Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Departamento de Liturgia

Comentarios a las Lecturas del Domingo

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

02 de febrero 2013

 

Presentación de Jesús en el Templo

[Ilustración armenia, siglos 13-14]

 

 

 

Introducción

 

0.1.- En el relato de la infancia en su conjunto, y también en este pasaje [de la Presentación], se puede reconocer fácilmente el fundamento judeocristiano que proviene de la tradición familiar de Jesús. Pero se puede ver al mismo tiempo que ha sido elaborado por alguien que escribe y piensa según la cultura griega, y que se ha de identificar lógicamente en el mismo evangelista Lucas. En esta redacción se pone de manifiesto, por un lado, que su autor no tenía un conocimiento preciso de la legislación veterotestamentaria y, por otro, que su interés no se centraba en los detalles, sino que se orientaba más bien al núcleo teológico del acontecimiento, que es lo que pretendía demostrar ante sus lectores[1]

 

1.1.- (…) El texto de Lucas 2,22-39 resulta esclarecedor. Todo el texto, y en concreto su «no alusión» a que se rescatara al niño Jesús, está proclamando el misterio de su persona y de su vocación. Sin entenderlo quizá (todavía) en su sentido último, María y José no sólo no rescatan al niño, sino que «lo presentan al Señor»; con lo cual hacen que aflore una señal de quién es ese niño y para qué ha sido enviado por Dios mismo: para ser «el Santo de Dios», para la «redención de Israel y de todos los pueblos» (cf. Lc 2,30ss).

 

1.2.- (…) El hecho de que María y José llevaran al niño Jesús al templo no estuvo motivado ni por la ofrenda de purificación ni por la ley de los primogénitos, entendidas ambas de acuerdo con las prácticas judías de entonces, sino que tiene su significado propio. Esto se desprende ya con claridad suficiente de Lc 2,22s, si el texto no se interpreta precipitadamente en la línea usual del rescate. Es claro que José y María, una vez que ésta fue declarada «pura» y pudo entrar de nuevo en el templo, quisieron «presentar» al niño Jesús a YHVH, reconociendo que el niño que de modo maravilloso habían recibido de Dios no les pertenecía. Y por eso se loentregaron a Dios. Si no queremos atribuir a José y María un desconocimiento absoluto de lo peculiar y divino de su hijo —y no tenemos ningún derecho a ello—, entonces es evidente que lo que aquí hacen los padres terrenos de Jesús está en la línea de hechos similares del AT. Concretamente se puede aducir en este contexto 1 Sm 1,11.  Los términos «precio» y «valor» los usamos aquí en el sentido de la terminología de la Pascua y del primogénito (cf. Ex 12-13) y no en el de una «teología de la satisfacción», teología que no tiene nada que ver con la Biblia. La madre de Samuel, en cumplimiento de un voto, consagra a su niño al servicio del Señor: lo lleva al santuario de Silo y lo entrega al sacerdote Eli para que pase toda su vida al servicio de Dios. Semejante es lo que sabemos de la institución de los nazireos. (…)

 

1.3.- En no pocos pasajes del PT, el ministerio sacerdotal, entendido como dignidad que todos han de respetar por ser otorgada por Dios (cf. Nm 16,9ss), se presenta como un «estar delante del Señor», como un «estar puesto para servir ante el Señor» (cf., por ejemplo, Dt 10,8; 17,12; 18,5.7; 21,5; Nm 16,9ss; Jue 20,28, etc.). Y [es conocido] el íntimo lazo existente entre la investidura como sacerdote de YHVH, sobre todo en el caso del sacerdocio levítico, y los primogénitos. Así, pues, no resulta arbitrario interpretar la «presentación» de Jesús y la referencia de Lucas a Ex 13 en el sentido aquí expuesto. El propósito inicial de los padres de Jesús debió de ser realizar un sencillo acto simbólico, reconocer mediante un signo el misterio de su Hijo, sin que ello implique que tuvieran conciencia de toda la plenitud de tal misterio ni del alcance de su acción. Todavía no tenían una idea precisa de lo que Dios Padre quería de este niño. Así lo sugiere la continuación del relato: Simeón y Ana, guiados por el Espíritu, aciertan a decir «más» sobre este niño; más, desde luego, de lo que José y María habrían podido decir por sí mismos. Así se entiende que se asombren de lo que sucede a raíz de la presentación y de lo que oyen decir proféticamente acerca del niño.

 

1.4.- Guiados por el Espíritu, aciertan Simeón y Ana a reconocer en este niño al Mesías esperado por ellos y por todos los hombres piadosos. Las palabras de Simeón, proféticas y misteriosas como son, proclaman que, ahora que ha visto al Mesías, han dado comienzo los días de la salvación. Por eso no es de extrañar que la Iglesia haya visto cumplido en la presentación de Jesús lo anunciado proféticamente en Mal 3: Miren, yo envío un mensajero a prepararme el camino. En seguida vendrá a su templo el Señor al que ustedes buscan; el ángel de la alianza que ustedes desean, mírenlo entrar, dice YHVH Sebaot» (Mal 3,1)[2].

 

2.1.- Lucas cita ante todo explícitamente el derecho a reservarse al primogénito: Todo primogénito varón será consagrado (es decir, pertenecerá) al Señor (Lc 2,23; cf. Ex 13,2; 13,12s. 15). Pero lo singular de su narración consiste en que luego no habla del rescate de Jesús, sino de un tercer acontecimiento, de la entrega (“presentación”) de Jesús. Obviamente, quiere decir: este niño no ha sido rescatado y no ha vuelto a pertenecer a sus padres, sino todo lo contrario: ha sido entregado personalmente a Dios en el templo, asignado totalmente como propiedad suya. La palabra paristánai, traducida aquí como “presentar”, significa también “ofrecer”, referido a lo que ocurre con los sacrificios en el templo. Suena aquí el elemento del sacrificio y el sacerdocio.

Simeón, con el niño en brazos, tras haber alabado a Dios, se dirige con una palabra profética a María, a la que, después de las muestras de alegría por el niño, anuncia una especie de profecía de la cruz (cf. Lc 2,34s). Jesús está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción. Al final se dirige a la madre una predicción muy personal: Y a ti, una espada te traspasará el alma. La teología de la gloria está indisolublemente unida a la teología de la cruz. Al siervo de Dios le corresponde la gran misión de ser el portador de la luz de Dios para el mundo. Pero esta misión se cumple precisamente en la oscuridad de la cruz.

Lucas concluye su relato del nacimiento de Jesús, del que formaba parte también el cumplimiento de todo lo que se debía hacer según las prescripciones de la Ley (cf. 2,39), hablando del retorno de la Sagrada Familia a Nazaret: El niño iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él(2,40)[3].

 

 

Evangelio: san Lucas 2,22-40

 

3.1.- Lucas prosigue la revelación progresiva de la futura función de Jesús en cuanto Salvador. Un justo de Israel, sobre el que “está” el Espíritu Santo, y una profetisa anciana van a ser los canales de ese plus de revelación, que va a extrañar no solamente a José, sino también a María.

 

3.2.- Lectura de conjunto. El episodio está enmarcado por la observancia de la Ley de Moisés (v. 22) o delSeñor (v. 39; leer también v. 27). Dentro de esta inclusión, el narrador presenta primero el encuentro con Simeón y después con Ana.

 

3.2.1.- El primer encuentro se desarrolla como sigue: presentación de Simeón (vv. 25-26), encuentro (vv. 27-28), cántico (vv. 29-32), reacción de los padres (v. 33) y oráculo de Simeón para María (vv. 34-35).

 

3.2.2.- El segundo encuentro es más sucinto: presentación de Ana (vv. 36-37) Y triple acción de la profetisa: llegada, celebración de Dios y palabras a los que esperan el rescate de Jerusalén, v. 38.

 

3.2.3.- Dentro del relato, los títulos de Jesús (o las implicaciones de su misión de Salvador) son numerosos: es consuelo de Israel (v. 25), Mesías del Señor (v. 26), salvación [de Dios) visible y preparada (v. 30), luz paraalumbrar a las naciones y gloria de Israel (v. 32), liberación de Jerusalén (v. 38); será causa de caída y levantamiento en Israelsigno de división-contradicción (v. 34) y, en contacto con él, se revelaran lospensamientos (v. 35). En el v. 40, la noticia sobre el crecimiento del niño lleno de sabiduría prepara el episodio siguiente.

 

3.3.- Al hilo del texto.

 

3.3.1.- El primer episodio del evangelio de la infancia se situaba en el Templo, los cuatro siguientes en casas o en un establo, los dos últimos se desarrollan de nuevo en el Templo. Hasta en los Hechos, Lucas proseguirá este juego de significados entre “la casa” y “el Templo”. En ambos lugares se producen revelaciones del proyecto de Dios o interpretaciones creyentes de los acontecimientos. Pero el Templo también puede convertirse en el lugar de las acusaciones contra Jesús, Esteban, Pablo… Aquí, por primera vez, se perfila el aspecto dramático de los acontecimientos futuros.

 

3.3.2.- Lucas mostrará, hasta el final de los Hechos, que, si hubo ruptura entre la novedad de Cristo y el judaísmo, no es por culpa de los cristianos judíos, que siempre respetaron lo esencial de la Ley de Moisés (como aquí los padres de Jesús). Al no ser Lucas judío, quizá confunda la purificación de la madre y el rescate del primogénito (habla de «su purificación»). Pero es el único lugar del evangelio de la infancia donde tiene cuidado de citar explícitamente dos textos de la Escritura (el segundo indica discretamente que María y José forman parte de gente de condición modesta).

 

3.3.3.- Incluso María se extraña de lo que se dice acerca del niño. Sin embargo, el lector recuerda las informaciones proporcionadas por Gabriel. Por tanto, su extrañeza debe provenir de estas palabras de Simeón: Luz para alumbrar a las naciones paganas; no se trata solamente de reinar sobre la casa de Jacob(1,33). Aquí se va ya apuntando hacia la cuestión de la evangelización de los no judíos.

 

3.3.4.- La espada que traspasará el alma de María ha de ser vinculada a la caída de muchos en Israel y a la revelación de los pensamientos secretos de muchos; es decir, del endurecimiento frente a la Buena Noticia del Evangelio. María sufrirá al ver a su hijo, el Mesías, consuelo de Israel, convertirse en un signo de contradicción. En cuanto a la liberación de Jerusalén de la que habla Ana, es un aspecto del proyecto de Dios que será entorpecido por la libertad humana[4].

 

 

Los Padres de la Iglesia nos iluminan

 

El Salmo tres culmina con las siguientes palabras: En el Señor se encuentra la salvación. Tu bendición, Señor, venga sobre tu pueblo.  Estas palabras y la fiesta que hoy celebramos nos traen a la memoria lo hecho en este día por José y María en cumplimiento de los designios del Señor.  Y de esta manera, según su benevolencia, quedó cumplida toda la Ley. Simeón toma en sus brazos a un niño de apenas cuarenta días y confiesa con todo su ser: él es el Dueño,  el Mesías prometido por el Espíritu Santo, el Señor, el verdadero Dios.

Realmente Simeón era un hombre  justo y piadoso tal y como lo describe el Evangelio, pues de no haber sido así no habría reconocido al Señor que da la vida y la muerte y tampoco habría exclamado: ¡mis ojos han visto tu salvación, que has preparado para todas las naciones! Son muy semejantes a las de Simeón las palabras que resuenan al final del tercer Salmo: En el Señor se encuentra la salvación. Tu bendición, Señor, venga sobre tu pueblo.

¡Miren y admiren cómo las misteriosas palabras del Salmo concuerdan con las palabras referidas por el anciano Simeón a la obra salvadora de Cristo! Simeón todavía añade: Luz para iluminar a los paganos y gloria para tu pueblo, Israel. Acerca de esta luz para los paganos también habla Isaías: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.

Simeón bendijo a los padres y al niño y dijo a María, su madre: Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,  y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos. Pero a ti misma una espada te atravesará el alma. Semejantes palabras no  suenan a bendición a oídos que se tienen por piadosos. Nosotros sin embargo las aceptamos como palabras plenamente proféticas y como una bendición dado que se han cumplido cabalmente[5].

 

pmaxalexander@gmail.com


[1] . Ratzinger-Benedicto XVI, La infancia de Jesús, (traducción de J. Fernando del Río), Buenos Aires 2012, pp. 87-88.

[2] Adaptado de: R. Schulte, Los misterios de la prehistoria de Jesús, en:  J. Feiner-M. Löhrer, Mysterium Salutis,-Manual de teología como historia de salvación-, V. III, Madrid 19802, pp. 606-607.

[3] J. Ratzinger-Benedicto XVI, ibid,  pp. 89-92. 94.

[4] Y. Saoot, Evangelio de Jesucristo según san Lucas, Estella, Navarra 2007, (CB 137), pp. 19-20

[5] Abraham de Éfeso, Homilía para la Presentación del Señor, traducida de: Abtei Mariendonk,Kirchenväterauslegungen zum Lesejahr C, pp. 234-235.  San Abraham de Éfeso fue monje y fundó hacia la mitad del siglo 6º monasterios en Jerusalén y  Constantinopla, la hodierna Estambul. Después del año 542 (ó 553) fue obispo de Éfeso,- cuyas ruinas están cerca de la actual Seçuk. Abraham nos es conocido como autor de dos homilías, una para la Anunciación del Señor y la segunda para la Presentación-Encuentro. En la 1ª menciona que la fiesta de la Presentación había sido introducida hacía poco. Esto lo convierte en el testigo más antiguo  de la existencia de dicha fiesta. Su memoria litúrgica se celebra  el 28-10. Noticia biográfica traducida de:

http://www.heiligenlexikon.de/BiographienA/Abraham_von_Ephesus.html#

Páginas