Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Departamento de Liturgia

Comentarios a las lecturas del Domingo.

DECIMOSÉPTIMO DOMINGO DURANTE EL

TIEMPO,

Ciclo “C”

27-28 de julio 2013

 

 

Mujer en actitud de oración

 

 

 

 

Introducción

 

0.1.- Guiados por San Lucas, continuamos peregrinando con Jesús hacia Jerusalén, el pasado domingo hacíamos un alto en el camino y el evangelio nos iniciaba a la oración en la casa de Marta y María,  hoy nos metemos de lleno en las enseñanzas de Jesús sobre la oración.

 

0.2.- El relato de la intercesión de Abrahán en favor de las depravadas ciudades de Sodoma y Gomorra muestra que los castigos de Dios no son consecuencia de un decreto irrevocable. La intercesión de los que conocen el amor de Dios-, ¡sus amigos!-, es capaz de reavivar su misericordia. San Lucas nos trae una serie de enseñanzas de Jesús sobre esa misma temática: el Señor nos invita a pedir con confianza total, asegurándonos que la oración sincera es escuchada: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Dios, es el mejor de los padres y no puede mandar ni desear nada dañino para nosotros, sus hijos.

 

0.3.- Volvemos a toparnos con la imagen del amigo[1]: si un amigo y vecino nuestro es incapaz de despedirnos con las manos vacías, aun en la menos favorable de las circunstancias, ¡con mucha mayor razón Dios,- que es nuestro mejor amigo-, escuchará nuestros pedidos! Y tengamos en cuenta, además, que nosotros  no lo importunamos jamás (Lc 18,1-8).

Todo esto, ¡y mucho más!, encuentra su mejor expresión en la oración que el Señor enseña a sus discípulos: Dado que hemos hecho nuestras las preocupaciones de Dios: que su Nombre sea conocido y reconocido y que su Reino venga, el nos asegura que hace suyas nuestras preocupaciones. ¡Vemos cómo el intercambio de ese amor  solidario que hace suyo las preocupaciones del Otro y de los otros, queda plasmado en el padrenuestro, resumen de todo el Evangelio y por eso mismo fundamento y corazón de toda oración cristiana.

 

 

COMENTARIO BÍBLICO

 

Primera Lectura: Génesis 18,20-32

 

1.1.-Habiendo creído en Dios (Gn 15,6), marchando en su presencia y en alianza con él, el patriarca está dispuesto a acoger en su tienda al Huésped misterioso: es la admirable hospitalidad de Mambré, preludio a la anunciación del verdadero Hijo de la promesa (Lc 1,26-38). Desde entonces, habiéndole confiado Dios su plan, el corazón de Abraham está en consonancia con la compasión de su Señor hacia los hombres y se atreve a interceder por ellos con una audaz confianza (cf. Gn 18,16 -33) (CIC 2571).

A medida que Abrahán entra en sintonía con Dios, descubre su responsabilidad hacia los demás. Son extranjeros, paganos, pecadores, alejadísimos de Dios, y sin embargo se siente de algún modo cercano a ellos. También por este camino,- ¡en realidad atajo!, se convierte en bendición para todos los pueblos:

Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios…   En la intercesión, el que ora busca «no su propio interés sino el de los demás» (Flp 2,4), hasta rogar por los que le hacen mal (CIC 2635).

 

1.2.- La intercesión excluye cualquier asomo de paternalismo o superioridad, exige aquella profunda humildad que es la única capaz de lograr la fraternidad. También es esto Abrahán es un maestro: Yo que no soy más que polvo y ceniza. Estas palabras no son simple expresión de un ‘galanteo religioso’, sino percepción profunda de quien acercándose a Dios, descubre una riqueza que convierte en  migajas cualquier otra riqueza.

Cuando la oración brota de un corazón pobre la oración llega ineluctablemente hasta Dios: El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio  (Salmo responsorial).

 

 

Segunda Lectura: Carta a los Colosenses 2,12-14

 

2.1.- “La idea central de este breve fragmento -¡tres versículos!- es el nexo entre el misterio pascual de Cristo y el misterio de la vida cristiana. Para expresarlo, san Pablo, no encontrando en la lengua griega de entonces el vocabulario adecuado, creó una serie de verbos, compuestos del prefijo ‘syn’ (=»junto con»), y que resulta imposible traducirlos con una sola palabra: «ser-co-sepultado», «con-resucitar» (v. 12), «dar-vida-en» (v.13; Ef 2,6 dice, «sentar-en-el-cielo-con»). Estos verbos quieren expresar que en el plan del Padre nosotros formamos una sola cosa con Jesucristo, de modo que en todos sus misterios redentores nosotros estábamos presentes, tanto en el designio del Padre como en la intención de Jesucristo que los llevaba a término. Cuando moría corporalmente y era sepultado, con él moríamos nosotros al pecado, y cuando el Padre lo resucitaba y lo hacía sentar a su derecha, con él nos resucitaba a una nueva vida y nos exaltaba junto a él”[2].


Evangelio: san Lucas 11,1-13

 

3.1.- Mientras Mateo introduce el Padrenuestro con una pequeña catequesis sobre la oración en general, en Lucas lo encontramos en otro contexto: en el camino de Jesús hacia Jerusalén. Lucas presenta la oración del Señor con la siguiente observación: Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar…» (11, 1). El contexto, pues, es el encuentro con la oración de Jesús, que despierta en los discípulos el deseo de aprender de Él cómo se debe orar. Esto es bastante característico de Lucas, que reserva un lugar muy destacado en su Evangelio a la oración de Jesús. Toda la obra de Jesús brota de su oración, es su soporte. Así, acontecimientos esenciales de su vida, en los que se va desvelando poco a poco su misterio, aparecen como acontecimientos de oración.  (…)

 

3.2.- Resulta significativo, pues, que Lucas ponga el Padrenuestro en relación con la oración personal de Jesús mismo. Él nos hace partícipes de su propia oración, nos introduce en el diálogo interior del Amor trinitario, eleva, por así decirlo, nuestras necesidades humanas hasta el corazón de Dios. Pero esto significa también que las palabras del Padrenuestro indican la vía hacia la oración interior, son orientaciones fundamentales para nuestra existencia, pretenden conformarnos a imagen del Hijo. El significado del Padrenuestro va más allá de la comunicación de palabras para rezar. Quiere formar nuestro ser, quiere ejercitarnos en los mismos sentimientos de Jesús (cf. Flp 2,5). Para la interpretación del Padrenuestro esto tiene un doble significado. Por un lado, es muy importante escuchar lo más atentamente posible la palabra de Jesús tal como se nos ha transmitido a través de las Escrituras. Debemos intentar descubrir realmente, lo mejor que podamos, lo que Jesús pensaba, lo que nos quería transmitir con esas palabras. Pero debemos tener presente también que el Padrenuestro procede de su oración personal, del diálogo del Hijo con el Padre. Esto quiere decir que tiene una profundidad que va mucho más allá de las palabras. Comprende la existencia humana de todos los tiempos en toda su amplitud y, por tanto, no se puede sopesar con una interpretación meramente histórica, por más importante que sea.

 

3.3.- En Mateo, la oración del Señor está precedida por una breve catequesis sobre la oración que, ante todo, nos quiere prevenir contra las formas erróneas de rezar. La oración no ha de ser una exhibición ante los hombres; requiere esa discreción que es esencial en una relación de amor. Nos dice la Escritura que Dios se dirige a cada uno llamándolo por su nombre, que ningún otro conoce (cf. Ap 2,17). El amor de Dios por cada uno de nosotros es totalmente personal y lleva en sí ese misterio de lo que es único y no se puede divulgar ante los hombres. Esta discreción esencial de la oración no excluye la dimensión comunitaria: el mismo Padrenuestro es una oración en primera persona del plural, y sólo entrando a formar parte del «nosotros» de los hijos de Dios podemos traspasar los límites de este mundo y elevarnos hasta Dios. No obstante, este «nosotros» reaviva lo más íntimo de mi persona; al rezar, siempre han de compenetrarse el aspecto exclusivamente personal y el comunitario (…) mutuamente.

 

3.4.- Mientras Mateo nos ha transmitido el Padrenuestro en la forma con que la Iglesia lo ha aceptado y utilizado en su oración, Lucas nos ha dejado una versión más breve. La discusión sobre cuál sea el texto más original no es superflua, pero tampoco decisiva. Tanto en una como en otra versión oramos con Jesús, y estamos agradecidos de que en la forma de las siete peticiones de Mateo esté más claramente desarrollado lo que en Lucas parece estar sólo bosquejado.

Antes de entrar en la explicación de cada parte, veamos brevemente la estructura del Padrenuestro en Mateo. Consta de una invocación inicial y siete peticiones. Tres de éstas se articulan en torno al «Tú» y cuatro en torno al «nosotros».

 

3.4.1.- Las tres primeras se refieren a la causa misma de Dios en la tierra; las cuatro siguientes tratan de nuestras esperanzas, necesidades y dificultades. Se podría comparar la relación entre los dos tipos de peticiones del Padrenuestro con la relación entre las dos tablas del Decálogo, que en el fondo son explicaciones de las dos partes del mandamiento principal, -el amor a Dios y el amor al prójimo-, palabras clave que nos guían por el camino del amor. De este modo, también en el Padrenuestro se afirma en primer lugar la primacía de Dios, de la que se deriva por sí misma la preocupación por el modo recto de ser hombre. También aquí se trata ante todo del camino del amor, que es al mismo tiempo un camino de conversión.

 

3.4.2.- Para que el hombre pueda presentar sus peticiones adecuadamente tiene que estar en la verdad. y la verdad es: «Primero Dios, el Reino de Dios» (Cf. Mt 6,33). Antes de nada hemos de salir de nosotros mismos y abrirnos a Dios. Nada puede llegar a ser correcto si no estamos en el recto orden con Dios. Por eso, el Padrenuestro comienza con Dios y, a partir de Él, nos lleva por los caminos del ser hombres. Finalmente, llegamos hasta la última amenaza con la cual el Maligno acecha al hombre: se nos puede hacer presente la imagen del dragón apocalíptico, que lucha contra los hombres que guardan los mandatos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús (Ap 12,17).

 

3.4.3.- Pero siempre permanece la invocación inicial: Padre (nuestro). Sabemos que Él está con nosotros, que nos lleva de la mano y nos salva. En su libro de Ejercicios espirituales, el padre Hans-Peter Kolvenbach habla de un staretz ortodoxo que insistía en «hacer entonar el Padrenuestro siempre con las últimas palabras, para ser dignos de finalizar la oración con las palabras del comienzo: «Padre nuestro»». De este modo –explicaba el staretz-, se recorre el camino pascual: «Se comienza en el desierto con las tentaciones, se vuelve a Egipto, luego se recorre la vía del éxodo con las estaciones del perdón y del maná de Dios y, gracias a la voluntad de Dios, se llega a la tierra prometida, el Reino de Dios, donde Él nos comunica el misterio de su Nombre: «Padre nuestro» (p. 65s).

Ojalá que ambos caminos, el ascendente y el descendente, nos recuerden que el Padrenuestro es siempre una oración de Jesús, que se entiende a partir de la comunión con Él. Rezamos al Padre celestial, que conocemos a través del Hijo; y así, en el trasfondo de las peticiones aparece siempre Jesús. (…) Por último, dado que el Padrenuestro es una oración de Jesús, se trata de una oración trinitaria: con Cristo mediante el Espíritu Santo oramos al Padre.

 

3.5.- (…) A partir de Jesús, lo primero que tenemos que aprender es qué significa precisamente la palabra «padre». En la predicación de Jesús el Padre aparece como fuente de todo bien, como la medida del hombre recto (“perfecto”): Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen. Así ustedes serán hijos de su Padre que está en cielo, que hace salir el sol sobre buenos y malos… (Mt5,44s). El amor que llega hasta el extremo» (Cf. Jn 13,1), que el Señor ha consumado en la cruz orando por sus enemigos, nos muestra la naturaleza del Padre: este amor es Él. Puesto que Jesús lo pone en práctica, Él es totalmente «Hijo» y, a partir de este criterio, nos invita a que también nosotros seamos «hijos». (…) Veamos otro texto más. El Señor recuerda que los padres no dan una piedra a sus hijos que piden pan, y prosigue: «Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden?» (Mt 7, 11). Lucas especifica las «cosas buenas» que da el Padre cuando dice: Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan. Esto quiere decir: el don de Dios es Dios mismo. La «cosa buena» que nos da es Él mismo. En este punto resulta sorprendentemente claro que lo verdaderamente importante en la oración no es esto o aquello, sino que Dios se nos quiere dar. Éste es el don de todos los dones, lo «único necesario» (cf. Lc 10,42)[3]. ¡Laoración es un camino para purificar poco a poco nuestros deseos, corregirlos e ir sabiendo lo que necesitamos de verdad: a Dios y a su Espíritu![4]

 

 

Los Maestros de la fe nos enseñan

 

[Querido hijo], ¿qué necesidad tengo de inoportunas digresiones para demostrar la utilidad de las cosas que los israelitas tomaron de Egipto, cosas de que los egipcios no usaban debidamente, y los hebreos, inspirados por la sabiduría de Dios, dedicaron a la religión de Dios? Sin embargo, la divina Escritura sabe que para algunos fue un mal haber bajado de la tierra de los hijos de Israel a Egipto; con ello da misteriosamente a entender ser para algunos un mal habitar entre los egipcios, es decir, entre las enseñanzas de este mundo, después que se criaron en la ley de Dios y en el culto que le tributa Israel. Ahí está, por ejemplo, Adad, idumeo, que, mientras estuvo en tierra de Israel y no gustó de los panes de los egipcios, no fabricó ídolos. Pero, cuando, huyendo del sabio Salomón, bajó a Egipto, como quien huyera de la sabiduría de Dios, se emparentó con el faraón, casándose con la hermana de la mujer de éste, de la que tuvo un hijo, que se crió entre los familiares del faraón. Por eso, si es cierto que volvió a la tierra de Israel, para escindir al pueblo de Dios volvió, para hacerle decir ante el novillo de oro: Estos son tus dioses, ¡oh Israel!, que te sacaron de la tierra de Egipto. Y yo, que lo sé por experiencia, “puedo decir ser raro el que, tomando lo útil de Egipto y saliéndose de aquí, fabrique con ello lo que atañe al culto de Dios. Muchos, en cambio, son los hermanos del idumeo Adad. Y .éstos son los que, por cierta erudición helénica, engendran ideas” heréticas y construyen, como si dijéramos, novillos de oro, en Bethel, .que se interpreta casa de Dios. Paréceme a mí que con esto nos da misteriosamente a entender la palabra divina, que erigieron estatuas de sus propias fantasías en las Escrituras, en que mora la palabra de Dios, llamadas figuradamente casa de Dios. La otra estatua dice la palabra divina haberse erigido en Dan. Ahora bien, los confines de Dan son ya fronterizos y lindan con las fronteras paganas, como se ve por lo que se escribe en el libro de Josué. Cerca, pues, de los límites paganos están algunas de las fantasías que se inventaron, como hemos señalado, los hermanos de Adad.

Tú, pues, señor e hijo mío, atiende principalmente a la lectio de las Escrituras divinas; pero atiende. Pues de mucha atención tenemos necesidad quienes leemos lo divino, a fin de no decir ni pensar nada temerariamente acerca de ello. Y a par que atiendes a la lectio de las cosas divinas con intención fiel y agradable a Dios, llama y golpea a lo escondido de ellas, y te abrirá aquel portero de quien dijo Jesús: A éste le abre el portero. Y al mismo tiempo  que atiendes a la lectio divina, busca con fe inconmovible en Dios el sentido de las letras divinas, escondido a muchos. Pero no te contentes con golpear y buscar, pues necesaria es de todo punto la oración pidiendo la inteligencia de lo divino. Exhortándonos a ella el Salvador, no sólo dijo: Llamen y se les abrirábusquen y encontraránsino tambiénPidan y se les dará.

Todo esto me he atrevido a decirte por el paterno amor que te profeso. Si he hecho bien en atreverme o no, Dios lo sabe y su Cristo, y el que participe del espíritu de Dios y de su Cristo. ¡Ojalá tú también participes y pidas participar, a fin de que digas no sólo: Nos hemos hecho partícipes de Cristo, sino también: Nos hemos hecho partícipes de Dios[5].

 

pmaxalexander@gmail.com


[1] Marta, María y Lázaro, amigos de Jesús (ver Jn 11,5); Abrahán, el amigo del Señor (Is 41,8; St 2,23).

[2] H. Raguer, Misa Dominical 1977, 14. Adaptado de www.mercaba.org

[3] ¡El Evangelio del domingo anterior!

[4] J. Ratzinger,- Benedicto XVI -, Jesús de Nazaret,-  Primera Parte: Desde el Bautismo a la Transfiguración, (Traducción de C. Bas Álvarez), Madrid, México, Buenos Aires 20071, pp. 165-170. Abreviado y seleccionado.

[5] De la carta de Orígenes a su discípulo Gregorio el Taumaturgo, Adaptado de: Gregorio Taumaturgo “Elogio del Maestro Cristiano”, Nos 3-4, versión electrónica. Orígenes nació hacia el 185 en una familia cristiana de Alejandría, su padre murió mártir durante la persecución de Severo (202). Como su patrimonio había sido confiscado por la administración imperial tuvo que dedicarse a la enseñanza para subsistir y sostener a su familia. Se le confió la escuela de catecúmenos de Alejandría, que dirigió llevando una vida ejemplar. Durante el período que va del 203 al 231, en que dirigió dicha escuela, viajó a Roma, Arabia y a Palestina con ocasión del saqueo de Alejandría por Caracalla. Ordenado sacerdote de paso por Cesárea. Demetrio de Alejandría, quien según Eusebio, movido por la envidia, convocó un sínodo en el que, argumentando que un castrado no podía recibir la ordenación sacerdotal,  excomulgó a Orígenes. En el 231 otro sínodo lo depuso del sacerdocio. A la muerte de Demetrio (232), Orígenes regresó a Alejandría, pero Heracles, el nuevo obispo,- ¡antiguo discípulo suyo! -, renovó la excomunión. Ante aquella situación Orígenes partió a Cesárea de Palestina, comenzando así una etapa distinta de su vida, pues el obispo de esta ciudad lo invitó a fundar allí una [nueva] escuela de teología. Hacia el 244 volvió a Arabia, logrando convencer al obispo de Bostra, Berilo, del error de su monarquianismo. Tras pasar por numerosas penalidades durante la persecución de Decio, murió en Tiro el año 253.

“(…) Los invito a acoger en su corazón la enseñanza de [Orígenes] este gran maestro en la fe, el cual nos recuerda con entusiasmo que, en la lectura orante de la Escritura y en el compromiso coherente de la vida, la Iglesia siempre se renueva y rejuvenece. La palabra de Dios, que ni envejece ni se agota nunca, es medio privilegiado para ese fin. En efecto, la palabra de Dios, por obra del Espíritu Santo, nos guía continuamente a la verdad completa. Pidamos al Señor que nos dé hoy pensadores, teólogos y exégetas que perciban estas múltiples dimensiones, esta actualidad permanente de la sagrada Escritura, su novedad para hoy”. (§ tomado de la catequesis sobre Orígenes de Benedicto XVI, 25-04-2007).

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