Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Descreídos, decadentes- Columna de Ignacio de Posadas

EL PAÍS- COLUMNA DE OPINIÓN |

Un juez tiene que escabullirse de noche a otra sede para dictar sentencia, porque a la suya se la apedrearon, al grito de “aguante la delincuencia”! En el litoral reclaman poder bagayear libremente. El parlamento vota legitimando la muerte de seres humanos indefensos y declara que da igual ser hombre que mujer, marido o mujer que compañero/a, padre que…. Cualquiera que tenga ganas bloquea una calle o una carretera y los episodios de delincuencia, más o menos violentos son cada vez más cotidianos y más próximos.

Algo anda muy mal. Ya todos lo ven e intuyen que nuestra sociedad está enferma, anémica de valores. Lo que todavía no se percibe claro es por qué. ¿Por qué esta degradación moral? Es el postmodernismo, dicen, pero, ¿eso qué es? ¿De dónde salió? ¿Y por qué nos está pegando hoy a nosotros?

La historia viene de lejos. Probablemente como consecuencia del quiebre religioso producido por las reformas protestantes y sus secuelas bélicas, diversos pensadores comenzaron a buscar apoyos filosóficos para tratar de conservar aquellos valores que aseguraran el funcionamiento moral de las sociedades y del estado de derecho. Fue también la época del triunfalismo de la Razón: la Ilustración.

Algunos, como Hume, eran escépticos y Dios no entraba en sus visiones de vida. Otros, como la mayoría de los pensadores británicos, querían establecer bases éticas y jurídicas que no fueran objeto de confrontaciones religiosas.

En el fondo, mantenían las mismas que ya existían pero “etsi Deus non daretur”, como si Dios no existiera. Kant buscó una construcción racional de este tipo al sostener que si bien es imposible conocer racionalmente a Dios, la naturaleza del hombre (la “razón práctica”) hace necesaria Su existencia como premisa moral para la vida.

La ola racionalista ilustrada fue sumamente exitosa, en términos de progreso científico y tecnológico (por consiguiente humano) y ha reinado casi indiscutida en buena parte del mundo. Pero ese éxito no ha sido gratis. De vivir como si Dios no existiera hemos pasado a asegurar que efectivamente no existe y eso ha ido llevando, más y más, a no entender por qué ciertos valores básicos deben seguir siendo aceptados y respetados. Erosionados los cimientos, se desmorona lo construido sobre ellos.

Es tiempo de repensar algunas cosas. No quiere esto decir que todos deban convertirse. Pero sí que todos deban asumir racionalmente la existencia objetiva de una disyuntiva básica que no es posible gambetear. Al menos no sin costo.

Muchos viven como si Dios no existe no a consecuencia de una decisión, personalísima, analizada y resuelta, sino por inercia. Pero otros han resuelto que no existe porque no es algo concreto, algo que se puede probar, lo que lo torna en irracional.

No es éste el lugar para desarrollar los argumentos filosóficos sobre la existencia de Dios. A los efectos del tema basta señalar que lo absolutamente imposible es la prueba de la no existencia de Dios.

Dicho en otros términos, no es más racional ser agnóstico que ser creyente, mientras que sí es muy poco racional creer que vivimos en un universo racional sin causa racional.

De todas maneras, lo que sí se puede constatar es que las sociedades que tratan de encarar sus problemas éticos y jurídicos como si Dios no existiera están haciendo agua, cada vez con mayores dificultades para preservar mojones básicos y no caer en manifestaciones de decadencia como las apuntadas al comienzo.

Como bien señalara Benedicto XVI, el problema con el agnosticismo es que a la larga su programa de vida no puede ser realizado. Porque la cuestión de Dios es eminentemente práctica, si no existe, las consecuencias sobre nuestras vidas son muy concretas.

Por eso es que Pascal, complementando a Kant, aconsejaba a sus amigos no creyentes a jugársela para el lado de la existencia, porque es una opción infinitamente más adecuada a la vida humana, la apuesta con mejores chances: “Veluti si Deus Deretur”.

Esto no es teología (cómo es Dios) sino filosofía pura (si Dios puede ser y sus consecuencias). Aquella parte de la filosofía que podíamos llamar de sentido común.

Son preguntas de vida. Si la sociedad uruguaya se las planteara, con coraje y honestidad, quizás pueda recuperarse de la crisis moral en que se encuentra. Por lo menos es seguro que oiremos menos pavadas que al presente.

P.D: Presidente, la posibilidad de aumentar el monto del destino fiscal a escuelas de barrios carenciados que contiene el proyecto de decreto en su poder, implica un volumen de recursos muy acotado. En nada afectará los privilegios del sistema público, pero sí tendrá enorme impacto en esos barrios. Algo parecido al Plan Ceibal, pero infinitamente menos costoso.