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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios EEUU: investigación revela torturas, abusos y muertes durante décadas en un orfanato regido por monjas

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Administrado por las Hermanas de la Providencia, el lugar fue escenario de horrores que la memoria de las víctimas permitió reconstruir.

Sally Dale lo contó ante el tribunal: recordó cómo vio a un chico caer de una ventana en un cuarto piso, y cómo otro murió electrocutado en el orfanato de St.Joseph’s, en Burlington, Vermont, donde ella y esos niños vivían y donde ella misma fue víctima de abusos. El testimonio fue registrado por el tribunal tras un proceso interpuesto por varias víctimas y recogido entre otros en un reportaje publicado por BuzzFeed tras cuatro años de investigación.

La investigación de la periodista Christine Kenneally se concentra en los hechos acaecidos en el citado orfanato. Más de 100 personas acusaron a la diócesis de Burlington por malos tratos.

La historia se revela en los años 90

El ovillo comenzó a desmadejarse el día en que Joseph Barquin entró al despacho del abogado Philip White y le contó que se había casado hace poco y que su esposa había quedado sorprendida con las cicatrices en sus genitales. El hombre contó que eran el resultado de su paso por el orfanato de Burlington, en los años 50.

Por aquel entonces, el orfanato era administrado por las Sisters of Providence (Hermanas de la Providencia). Joseph Barquin se sentía víctima de abusos y se acordaba de otros internos en similar situación. Por ejemplo, una muchacha que fue empujada por las escaleras y quedó tendida en el suelo, sangrando por la nariz y los oídos.

En su caso personal, las marcas eran el resultado de un encuentro con una monja. La mujer lo llevó a una sala, lo acarició y luego lo golpeó con un objeto cortante.

Una larga batalla legal

Aconsejado por su mujer, Barquin decidió hacer terapia, y también acudió a los sacerdotes de la diócesis. Esperaba que lo ayudaran a financiar el tratamiento y también una disculpa. Sin embargo, la única respuesta que recibió fue el silencio, por lo que decidió iniciar acciones legales. Fue así como recurrió a los servicios de White

En los años 80, White y varios de sus colegas establecieron nuevos protocolos para tratar casos de abusos de niños, entre ellos la posibilidad de que los menores testificaran mediante cámaras de circuito cerrado, para no tener que enfrentarse a los abusadores.

El abogado y su patrocinado no ignoraban que el caso resultaría complejo, ya que habían pasado casi cuarenta años desde los hechos. Sin embargo, las leyes del país podían ofrecer un resquicio, ya que permiten a la víctima presentar denuncia hasta seis años después de que percibieran haber sido abusadas. White decidió seguir adelante y en 1993 presentó una denuncia contra la diócesis de Burlington, la organización Vermont Catholic Charities y una monja no identificada. Pedían una indemnización por daños físicos, psicológicos y sexuales.

Tal como preveían, el representante legal de la iglesia, Bill O ‘Brien, argumentó que Joseph Barquin había tenido 40 años para presentar una demanda, y alegó que cualquier prueba al respecto estaría irremediablemente perdida.

Tal como le ocurriría años después a la reportera, White se chocó con la ausencia de testimonios acerca de lo que pasaba detrás de las puertas de los orfanatos, pero además descubrió que poco o nada se sabía sobre el modo de funcionamiento de estas instituciones. Sólo contaban con la memoria de los muchos que habían pasado por esos lugares entre los años 20 y 70 del siglo XX.

Philip White aconsejó a Joseph Barquin contar su historia en una conferencia de prensa, procurando así traer a la luz más casos ocurridos en el orfanato St. Joseph’s. La idea se reveló adecuada, ya que tras la conferencia les llegaron cuarenta quejas de antiguos internos. En ese momento se creó el grupo de supervivientes y amigos del orfanato de St. Joseph, que rápidamente alcanzó los ochenta miembros.

Los testimonios eran disímiles. Algunos sólo tenían buenos recuerdos de su paso por el lugar, pero otros relatos sugerían realidades muy alejadas de esa visión idílica. Por ejemplo, una mujer que había vivido allí en los años 20 y creía que Dios la castigaría si contaba en voz alta lo que había vivido allí, otros amenazaban al clero y hasta hubo quien le escribió a Philip White diciendo que la diócesis había enviado un infiltrado para asistir a las reuniones. Por esos tiempos, un integrante del grupo se suicidó, y las acciones quedaron en punto muerto por un tiempo.

En setiembre de 1994 Philip White los convocó para un encuentro, y Sally Dale concurrió por primera vez. Ella estaba entre aquellos que preferían no pensar en los días pasados en el orfanato St. Joseph’s, y no mantenía contacto con sus antiguos compañeros. Sin embargo, al entrar al salón algunos sí la reconocieron, y el pasado regresó de repente. Juntos recordaron que a ella la llamaban “la Shirley Temple del orfanato”, porque cantaba muy bien y siempre le pedían que lo hiciera. También evocaron los castigos de las monjas cuando ella dejaba algo de comida en el plato, cosa absolutamente prohibida en el lugar.

El encuentro de sobrevivientes duró dos días y se contaron muchas historias, que fueron escuchadas por White, por dos psicólogos y por un cronista del periódico local Burlington Free Press, que de allí en más siguió de cerca el caso.

Roger Barber, uno de los antiguos pupilos, subió al estrado y relató cómo las monjas habían ordenado a un grupo de chicos que abusaran de él. Luego, una mujer recordó que una vez que vomitó fue obligada a lavarse la cara con su propio vómito, algo que Sally Dale recordaba haber padecido. Rodeada de sus antiguos compañeros de desdichas, las memorias comenzaron a regresar más y más nítidas.

Impasse entre sobrevivientes

Joseph Barquin acabaría por ver su caso aceptado por un juez, al tiempo que reunía testimonios y hacía su propio trabajo para recoger pruebas. Llegó a entrevistar a las monjas de la congregación Sisters of Providence, pero Joseph White acabaría por aconsejarle que buscara otro defensor. El abogado había enfermado de diabetes, y a su vez el caso se hacía más complejo a fuerza de sumar participantes y testimonios. Su disminuida salud y las dimensiones de su modesto bufete no le permitían abarcar tanto.

Curiosamente, justo por aquel entonces el trabajo de White había comenzado a dar frutos. El obispo al frente de la diócesis de Burlington ofreció cinco mil dólares a cada una de las víctimas como parte de un acuerdo. Antes de dejar el caso, White dijo que su consejo era no aceptar pero que comprendería y ayudaría a quien sí lo hiciera. Según el informe de Buzzfeed, 160 personas recibieron la compensación financiera ofrecida por la Iglesia.

Un nuevo abogado

Joseph Barquin no fue uno de ellos. Quiso seguir luchando en el tribunal y buscó un nuevo representante legal, Robert Widman, de Florida. Juntos se pusieron en contacto con numerosas personas que habían pasado por el orfanato St. Joseph’s.

A esas alturas comenzaba a hacerse visible un patrón en el comportamiento relatado por aquellos que habían pasado por la institución. Eran castigados en un tanque de agua, o bien en un armario situado en la enfermería. Los agredían con una regla, un bastón, una lámpara, y a veces con una correa. Algunos testimonios hablaban de fósforos encendidos en contacto con la piel, como parte de un castigo que se verificaba en un sótano.

Los casos de agresiones fueron ampliamente documentados, pero todo cobró una mayor dimensión cuando Widman viajó hasta Middletown, Connecticut, y tuvo una larga conversación con Sally Dale. Lo que ella contó sobrepasaba la agresión.

Dale le contó cómo había visto a un chico ser arrojado por la ventana de un edificio, desde una altura de cuatro pisos, y cómo había visto otro hundirse en un lago y no volver a la superficie, y cómo otro murió electrocutado. También relato el modo en que ella misma sufrió una quemadura al tomar un objeto caliente siguiendo las órdenes de las monjas, quienes luego le dijeron que se había quemado por ser mala. A petición del abogado, comenzó a dejar por escrito todo lo que recordaba.

Desacreditar a las víctimas

Durante sus investigaciones, el abogado localizó el manuscrito de la “huérfana 58”, una niña que fue obligada a abofetearse a sí misma decenas de veces, y que luego estuvo a punto de morir a causa de una infección en un dedo, para la que se le negó tratamiento. Pero lo que halló de manera más abundante fue el silencio acerca de la forma en que ese tipo de orfanatos se manejaban, algo que comprobó al extender sus pesquisas a muchas otras instituciones similares en Estados Unidos y Canadá. La opacidad no sólo cubría el funcionamiento de los orfanatos, sino el origen mismo de los niños que allí residían. En el caso del St. Joseph’s, la mayoría provenían de familias muy pobres de la región.

La demanda chocaba permanentemente con el hecho de que los nombres verdaderos de las hermanas que atendían el orfanato eran desconocidos, aunque se llegaría a conocer la identidad de algunas de ella. También había que afrontar la desacreditación de los relatos de las víctimas, promovida por los representantes de la parte demanda.

Uno de los testimonios clave fue el de Elaine Benoit, una chica que todos recordaban porque había sido agredida delante de varios compañeros, y cada uno de ellos conservaba en su memoria algún fragmento del episodio. Algunos hablaban de golpes con un bastón, mientras otros recordaban quemaduras con fósforos. Y mientras la memoria de unos recordaba una sola cerilla, otros hablaban de una caja entera.

El abogado fue en busca de Benoit y recabó su testimonio, confirmando así las historias acerca de golpes y quemaduras.

Dese el lado de la iglesia se seguía otra línea argumental: si algo había ocurrido, era culpa de los individuos en particular y no de la institución en general, razón por la que entendían que la diócesis no podía ser acusada de malos tratos. Finalmente, y en vista de que el caso iba para largo, en 1999 las partes llegaron a un acuerdo, que al parecer resultó dispar. Una víctima dijo que el dinero que recibió -cuyo monto no pudo revelar debido a los términos del acuerdo- no le alcanzaba ni para comprar un auto usado. Otro demandante -que contrató a un abogado diferente al del resto- dijo haber cobrado 10.000 dólares.

Durante la investigación se halló el certificado de defunción del chico que se ahogó en el lago, y se determinó que fue un accidente la muerte por electrocución de otro interno, algo que bridó credibilidad al testimonio de Sally Dale. No se esclareció por completo el caso del niño que ella dijo haber visto caer por una ventana, y hay márgenes de duda en varios otros. Sólo en la década de 1940 se certificaron seis fallecimientos en el orfanato, uno de ellos por “causa indeterminada”.

Cualquiera sea el resultado futuro de su valioso testimonio, Sally Dale no lo verá, ya que murió en el año 2000, de cáncer de pulmón. Fue su hijo Rob quien divulgó sus documentos y la correspondencia con sus abogados.

Por entonces, el abogado Robert Widman explicó que las dudas que el caso suscitaba -cómo comprobar las muertes, por ejemplo- serían las mismas que tendrían los jueces, y que fue eso lo que lo decidió a no proseguir.

Sin embargo, todo ello ocurrió en la década de 1990, antes de que nuevos acontecimientos abrieran otras posibilidades. Ya en el presente siglo, un juez ordenó a la diócesis de Burlington permitir acceso a los expedientes personales de decenas de sacerdotes, revelando acusaciones de abuso sexual. En 2010 la diócesis llegó a un acuerdo con las víctimas de 26 procesos por un total de 19. 807 dólares de compensación.

Uno de los expedientes revisados fue el de un sacerdote de apellido Foster, quien estuvo un tiempo en St. Joseph’s y confirmó casos de agresiones en el lugar.
Una antigua monja del orfanato, hoy de 88 años, confirmó que tenían permiso para dar patadas a los niños y, a pesar de sus declaraciones iniciales, acabó por negarse a contar lo que ella misma sufrió en St. Joseph’s, lugar al que llegó cuando tenía 18 años.

La diócesis de Burlington no quiso hablar con la periodista Christine Kenneally. El obispo John McDermott hizo sólo una breve declaración sobre el caso: “La diócesis de Burlington trata las acusaciones de abuso de niños seriamente y se están llevando a cabo procedimientos para reportar el caso a las autoridades. Si bien no puede cambiar el pasado, la diócesis está haciendo todo para garantizar la protección de los niños”.PORfffffbffffgffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff