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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios Dos papas que cambiaron la historia [Opinión]

EL OBSERVADOR |

Por José María Orlando – Especial para El Observador

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La canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II trasciende la significación religiosa de la ceremonia porque reconoce su aporte al fortalecimiento moral y las condiciones de vida de sociedades sin brújula luego de la segunda guerra mundial y al mejoramiento del orden político en el planeta, fragmentado por ese terrible conflicto. Fueron dos líderes religiosos que cambiaron la historia. Apenas dos meses después de que el cardenal italiano Angelo Giuseppe Roncalli fuera electo papa y asumiera Juan como nombre, convocó a un Concilio de todos los obispos del mundo que, a partir de su comienzo en 1962, no solo reformó drásticamente los ritos de la Iglesia católica. Le marcó además a mucha gente el camino hacia el comportamiento recto y la armonía comunitaria, perdidos en las angustias y el desconcierto creados por una guerra caliente y otra fría.

Su encíclica Pacem in terris, promulgada en 1963, dos meses antes de su muerte, fue sintetizada por su colaborador Ezio Bolis en estos requisitos fundamentales: “La paz entre los hombres exige la verdad como fundamento, la justicia como norma, el amor como motor, la libertad como clima”. No toda la gente los tomó como guía. Pero fue la hoja de ruta que siguieron todos sus sucesores para complementar su función religiosa con un empeño de mejoramiento social que ha dado frutos, crecientes aunque desparejos, con el paso de los años. Los cambios rituales que introdujo, incluyendo el reemplazo del latín con los idiomas de cada país y los sacerdotes oficiando misa cara a cara con la gente en vez de la fórmula tradicional de hacerlo de espaldas, contribuyeron a un vínculo más abierto y estrecho entre el clero y los feligreses. Pero de igual o mayor gravitación en su breve papado fue la promoción incansable de los valores que defiende el cristianismo, proclamados en Pacem in terris, para la convivencia armónica de los pueblos por encima de creencias, culturas o costumbres.

Sus sucesores no se desviaron de ese camino. Pero fue bajo Juan Pablo II que el nuevo rumbo eclesiástico generado por Juan XXIII tuvo su mayor repercusión mundial. La promoción de la paz y de la unidad que el prelado polaco Karol Wojtila llevó al mundo entero en sus incansables viajes y en su defensa a ultranza del derecho humano a la libertad tuvieron una incidencia decisiva en el fin de la guerra fría que dividía al mundo al apresurar el colapso del autoritarismo soviético, ya corrompido por el control dictatorial de masas sojuzgadas y el fracaso estrepitoso del dirigismo económico, en el que algunos gobernantes todavía persisten.

El impacto de ambos papas, tanto religioso como social, es intensificado ahora por el papa Francisco con su impresionante capacidad para atraer multitudes con un mensaje que combina el apostolado religioso de una Iglesia más abierta a la gente con la inducción a una vida sana y fructuosa. Como inició Juan XXIII hace más de 50 años, Francisco está adaptando a su Iglesia a la época actual, para atender y encarrilar las necesidades de las sociedades en todos los países. Es una lucha cuesta arriba en un mundo golpeado por formas extremas de materialismo egoísta como credo y por la perversión desaforada de valores morales como forma de vida. Pero es una lucha que logra avances pese a las dificultades, orientando a viejos y jóvenes, a gobernados y gobernantes, hacia un mayor respeto a la verdad, la justicia, el amor y la libertad que proclamara Juan XXIII. l