que proponía el entonces candidato Tabaré Vázquez era llevar adelante un Plan de Emergencia para atender a las personas que estaban en la extrema pobreza. A fines de 2007, con Vázquez en su tercer año de gobierno, ese plan culminó y lo sustituyó el Plan de Equidad. Las políticas sociales han marcado la agenda de los gobiernos del Frente Amplio, que tiene ahora como principal propuesta el Sistema Nacional de Cuidados.

La primera administración de la coalición de izquierda comenzó con casi un 40% de pobreza. Hoy, luego de 12 años de gobierno de ese partido, la pobreza se ubica en 9,7%. Pero en el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) hay una preocupación especial por la situación de los niños que nacen en la pobreza. Es un número que no ha variado mucho a lo largo de las décadas y que para modificarlo se requerirán al menos diez años más.

“Esto es como un elefante que no lo corre nadie en un ratito”, explicó a Búsqueda el sociólogo Juan Pablo Labat, titular de la Dirección Nacional de Evaluación y Monitoreo (Dinem) del Ministerio de Desarrollo Social. Para el jerarca es necesario apostar a la transferencia de recursos y tener políticas especiales enfocadas en la primera infancia para cambiar la situación.

Labat lo advirtió ante un grupo de senadores a mediados de agosto en el marco de la discusión sobre la ley de Rendición de Cuentas. “Uruguay desde hace muchos años tiene un 40% de sus nacimientos en el primer quintil de ingresos. Eso tiene que ver con un problema de transición demográfica y cómo esta se estratifica socialmente. Es desigual, como el resto de las desigualdades que organizan esta sociedad. En esas desigualdades, esto se refuerza, y la no inversión temprana en épocas del nacimiento de la transición demográfica o del comienzo de la segunda parte que debería haber sido por los setenta o los ochenta, generó una importante estratificación social en la fecundidad, que hoy se está constatando por estudios científicos. Ahí se muestra claramente que hay sectores sociales que tienen una fecundidad diferente que los otros. El tipo de políticas que es necesario aplicar aquí ya no son necesariamente sobre los niños, sino sobre las familias y los hogares. Son políticas de largo plazo porque esas transformaciones sociales son de largo plazo”, dijo.

Además, señaló que así como un 40% de los nacimientos se da en el primer quintil, hay otro 20% que lo hace en el segundo. Por tanto, de 47.000 nacimientos por año, hay 28.000 (60%) que nacen en un contexto de ingresos bajos.

Labat no planteó un futuro inmediato muy alentador ante los legisladores. Esos porcentajes se mantienen “desde hace diez o veinte años” y van a seguir “durante diez o quince años más”. “Esas son las políticas de Estado de largo plazo que debemos tener para poder atender esta estructura de riesgos”, afirmó.

El experto planteó que la primera política es “redireccionar el gasto público hacia el riesgo”. “Es lo que tratamos de hacer en la inversión de gasto público hacia la infancia, que a su vez es más bajo. Ahora bien, esa política, dado lo estructural del presupuesto del Estado, no es un chicle, no se puede mover de un momento a otro para poner todos los recursos que uno desearía, y es una política que se hace tendencialmente para girar hacia ahí”.

Labat explicó a Búsqueda que no es fácil cambiar la tendencia. “Es como el elefante, que no lo corre nadie en un ratito. Por eso hay que aplicar políticas de Estado fuertes, porque este no es un problema de coyuntura y no va a cambiar la pauta reproductiva de esos estratos en un año, dos, tres o cuatro años. Puede haber una inflexión en los nacimientos, como hubo, cuando veníamos en crisis, bajando los nacimientos a menos de 45.000, pero ahora volvieron a subir a más de 45.000”, afirmó.

El director de la Dinem dijo que los niños que nacen en el primer quintil conviven con “bastantes necesidades insatisfechas y por lo tanto no se crían en la mejor condición. Por lo tanto, tienen más perspectivas de tener problemas de todos los colores en la vida”.

Esos niños viven en barrios de contexto crítico y tendrán bajos logros educativos. “La sociedad se ha segregado de forma fuerte, y ese es otro proceso, también demográfico. Ese es también un elefante que se mueve y que es muy difícil volverlo atrás: desandar los procesos de segregación territorial es difícil”.

Las políticas para atender esta situación deben ser “enormes”, sostuvo. “Lo que hay que entender es que el gasto que hay que hacer en mejorar las condiciones, es un gasto que no se hace de un día para el otro, porque es un gasto muy grande que implica ajustar muchas variables para redistribuir el gasto hacia ahí”.

Labat dijo que se está trabajando en eso, pero aclaró que no es fácil lograr equilibrios. “Si gasto en los niños el tanto por ciento y entiendo que tengo que gastar más, de a poquito voy a ir incrementando ese tanto por ciento, pero eso va a salir de otra parte de la sociedad. Es algo que no le voy a dar a otros. Todo esto tiene que ser graduado. Nadie tiene un espacio fiscal suficiente para decir ‘a partir de ahora voy a duplicar lo que destino a niños sin alterar el resto de la distribución’”.

Distribución del gasto social.
De acuerdo a un estudio elaborado por la Dinem sobre el gasto social en el período 2005-2013, el mayor porcentaje se lo lleva la seguridad y la asistencia social (49,5%). Le sigue la salud, con 24,3%; la educación, con 18% del gasto; la vivienda y el medio ambiente con 6,9%, y gastos no convencionales 1,4%.

El trabajo indica que el gasto social en ese período creció a una tasa anual de 8,1%, acumulando un crecimiento de 101,1% real en todo el período. “El crecimiento fue impulsado por el gasto en salud, que acumuló un crecimiento de 191,9% real en el mismo período, aunque todos los componentes crecieron significativamente. El gasto en seguridad social, que fue el que menos aumentó en el período analizado, lo hizo a una tasa media anual del 6,1%”, dice el documento.

Ese gasto se concentra en niños y adolescentes y adultos mayores, debido a la inversión en educación y seguridad social.

En educación, el cambio “más importante” en cuanto a la distribución del gasto se dio por la introducción del Plan Ceibal en el 2008. En los años anteriores, el pico en la distribución del gasto por edad se daba entre los 12 y los 13 años, y luego de instalar el Plan Ceibal, el pico se da entre los 11 y los 12 años.

El gasto en salud se concentró en los menores de cinco años y en las personas de mayor edad. En los nueve años de análisis, el gasto en salud se triplicó en términos reales. La dirección señaló que el cambio más importante fue la implementación del Sistema Nacional Integrado de Salud, que amplió la cobertura y se tradujo en un incremento de los usuarios, en especial los menores de 18 años. El anterior sistema (Dirección de los Seguros Sociales por Enfermedad, Disse) proporcionaba cobertura en salud solamente a trabajadores formales, lo que resultaba en una concentración del gasto en las edades activas.

En tanto, el gasto en seguridad y asistencia social, que representa casi la mitad del gasto público, se concentra en los adultos mayores.

Labat dijo que está bien trabajar en políticas focalizadas. “Pero si no tengo políticas que preserven la situación económica para que los padres tengan empleo y que el empleo de los padres sea mejor, no voy a hacer demasiado, porque al CAIF el niño va cuatro horas, con suerte ocho, las otras 16 está en la casa”, añadió.

Por eso planteó que la mejor política de ingresos no es la transferencia monetaria, sino una “buena política de empleo”. “Si conservamos y mejoramos el salario, tendremos la mejor política social de integración. Sobre eso hay que intervenir focalizadamente sobre algunas políticas que sí se pueden dirigir a tramos etarios, grupos de riesgos que tienen que tener instrumentos adecuados. En algunos casos los instrumentos implican el desarrollo y la implantación de capacidades para nada triviales, porque, por ejemplo, hacer un CAIF no se hace de un día para otro”.

Para cambiar la situación respecto al porcentaje de niños que nacen en el primer quintil y parte del segundo, se necesita una “inversión sostenida de largo plazo que trasciende ampliamente lo que puede hacer un gobierno”, afirmó Labat. “Una política para priorizar la primera infancia es una política de 20, 30 o 40 años”.