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Noticeu “Dios en la cultura” fue tema de debate de escritores, periodistas y filósofos

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“Todos buscamos encontrar explicaciones a las cosas que pasan, y un sentido trascendente a nuestra vida. Son preguntas personales, concretas, que nos interpelan seamos o no creyentes”, planteó la Dra. Laura Álvarez Goyoaga en el primer día de debate del Foro “Dios, Pensamiento, Cultura” que tuvo lugar los días 20 y 21 de junio, en el Museo del Gaucho y la Moneda, en Montevideo. En la misma línea de pensamiento, en la mesa de debate compartida por 4 doctores en filosofía, Facundo Ponce de León afirmó que el punto de partida “no es el ateísmo sino la duda. El hombre que duda y que busca respuestas”.

Para debatir en un ambiente plural, sobre Dios, el pensamiento y la cultura, fueron convocados por la Comisión de Cultura y de Diálogo con los no creyentes de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) la escritora Álvarez Goyoaga, los comunicadores Hugo Burel, Graziano Pascale y Jaime Clara; los Doctores en Filosofía Dr. Francisco O´Reilly, Ponce de León, Agustín Reyes e Ignacio Vilaró.

El Foro comenzó con las palabras de la Dra. Susana Monreal, quien ofició de moderadora en este primer día de debate explicando que la finalidad del Foro residía en motivar la reflexión en “un clima de pluralidad  y apertura” sobre temas metafísicos, que no se tratan en espacios culturales”.

Por su parte, el Presidente de la Comisión de Cultura y de Diálogo con los no-creyentes de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU), Monseñor Alberto Sanguinetti (Obispo de Canelones), dijo que el encuentro servía “no solamente para hablar del tema político de laicidad o no laicidad, sino también el que no hay cultura sin el tema de Dios”. “No existe una cultura sin el tema de Dios, más no sea para combatirlo”, subrayó.

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“DIOS OCULTO EN LA NARRATIVA” 

La primera ponencia que ofició como disparadora del debate estuvo a cargo de la Dra. Álvarez Goyoaga y versó sobre “Dios oculto en la narrativa”.

La escritora partió su presentación planteando dos axiomas, verdades que no necesitan demostración: que el hombre es un “animal religioso” y también un “animal narrativo”.

Seguidamente, aludió al autor Mark Tain quien, en su ensayo satírico del año 1896 titulado “The Lowest Animal”, concluye que “el Hombre es un Animal Religioso. Es el único animal Religioso” ya que “es el único animal que ama a su prójimo como a sí mismo y le corta la garganta si su teología no es la correcta”.

Álvarez Goyoaga afirmó, entonces, que los seres humanos “somos `animales religiosos de manera permanente” y que “sin tener conciencia clara de ello, nos estamos planteando profundas preguntas éticas y espirituales: todos buscamos encontrar explicaciones a las cosas que pasan, y un sentido trascendente a nuestra vida. Son preguntas personales, concretas, que nos interpelan seamos o no creyentes”. “El pensamiento cristiano se ha enfocado en estos problemas, con una tradición que se remonta a más de dos mil años atrás, y está inserta en la raíz misma de la civilización occidental”, acotó. “A su vez, si de religión hablamos, el cristianismo es uno de los elementos que en mayor medida ha contribuido a configurar lo que conocemos como ‘civilización occidental´, de la cual formamos parte. El paradigma cristiano sin dudas ha tenido una gran influencia en la historia de la humanidad. Todas estas son realidades evidentes, que no necesitan prueba alguna”, subrayó.

A modo de respaldo de su segundo axioma, “tan irrebatible como el primero”, relativo a que los seres humanos son “animales narrativos”, la escritora citó al novelista, dramaturgo, periodista y biógrafo austríaco Stefan Zweig (1881-1942), apasionado defensor de los valores culturales de Occidente, quien afirmó que “la historia no tiene bastante con los grandes hechos, con las obras magníficas; siempre se necesita una segunda efectividad: van juntos el gran hecho y el gran relato, el personaje emocionante y el narrador rebosante de fantasía”.

“Estamos narrando las veinticuatro horas del día, hacia nuestro interior, o hacia quienes nos rodean. Siempre estamos narrando. Los seres humanos damos sentido al mundo contando historias sobre el mismo, usando el modo narrativo de construir la realidad”, enfatizó la Dra. Álvarez Goyoaga.

La ponente resaltó, entonces, que “Occidente está impregnado de la cosmovisión cristiana” y que “en toda la narrativa occidental subyace la concepción cristiana, y por lo tanto, la presencia de Dios”.

Para fundamentar sus aseveraciones. la Dra. Álvarez Goyoaga propuso confrontar la tesis con cuatro estudios de caso tomados de la narrativa dirigida al “gran público”: la saga de Harry Potter, de la escritora británica J.K. Rowling; el cuento “Un recuerdo navideño” de Truman Capote; la serie Breaking Bad y el musical “Lalaland”.

Sobre la saga de Harry Potter, señaló que en la obra “hay un elemento todopoderoso que es capaz de derrotar al mal ( representado por Voldemort) que es el amor”. “A lo largo de todos los libros, Rowling una y otra vez remarca la importancia del amor como un elemento que aglutina, tiene la capacidad de redimir y finalmente salva al Mundo de los Magos”, señaló.

Posteriormente, la escritora se refirió al cuento de Capote “Un recuerdo navideño”,  que “con una inmensa dulzura y nostalgia narra la historia de un niño de siete años y una prima de más de 70 años a la cual se refiere como su ‘amiga´, con quien comparte una serie de tradiciones de Navidad´”. El cuento termina narrando la partida de la anciana a la casa del Padre, “de una manera bellísima. Capote, el hombre de vida desordenada y escandalosa, nos regala una historia simple y conmovedora de Navidad, donde Dios y la fe cristiana están presentes”, compartió la ponente.

Para el tercer estudio de caso Álvarez Goyoaga se refirió a la serie de televisión Breaking Bad, un drama televisivo estadounidense salpicado de humor negro, con mucho de thriller psicológico. Para la escritora el tema de fondo de la trama de la serie es “la redención”. “La serie aparece como uno de los dramas éticos más complejos de la televisión, que explora de manera magistral y creativa temas tan actuales y relevantes en nuestra vida como pueden ser el pecado, la culpa, el perdón, la condenación y la redención. Corromperse no es cuestión de un instante. Elegir el mal camino es el resultado de un largo proceso”, sostuvo.

El último caso es el de La La Land, un musical donde dos jóvenes, una aspirante a actriz y un músico de jazz, se enamoran y a medida que se acerca “la oportunidad de hacer realidad sus sueños ven como las circunstancias ponen en peligro la relación”.

En La La Land la referencia a lo cristiano no es explícita, pero está presente, aseguró Álvarez Goyoaga.“En una sociedad que nos alecciona a defender en primer término, cueste lo que cueste, nuestros derechos y aspiraciones, Sebastian demuestra una refrescante falta de egoísmo y una innegable capacidad de sacrificio, anteponiendo los sueños y aspiraciones de Mia por encima de los suyos propios, y alentándola todo el tiempo. Algo interesante ocurre por su parte con Mia, reivindicada al no pretender el éxito a cualquier precio, sino por el contrario, decidida a triunfar en base a sus talentos y virtudes”.

“En algunas de las referidas producciones, la mención a Dios y al cristianismo es directa; en otras aparece de manera subyacente. Dado que los textos analizados no revisten una intención pedagógica en su génesis, Dios aparece ´oculto en la narrativa´. Para su afirmación o negación, Dios está presente en todas como punto de partida´”, planteó la ponente finalizando su presentación. “Volviendo al principio, los aspectos `narrativo´ y `religioso´, conviven en forma inseparable con la condición humana. Y en Occidente, religioso como sustrato cultural remite a cristianismo, y cristianismo remite al Dios de los cristianos´”, reafirmó la Dra. Álvarez Goyoaga.

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Siguiendo la metodología definida parael desarrollo del debate, luego de la ponencia de la Dra. Álvarez Goyoaga hizo uso de la palabra el escritor Hugo Burel, quien en pocos minutos compartió su mirada del tema. En primer lugar expuso su desacuerdo respecto a que Dios es ocultado en la narrativa y aludió a algunos ejemplos concretos.

“Si tomamos la Biblia como producto literario y a Dios como su personaje principal, la noción de “ocultamiento en la narrativa” pierde sentido, porque el personaje principal es señalado como inspirador absoluto del relato compuesto por cientos de amanuenses que escribieron según dictado de este”, señaló. “Ningún autor mortal puede competir con la Biblia. Tampoco es su principal problema el ocultamiento de Dios en la narrativa”, precisó.

Compartió que como autor se plantea siempre “cómo hacer para ocultarme yo mismo”. Empero, admitió que “la escritura siempre tiene un costado demiúrgico y la desaforada pretensión de crear un mundo, un universo propio que consciente o inconscientemente aspiramos a lograr emulando, lo sepamos o no, al Dios creador”. Añadió, en este sentido, que “la tentación de emular a Dios que puede impulsar al escritor se le suma la intención de descubrirlo o simbolizarlo en elementos que se alejan de lo sagrado, la religión o una posición meramente vinculada a la fe. Por supuesto, lo enfrentan y aún lo desafían , cuando no lo cosifican o lo descubren en signos que es arduo descifrar”.

Burel aludió en su ponencia a la obra “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez (que este año cumple medio siglo de publicada); a las novelas de Greene “El fin de la escapada” o “El poder y la gloria” y profundizó un poco más en la autora Patricia Highsmith (nacida en Texas en 1921 y muerta en 1995), autora de la inquietante saga de Tom Ripley y de Extraños en un tren, que Alfred Hitchcock filmó. y en el cuento  La escritura del dios, incluido en el libro “El Aleph”, de Jorge Luis Borges.

En el primer caso, la autora demostró que “Dios puede estar contenido o representado por un simple y humilde botón”. En el segundo, “Dios está presente ya desde el título aunque, pese a lo que se desarrolla en el argumento, permanecerá oculto durante todo el relato”.

“Las narrativas fatigan el ocultamiento y a la vez la búsqueda de Dios y en su afán creador los escritores actúan como dioses precarios que se aplican a crear mundos y criaturas. En el cuento de Borges, el narrador dice que creyó ver a Dios en un reflejo. En el Ulises de Joyce, Stephen Dedalus afirma que Dios es un grito en la calle. Acaso hoy pueda ser esta mesa redonda y este debate”, concluyó el escritor.

El primer día de debate del Foro “Dios, Pensamiento, Cultura” siguió con la intervención del Dr. Graziano Pascale, quien se refirió a la novela Moby Dick de Hernan Melville, publicada en 1851. Para el abogado, escritor y comunicador, esa novela “puede verse como un libro de aventuras, pero también como un tratado de filosofía”. “La novela trata sobre el vano intento de la criatura por acabar con el creador”, recordó.

Pascale reveló que “para el propio autor de Moby Dick, el libro es una parábola de la lucha del hombre con Dios”.

“Al principio uno supone que Moby Dick es una historia de la miserable vida de una ballena, luego empieza a sentir que el tema pasa a ser otro, es la locura del capitán, al ver que quiere vengarse, que quiere acabar con esa criatura infernal. Y finalmente, uno descubre que la persecución de esa ballena blanca, no es sino un símbolo y espejo de esa fatiga universal que asoma en el espíritu del hombre”, señaló.

Moby Dick representa la justicia divina, abatiéndose sobre el hombre y sus cómplices. Es el trato entre el ser humano y Dios”, afirmó.

El último ponente del martes 20 fue el periodista Jaime Clara quien, al hacer uso de la palabra, aclaró que no iba a hacer referencia a ningún libro, sino que se atendría a  lo que es su oficio:  «preguntar y reflexionar un poco sobre las cosas que se han escuchado, sobre todo para tratar de ir avanzando en lo que pretende ser un intercambio de ideas sobre la propuesta de Dios oculto en la narrativa”.

Coincidió con la Dra. Álvarez Goyoaga en que las personas “estamos permanentemente en una narración y que todo podemos vincularlo con textos narrativos”.

No obstante, reflexionando sobre la expresión “Dios oculto en la narrativa”  planteó que cuando se habla de Dios ¿de qué estamos hablando?  Asimismo, preguntó de qué se habla cuando se alude al animal religioso, si se habla de religión o de creencia. Compartió, asimismo, sus dudas acerca de que “el hombre siempre ha generado la necesidad de creer en algo”. “En realidad, religión es el conjunto de creencias religiosas, de normas, de comportamiento, de ceremonias, de oración, de sacrificios que son propias de determinado grupo humano y con las que el hombre reconoce una divinidad, un Dios o varios Dioses”, puntualizó y concluyó, entonces, en que “la fe no es necesariamente creer en un Dios, sino que es depositar justamente ese sentimiento en algo”.

El periodista señaló que “cuando uno lee La Biblia, o intenta leerla como literatura, es imposible abstraerse de depositarle esa carga subjetiva, independientemente de las creencias que uno tenga. Por eso creo que depende de cómo leamos la conclusión que podamos sacar o lo que podamos leer entre líneas”. “Hay algo que está por encima de nosotros, de lo tangible… siempre ante una situación límite se termina invocando a algo superior”, afirmó, al tiempo que concluyó en que “uno termina dándose cuenta de que Dios es una metáfora”.

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¿EL ATEÍSMO COMO PUNTO DE PARTIDA? 

El segundo encuentro del Foro “Dios, Pensamiento, Cultura” tuvo lugar el miércoles 21 de junio.

Integraron el panel los ya citados Doctores en Filosofía O´Reilly, Ponce de León, Reyes y Vilaró. El Dr. Pablo Da Silveira ofició como moderador.  El diálogo se centró sobre la pregunta ¿El ateísmo como punto de partida?

El Dr. O´Reilly introdujo el tema con un breve desarrollo donde mostraba cómo históricamente el concepto de ateo fue variando. Desde la concepción antigua que lo entendía como falto de piedad, acusación que se le atribuyó a Sócrates en su condena a muerte, o de no creencia en las divinidades imperiales como se les acusó a los primeros cristianos, hasta su transformación en la modernidad como negación absoluta de la existencia de Dios.

Quedó entonces planteado el tema de discusión: ¿es el que cree en la existencia de Dios quién tiene el peso de dar argumentos sólidos que prueben su creencia, o es quién niega su existencia el que tiene que demostrarlo?.

Esto dio lugar a un diálogo muy fecundo, donde entraron en escena varios filósofos contemporáneos que se han planteado el tema.

Para Ponce de León el punto de partida no es el ateísmo sino la duda. El hombre que duda y que busca respuestas. Para los otros panelistas el ateísmo es cuestionador y hace que el creyente busque argumentos, ya sea en su experiencia como en su intelecto, para poder dar razón de su fe. Aunque no necesariamente se debe partir de la afirmación que Dios no existe hasta que se demuestre lo contrario. También es válido el punto de partida que afirma la existencia de Dios, mientras no haya contundencia de argumentos que muestren que esto es un error.

El diálogo suscitó varias preguntas de los espectadores las que fueron respondidas por los panelistas, en un tema de fuerte actualidad y que sin duda da para seguir profundizando.

Finalmente Mons. Sanguinetti, agradeció a los panelistas y a los que colaboraron en la organización del Foro, y dio lugar a la actuación del Coro Contracanto que interpretó de modo polifónico algunas canciones de la música sacra, elevando el espíritu para finalizar este evento de hondo significado cultural.

 

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Ponencia de la Dra. Laura Álvarez Goyoaga: Dios oculto en la narrativa

Intervención del  escritor Hugo Burel