Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Departamento de Laicos (DELAI)

DE LAICOS Y DE OTRAS COSAS . . . MIRANDO AL XXXIII ENCUENTRO NACIONAL DE LAICOS

Por Emilia Conde

emilia_conde

Hoy nos proponemos mirar a los laicos atendiendo puntualmente al  XXXIII Encuentro Nacional de Laicos que tuvo lugar el sábado 17 de mayo en el Colegio Maturana, desde las 8 y media de la mañana hasta las 5 de la tarde.

El laico en misión

El Departamento de Laicos de la CEU, como otras instancias de Iglesia, tiene una larga y silenciosa historia, no siempre visible, pocas veces reconocida y escasamente registrada, aun por los propios laicos. Esto no es lo mejor, pero ¿podemos cambiarlo?

La convocatoria se hizo bajo el lema: -El Laico en Misión: “Salir a la Periferia”- de él se desprenden naturalmente, al menos dos consideraciones claras.

– La primera: Si hablamos de los Laicos y su Misión, hablamos de la Iglesia y su Misión.

El Ser y la Misión de la Iglesia y de cada uno de sus fieles, interactúan en un  dinamismo  de doble fidelidad permanente. Siendo, ante todo, fieles al Señor que nos envía y en consecuencia: fieles a aquellos a quienes nos ha enviado.

No decimos nada nuevo, pero en todo caso, ¿es necesario volver a decirlo?; ¿es necesario volver a escucharlo?

Salir a la periferia

-La segunda: Si hablamos de “Salir a la Periferia”, hablamos de nuestra relación con el mundo que se nos ha confiado y que aunque aparezca “ajeno” sigue siendo “mi  prójimo”. Hoy por hoy bastante mal herido  y al costado del camino. ¿Pasará algún samaritano por allí?

Pongamos un párrafo aparte para la relación Iglesia- Mundo en  estos tiempos en los que parecería que, de pronto, “lo que la Iglesia dice” se ha vuelto interesante, especialmente para los medios de comunicación.

Dos momentos

Las causas y consecuencias de este fenómeno son múltiples, y cuál será su duración, es un misterio. En todo caso, en nuestro país, vale recordar dos antecedentes.

 La colorida anécdota del debate parlamentario acerca de la permanencia de “la Cruz del Papa”,  y la no tan colorida, pero si  larguísima discusión, acerca de cuál es el ámbito propio de lo religioso: ¿el público ó  el privado?

La contemplación del Misterio de la Encarnación debiera ser bien elocuente para los creyentes y ayudarnos a asumir que el Señor se ha hecho hombre para la Salvación de todo hombre y de cada uno en su espacio y en su tiempo concreto. Desde ahí reconocemos  la espiritualidad del laico: “Hombre de la Iglesia en el corazón del mundo, hombre del mundo en el corazón de la Iglesia” (DP. 786).  “Lo público” ó “lo privado” se disuelven ante la Cruz del Señor que ha muerto y resucitado por todos y . . . por mí.

De miedos y alegrías 

Sin duda todos estos planteos merecen un tratamiento más profundo y extenso, e intentaremos dedicárselo oportunamente.

Pero hoy, en esta primera mirada, queremos enfocarnos en “otras cosas”,

Por ejemplo: hablar de “la previa” del Encuentro.

En cuanto nos llegó la invitación nos pusimos a buscar aportes, documentos y opiniones que nos dieran elementos para enriquecer la reflexión.

En esos días, algunas palabras daban vueltas en nuestra cabeza todo el tiempo, hasta que,  finalmente, se quedaron con nosotros,  como sobrevolando nuestro trabajo.   Son las palabras  que hacen que las ovejas reconozcan al Pastor: “No tengan miedo”, “No se dejen robar la alegría” (Juan Pablo II y Francisco, respectivamente, en discursos y documentos varios).

Claro, todos sabemos que el miedo supone el coraje y que no se pierde la alegría  si no se la tiene.

Enemigos verdaderos

Pero, ¿quién querría cristianos amedrentados o entristecidos?; ¿Serán necesarias estas exhortaciones? Sí, lo son,  porque el miedo y la tristeza son enemigos reales de la Fe.

¿Será  que a los laicos de hoy nos ha tocado vivir nuestra vocación en el peor de los tiempos?

Seguro hay muchas respuestas.  Pero, en última instancia, no importan demasiado, porque como sea, este tiempo es nuestro tiempo.  Es el que el Señor resucitado ha elegido para encontrarnos y para que nos encontremos. Y con eso basta.

Es el tiempo de nuestros miedos y nuestras alegrías, nuestras frustraciones y nuestras esperanzas. Es tiempo de Vida. Esa, a la que solo le encontramos sentido cuando permitimos que aquel, que es “el Sentido mismo”, se haga cargo.

María

En estas cosas andábamos antes del Encuentro, y claro que  preguntábamos: ¡Dios mío! ¿cómo se hace esto?

Pensábamos, ¿Y si no es tanto el “hacer” como el “dejarse hacer?; ¿Y si fuéramos  de nuevo a “La Escuela de María” (Juan Pablo II,  Ecclesia de Eucharistia, 53 ss.), donde se aprende eso de que la fe, más que un “confiar”; es un “confiar-se” ? (Lc 1,38).

Tal vez entonces, podríamos mirar al mundo desde lo que somos, y  aceptar sin miedo y hasta con alegría, que el mundo también nos mira.  ¿Cómo nos ve? Ese es otro tema.

Pero volveremos,  para seguir hablando de esto, de laicos … y de otras cosas.

Páginas