Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Departamento de Liturgia

Comentarios a las Lecturas del Domingo.

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA, Ciclo “C”

13-14 de febrero 2016

 

Jesús tentado por el diablo

[Pintura sobre madera, Zillis (GR), Suiza; anterior al año 1200]

Introducción

 

0.1.1.- En los apuros de la vida hay que tener la valentía de detenerse y elegir. Y el tiempo cuaresmal sirve precisamente para esto: al inicio del camino cuaresmal, la Iglesia nos hace reflexionar sobre las palabras de Moisés (Dt+ 32,15-20) y de Jesús: “Tú debes elegir”. Se trata, por lo tanto, de reflexionar sobre la necesidad que todos nosotros tenemos de hacer elecciones en la vida. Y Moisés es claro: Mira, yo pongo ante ti la vida y el bien, la muerte y el mal: elige. En efecto, el Señor nos ha dado la libertad, una libertad para amar, para caminar por sus caminos. Y de este modo somos libres y podemos elegir. Lamentablemente no es fácil elegir. Es más cómodo vivir dejándose llevar por la inercia de la vida, de las situaciones, de las costumbres. Por ello hoy la Iglesia nos dice: “Tú eres responsable; tú debes elegir”. He aquí entonces los interrogantes: ¿Tú has elegido? ¿Cómo vives? ¿Cómo es tu modo de vida, tu estilo de vida? ¿Está de la parte de la vida o de la parte de la muerte?

 

0.1.2.- Naturalmente la respuesta tendría que ser la de elegir el camino del Señor. Te pido que ames al Señor. Y así Moisés nos hace ver el camino del Señor: Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos, yo les anuncio hoy que se perderán irremediablemente. Elegir entre Dios y los demás dioses, esos que no tienen el poder de darnos nada, sólo pequeñas cositas que pasan. Seamos conscientes de que «siempre tenemos esa costumbre de ir un poco donde va la gente, un poco como todos. Hoy la Iglesia nos dice: “Detente y elige”. Es un buen consejo. Y hoy nos hará bien detenernos y durante la jornada pensar: ¿cómo es mi estilo de vida? ¿Por qué caminos voy?

Por lo demás, en la vida diaria tendemos a la actitud opuesta. Muchas veces vivimos corriendo, vivimos apurados, sin darnos cuenta cómo es el camino; y nos dejamos llevar por las necesidades, por las necesidades del día, pero sin pensar.

De aquí la invitación a detenerse: Comienza la Cuaresma así, con pequeñas preguntas que ayudarán a pensar: “¿Cómo es mi vida?”. La primera cuestión a plantearse es: “¿quién es Dios para mí? ¿Elijo al Señor? ¿Cómo es mi relación con Jesús?”. Y la segunda: “¿Cómo es la relación con los tuyos; con tus padres; con tus hermanos; con tu esposa; con tu marido; con tus hijos?”. En efecto, son suficientes estas dos preguntas y seguramente encontraremos cosas que tenemos que corregir[1].

El descenso del Espíritu sobre Jesús con que termina la escena del bautismo significa algo así como la investidura formal de su misión. Por ese motivo, los Padres no están desencaminados cuando ven en este hecho una analogía con la unción de los reyes y sacerdotes de Israel al ocupar su cargo. La palabra «Cristo-Mesías» significa «el Ungido»: en la Antigua Alianza, la unción era el signo visible de la concesión de los dones requeridos para su tarea, del Espíritu de Dios para su misión. (…) La conclusión de la escena del bautismo nos dice que Jesús ha recibido esta «unción» verdadera, que Él es el Ungido esperado, que en aquella hora se le concedió formalmente la dignidad como rey y como sacerdote para la historia y ante Israel. Desde aquel momento, Jesús queda investido de esa misión.

 

0.1.3.- Los tres Evangelios sinópticos nos cuentan, para sorpresa nuestra, que la primera disposición del Espíritu lo lleva al desierto para ser tentado por el diablo (Mt 4, 1). La acción está precedida por el recogimiento, y este recogimiento es necesariamente también una lucha interior por la misión, una lucha contra sus desviaciones, que se presentan con la apariencia de ser su verdadero cumplimiento. Es un descenso a los peligros que amenazan al hombre, porque sólo así se puede levantar al hombre que ha caído. Jesús tiene que entrar en el drama de la existencia humana, -esto forma parte del núcleo de su misión-, recorrerla hasta el fondo, para encontrar así a «la oveja descarriada», cargarla sobre sus hombros y devolverla a la majada. El descenso de Jesús «a los infiernos» del que habla el Credo (el Símbolo de los Apóstoles) no sólo se realiza en su muerte y tras su muerte, sino que siempre forma parte de su camino: debe [recorrer] y recoger toda la historia desde sus comienzos -desde «Adán-, recorrerla y sufrirla hasta el fondo, para poder transformarla. La Carta a los Hebreos, sobre todo, destaca con insistencia que la misión de Jesús, su solidaridad con todos nosotros prefigurada en el bautismo, implica también exponerse a los peligros y amenazas que comporta el ser hombre: Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser compasivo y pontífice fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él había pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella (2, 17s). No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado (4, 15).

Así pues, el relato de las tentaciones guarda una estrecha relación con el relato del bautismo, en el que Jesús se hace solidario con los pecadores. Junto a eso, aparece la lucha del monte de los Olivos, otra gran lucha interior de Jesús por su misión. Pero las «tentaciones» acompañan todo el camino de Jesús, y el relato de las mismas aparece así -igual que el bautismo- como una anticipación en la que se condensa la lucha de todo su recorrido.

 

0.1.4.- Mateo y Lucas hablan de tres tentaciones de Jesús en las que se refleja su lucha interior por cumplir su misión, pero al mismo tiempo surge la pregunta sobre qué es lo que cuenta verdaderamente en la vida humana. Aquí aparece claro el núcleo de toda tentación: apartar a Dios que, ante todo lo que parece más urgente en nuestra vida, pasa a ser algo secundario, o incluso superfluo y molesto. Poner orden en nuestro mundo por nosotros solos, sin Dios, contando únicamente con nuestras propias capacidades, reconocer como verdaderas sólo las realidades políticas y materiales, y dejar a Dios de lado como algo ilusorio, ésta es la tentación que nos amenaza de muchas maneras…[2]

 

 

COMENTARIO BÍBLICO

 

El leccionario de los domingos de cuaresma

 

0.2.1.- Visión de conjunto.

Desde el primer momento es bueno señalar el hecho de que en este tiempo la temática de los diversos sistemas de lecturas es mucho más variada que en los otros ciclos litúrgicos. En el conjunto de los Leccionarios cuaresmales emergen con facilidad unas líneas de fuerza en las que debe centrarse la conversión cuaresmal. Esta conversión está muy lejos de limitarse a un mero mejoramiento moral. Es más bien una conversión radical a Cristo, el Hombre nuevo, para existir en Él (ver Col 2,7). Estás líneas de fuerza son las siguientes:

 

0.2.1.1.- La meditación en la historia de la salvación: realizada por Dios-Amor en favor de la persona humana creada a su imagen y semejanza. Debemos “convertirnos” de una vida egocéntrica, donde el ser humano vive encerrado en su mentira existencial, a una vida de comunión con el Señor, el Camino, la Verdad y la Vida, que nos lleva al Padre en el Espíritu Santo.

 

0.2.1.2.- La vivencia del misterio pascual como culminación de esta historia santa: debemos “convertirnos” de la visión de un Dios común a todo ser humano, a la visión del Dios vivo y verdadero que se ha revelado plenamente en su único Hijo, Cristo Jesús y en su victoria pascual presente en los sacramentos de su Iglesia: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”(Jn 3,16).

 

0.2.1.3.- El combate espiritual, que exige la cooperación activa con la gracia en orden a morir al hombre viejo y al propio pecado para dar paso a la realidad del hombre nuevo en Cristo. En otras palabras, la lucha por la santidad, exigencia que hemos recibido en el santo Bautismo.

 

0.2.2.- Las lecturas dominicales de Cuaresma tienen una organización unitaria, que hay que tener presente.

Las lecturas del Primer Testamento siguen su propia línea, que no tiene una relación directa con los evangelios, como el resto del año. Quieren trazar una línea importante para actualizar-vivir-comprender la Historia de la Salvación.

– Los Evangelios siguen también una temática organizada y propia.

– Y las lecturas que se hacen en segundo lugar, las apostólicas, están pensadas como complementarias de las anteriores.

  1. La primera lectura tiene en este tiempo de Cuaresma una intención clara: presentar los grandes temas de la Historia de la Salvación, para preparar el gran acontecimiento de la Pascua del Señor:

En el Ciclo C, las etapas de la Historia de la salvación se ven más bien desde el prisma del culto (ofrenda de primicias, celebración de la Pascua, etc.).

Estas etapas representan una vuelta a las fuentes: la historia de las actuaciones salvíficas de Dios, que preparan el acontecimiento central: el misterio Pascual del Señor Jesús. Hay que tener en cuenta esta progresión, para no perder de vista la marcha hacia la Pascua.

  1. La lectura Evangélica tiene también su coherencia independiente a lo largo de las seis semanas:

– Domingo primero: el tema de las tentaciones de Jesús en el desierto, leídas en cada ciclo según su evangelista; el tema de los cuarenta días, el tema del combate espiritual.

– Domingo segundo: la Transfiguración, leída también en cada ciclo según el propio evangelista; de nuevo el tema de los cuarenta días (Moisés, Elías, Cristo) y la preparación pascual; la lucha y la tentación llevan a la vida.

– Domingo tercero, cuarto y quinto: presentación de los temas catequéticos de la iniciación cristiana: el agua, la luz, la vida.

En el Ciclo C: se destacan los temas de conversión y misericordia: iniciación no ya principalmente a los Sacramentos de Iniciación, sino a otro Sacramento cuaresmal-pascual: la ReconciliaciónPenitencia.

Se debe tener en cuenta esta unidad para ir desentrañando los diversos aspectos de la marcha hacia la Pascua, no quedándose, por ejemplo en el tema de la tentación o de la penitencia, sino entrando también a los temas bautismales: Cristo y su Pascua son para nosotros la clave del agua viva, de la luz verdadera y de la nueva vida.

  1. La segunda lectura está pensada como complemento de los grandes temas de la Historia de la Salvación y de la preparación evangélica a la Pascua. Temas espirituales, relativos al proceso de fe y conversión y a la concretización moral de los temas cuaresmales: la fe, la esperanza, el amor, la vida espiritual, hijos de la luz, etc.[3]

 

 

Primera Lectura: Deuteronomio 26,1-2. 4-10

 

1.1.- En este primer domingo de la santa cuarentena, -así la llaman nuestros hermanos Ortodoxos-, la Primera Lectura con el Evangelio nos invitan a plantearnos, a formularnos una pregunta fundamental: “¿ante quién, ante qué, me postro?”, “¿quién es mi amo y señor?” No es cuestión de no servir a ningún señor: ¡pura ilusión! Se trata justamente de averiguar a quién, a qué sirvo, ante qué y quienes me arrodillo…

 

1.2.- En la profesión de fe que el Deuteronomio manda hacer al israelita que ofrece las primicias de su cosecha, hay dos confesiones, dos reconocimientos.

En primer lugar: mi padre no era más que un vagabundo errante, que se desplazaba por los caminos del mundo sin meta y sin sentido: Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí…

En segundo lugar: nos encontrábamos sometidos a una terrible opresión. El texto insiste y subraya este punto mediante el empleo de un doble “trío” de palabras: Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre…, el Señor vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión. Gemíamos bajo el poder de quien no nos amaba y nos explotaba, sin posibilidades de liberarnos.

Gritamos y el Señor nos liberó y nos dio gratuitamente esta tierra. Presento estos frutos de la tierra como testimonio de que lo recuerdo muy bien, de que no lo he olvidado, por eso y como expresión de gratitud hago el gesto de postrarme en presencia del Señor: “Sé muy bien que estos productos de mi esfuerzo y mi trabajo son un regalo, puro don”: El Señor nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel. Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me diste. Tú depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás ante el Señor, tu Dios…

 

1.3.- ¿Ante quién/qué/quienes me postro/nos postramos? ¿A qué/quienes/quién debo mi vida/debemos nuestras vidas? Cada uno pida discernimiento, pídaselo al Señor y responda.

Como cristianos, reconocemos que también nosotros fuimos rescatados de andar errantes y sin una meta: Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes (1Pe 2,25). En un mundo como el nuestro en el que abundan las propuestas y solicitaciones de todo tipo y especie es facilísimo andar flotando sin comprometerse con nada y con nadie, postrándonos ante lo que fascina, y complace, ídolos del momento y por lo que dura una pompa de jabón…

Como cristianos que caminamos hacia la Pascua, liberados de todo señorío, sobre todo del pecado y de la muerte, la cuaresma nos llama a ser memoriosos, a vivir en la ‘esencialidad’, recordando que nuestra vida depende de un solo Señor: sólo a Él adorarás (Lc 4,8) y con Él, por Él y en Él serás señor de todo y de todos, sirviendo a todos, como el Hijo del hombre, que no vino a ser servido, sino a servir y dar la vida por aquellos que tanto ama el Padre, que nos entregó y nos entrega a su Hijo…, porque nadie tiene mayor amor que aquel que da su vida por los que ama.

 

 

Segunda Lectura: Carta de san Pablo a los Romanos 10,8-13

 

2.1.- En el contexto general de los capítulos 9-10 de Romanos, sobre Israel y su destino, aparecen estos versículos, importantísimos para una concepción profunda y auténtica de la fe. La fe aquí como en otros tantos lugares bíblicos, no es sólo el asentimiento intelectual, aunque lo incluye, sino la actitud total del hombre. El externo (“boca”, “labios”) y el interno (“corazón”). Todo el yo comprometido.

El contenido de esa fe es reconocer y aceptar al Señor Jesús Resucitado. Creer que vive después de su muerte. Pero no sólo es reconocer un milagro del poder de Dios. Es que las pretensiones de Jesús han recibido el sí de Dios al resucitarlo, exaltarlo, glorificarlo y colocarlo a su derecha. Por tanto, el señorío de Jesús es total sobre cada uno de nosotros, tal como él quería ser Señor en su vida.

Es Señor, mi Señor. No por imposición, sino por establecer una relación profunda con Él, de aceptación y, en último término, de amor, de entrega mutua y absoluta. La suya ya ha sido hecha.

¡Queda la nuestra por hacer!

Por eso la Resurrección es esencial. Hemos de establecer relación con un ser vivo. No con un recuerdo. Este es el punto central de estos pocos versos. El resto son consecuencias. No hay diferencias entre los hombres. No para llegar a la fe, sino para vivirla, una vez en ella. Las diferencias de tiempos, lugares y demás han de ser consideradas a esta luz[4].

 

 

Evangelio: san Lucas 4,1-13

 

3.1.- Sólo sobre el telón de fondo de toda la Historia de la Salvación es posible entender correctamente el-misterio-salvífico-oculto en las tentaciones padecidas por Jesús. Como en un teatro de sombras, el teatro es el mundo, vemos aparecer a Adán y a Eva, a todo hombre y mujer, que ante la orden de Dios: ustedes pueden comer de todos los frutos…, menos del fruto del árbol del bien y del mal, ve nacer en su corazón la frustración, porque verse privado de una sola posibilidad, equivale a sentirse privado de todas las posibilidades: ‘si no lo puedo todo, entonces nada puedo’.

 

3.1.1.- La sabiduría que nos regala la Palabra de Dios nos permite descubrir que apoyándose en esta frustración la antigua Serpiente (Ap. 12,9; 20,2) encuentra el punto de apoyo para la palanca con la cual pretender mover y conmover los cimientos del universo: esa palanca se llama miedo a la muerte: el día que coman, no morirán, sino todo lo contrario

Al primer Adán se contrapone el nuevo Adán (Rm. 5,14), Jesús de Nazaret, nacido de Mujer y de Espíritu Santo, fue tentado como todo hombre que viene a este mundo, PERO, sin cometer pecado (Heb. 4,15). Allí donde todo Adán y toda Eva caen, -¡caemos!-, Jesús ha luchado y ha vencido: …, para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida y el que venció en un árbol fuera en un árbol vencido (Prefacio de la santa Cruz) …

 

3.2.- Nuestra madre, la Iglesia, cuando nos invita a actualizar y vivir los misterios de la vida de Cristo, no lo hace para que pongamos en primer plano las exigencias que dicho misterio nos plantea, sino para que fijemos la atención en lo que dicho misterio nos da, nos regala: ¡en este terreno el orden de los factores SI altera el producto! Las exigencias son una consecuencia del don recibido y no a la inversa. Ponerse en seguida a dilucidar lo que se exige de nosotros sin antes descubrir lo que nos da y concede es un grave, aun que muy común, error. Equivale a transformar la Buena Noticia (el Evangelio) en malísima noticia: Si el Evangelio no fuera otra cosa que una serie de exigencias por parte de Dios, lo más conveniente sería no conocer a Dios ni sus exigencias, ya que ser evangelizados equivaldría a hacer aun más pesada la pesada mochila de la vida.

Jesús asumió y vivió todas las realidades humanas. Todo lo vivido por él se nos ha transformado en un ámbito de salvación, en experiencia de vida, -¡y no de muerte!-. A todo lo que Jesús asumió, le extrajo el veneno, destruyendo su capacidad de destrucción y de muerte. Todo lo asumido por él, ha quedado redimido al haberlo asumido libremente, por la pura gratuidad de ‘ser-con-nosotros’, de ‘estar-con-nosotros’ (= Emanuel), por eso es que se transforma para nosotros en Fuente de Vida.

 

3.3.- Esto es así también para el misterio de las tentaciones de Jesús: ¡es indispensable que descubramos que la tentación de Jesús constituye un hecho positivo, un regalo, una Buena Noticia!

¿Dónde y cómo descubrir el valor salvífico de la tentación?

Lo es, porque gracias a la tentación de Jesús, las tentaciones padecidas por nosotros ya no tienen poder de vida y muerte: se han transfigurado en un ámbito de vida, en un lugar en el que es posible experimentar la victoria resucitadora del Evangelio.

¿Locura? ¡Paradoja!

Muchísimas veces, consciente o inconscientemente, identificamos la tentación con el pecado. ¡No! El ser tentado no constituye un pecado. Jesús está total y absolutamente libre de pecado, y sin embargo fue tentado. La tentación, en cuanto tal, es algo inherente a la condición humana, aun no es pecado, de por sí es una ocasión de crecimiento. Se trata de una experiencia que me permite dar un salto cualitativo. Es algo así como una perla preciosa que viene a enriquecer mi tesoro. La tentación posee una función muy suya, nos revela lo que llevamos dentro, hace que nos conozcamos un poquito más, logra que nuestras convicciones y elecciones de vida sean profundizadas, confirmadas y ratificadas; ¡o, no!

El madurar y crecer en la fe necesitan de la experiencia de la tentación: Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la tentación (Sir 2,1). Este tipo de tentación recién comienza cuando hemos elegido servir al Señor, no antes. A nosotros, en cambio, ante ciertos pensamientos, ciertos estímulos negativos, nos entra un pánico atroz, como si el pecado ya hubiera cerrado sus fauces sobre nosotros. Este primer pinchazo no debe ponernos en estado de pánico, ya que no depende de la voluntad, y no hay ningún motivo para perder la calma y la confianza: también Jesús fue tentado, -y hay que tomar muy en serio esas tentaciones, pues no se trataba de hacer teatro, sino de que en cuanto y como verdadero hombre fue real y verdaderamente tentado-.

 

3.4.- Alguno, con toda razón, objetará: Jesús, el Hijo, nos enseña en el padrenuestro que le pidamos a su Padre y a nuestro Padre, no nos dejes caer en [la] tentación. Y en Getsemaní Jesús dice a los apóstoles, oren y velen, para no caer [no entrar] en tentación.

Nos es indispensable distinguir entre la tentación necesaria para el crecimiento en virtud probada y la tentación que conduce al pecado y a la muerte. En el padrenuestro no pedimos que se nos ahorre la fatiga de la elección, sino el no sucumbir eligiendo el camino del mal, del pecado y de la muerte…, y sólo somos capaces de no caer, porque Cristo en y con su Pascua venció en el árbol de la Cruz y nos asegura que al vencedor, le daré de comer del árbol de la vida, que se encuentra en el Paraíso de Dios (Ap. 2,7).

 

 

Los Maestros de la fe nos iluminan

 

La vida de los mortales está llena de insidiosos lazos, llena de un entramado de engaños tendidos al género humano por aquel intrépido cazador, según el Señor, llamado Nemrod. Y ¿quién sino el diablo, es el verdadero intrépido cazador, que osó rebelarse incluso contra Dios? De hecho, a los lazos de las tentaciones y a las trampas de las insidias se les llama redes del diablo. Y como el enemigo había tendido estas redes por doquier y había cazado en ellas a casi todos, fue necesario que se presentase alguien lo suficiente fuerte y poderoso para romperlas, dejando así vía libre a sus seguidores. Por lo cual, el mismo Salvador, antes de llegar a la unión nupcial con la Iglesia, es tentado por el diablo, para, vencidas las redes de las tentaciones, verla a través de ellas y a través de ellas llamarla a sí, enseñándola claramente y haciéndole patente que a Cristo ha de llegar no por el ocio y los deleites, sino a través de muchas tribulaciones y tentaciones. En realidad, no hubo ningún otro capaz de superar estas redes, pues, como está escrito, todos pecaron; y nuevamente la Escritura dice: No hay en el mundo nadie tan honrado que haga el bien sin pecar nunca. Y de nuevo: Nadie está limpio de pecado, ni el hombre de un solo día.

En consecuencia, nuestro Señor y Salvador, Jesús, es el único que no cometió pecado, pero el Padre le hizo expiar nuestros pecados, para que, en una condición pecadora como la nuestra, y haciéndolo víctima por el pecado condenara el pecado. Se acercó, pues, a estas redes, pero él fue el único que no quedó enredado en ellas; al contrario, rotas y destruidas las redes, dio a su Iglesia el coraje de pisotear los lazos, caminar sobre las redes y proclamar con entusiasmo: Hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió y escapamos.

Y ¿quién fue el que rompió la trampa? El único que no pudo ser retenido en ella, pues aunque murió, murió porque quiso y no como nosotros, forzados por las exigencias del pecado. El es el único que estuvo libre entre los muertos. Y porque estuvo libre entre los muertos, por eso, vencido el que tenía el dominio sobre la muerte, liberó a los que eran esclavos de la muerte. Y no sólo se resucitó a sí mismo de entre los muertos, sino que suscitó a la vida a los esclavos de la muerte y los sentó en el cielo con él. Pues al subir Cristo a lo alto llevando cautivos, se llevó no sólo las almas, sino que resucitó asimismo los cuerpos, como lo atestigua el evangelio: Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron, se aparecieron a muchos y entraron en la Ciudad santa del Dios vivo, en Jerusalén[5].

 

pmaxalexander@gmail.com

[1] Papa Francisco, Meditación diaria en Santa Marta: 19-02-2015. Adaptada.

[2] J. Ratzinger, – Benedicto XVI -, Jesús de Nazaret, – Primera Parte: Desde el Bautismo a la Transfiguración, (Traducción de C. Bas Álvarez), Madrid, México, Buenos Aires 20071, pp. 43-45 y 46. Levemente adaptado.

[3] Basado en:  P. G. Cabra y G. Zevini, Lectio Divina III: Tiempo de Cuaresma y Triduo Pascual, Estella (Navarra) 2007, cf.: http://lamparaestupalabra.blogspot.com

[4] F. Pastor, Dabar 1989,13. Tomado y levemente adaptado de: mercaba. Org.

[5] Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, homilía 3: GCS t. 8, 221, 19-223, 5. Orígenes nació hacia el 185 en una familia cristiana de Alejandría, su padre murió mártir durante la persecución de Severo (202). Como su patrimonio había sido confiscado por la administración imperial tuvo que dedicarse a la enseñanza para subsistir y sostener a su familia. Se le confió la escuela de catecúmenos de Alejandría, que dirigió llevando una vida ejemplar. Durante el período que va del 203 al 231, en que dirigió dicha escuela, viajó a Roma, Arabia y a Palestina con ocasión del saqueo de Alejandría por Caracalla. Ordenado sacerdote de paso por Cesárea. Demetrio de Alejandría, quien según Eusebio, movido por la envidia, convocó un sínodo en el que, argumentando que un castrado no podía recibir la ordenación sacerdotal, excomulgó a Orígenes. En el 231 otro sínodo lo depuso del sacerdocio. A la muerte de Demetrio (232), Orígenes regresó a Alejandría, pero Heracles, el nuevo obispo, -¡antiguo discípulo suyo!-, renovó la excomunión. Ante aquella situación Orígenes partió a Cesárea de Palestina, comenzando así una etapa distinta de su vida, pues el obispo de esta ciudad lo invitó a fundar allí una [nueva] escuela de teología. Hacia el 244 volvió a Arabia, logrando convencer al obispo de Bostra, Berilo, del error de su monarquianismo. Tras pasar por numerosas penalidades durante la persecución de Decio, murió en Tiro el año 253.

“(…) Los invito a acoger en su corazón la enseñanza de [Orígenes] este gran maestro en la fe, el cual nos recuerda con entusiasmo que, en la lectura orante de la Escritura y en el compromiso coherente de la vida, la Iglesia siempre se renueva y rejuvenece. La palabra de Dios, que ni envejece ni se agota nunca, es medio privilegiado para ese fin. En efecto, la palabra de Dios, por obra del Espíritu Santo, nos guía continuamente a la verdad completa. Pidamos al Señor que nos dé hoy pensadores, teólogos y exégetas que perciban estas múltiples dimensiones, esta actualidad permanente de la sagrada Escritura, su novedad para hoy”. (§ tomado de la catequesis sobre Orígenes de Benedicto XVI, 25-04-2007).

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