Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Departamento de Catequesis

Marco Teológico-Pastoral del III Congreso Internacional del Catecumenado

Estado actual de la propuesta del catecumenado

Al cumplirse 50 años del Concilio Vaticano II, que ordenó restaurar el catecumenado (SC 64; AG 13-14; CD 14), la Iglesia mediante sínodos mundiales y continentales de obispos, y documentos pontificios de allí surgidos, se ha declarado en estado de nueva evangelización. En este contexto eclesial el catecumenado adquiere particular relevancia.

La Universidad Católica de Lyon y las Obras Pontificias Misioneras de Francia realizaron en 1993 un Coloquio Internacional sobre el Catecumenado[1]. El tema fue destacado en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe realizada en 2007 en Aparecida, Brasil[2], con el lema de formar discípulos misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida. En otros continentes hay acontecimientos y documentos con similar propósito y preocupación por el contexto mundial[3]. Benedicto XVI por Carta Apostólica Ubicumque et semper instituyó el 21 de s eptiembre de 2010 el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, que el 26 de enero de 2013 por Carta Apostólica Fides per doctrinam adquirió la tuición sobre la catequesis, antes dependiente de la Congregación para el Clero, que publicó en 1997 el Directorio General para la Catequesis (DGC). Este Pontificio Consejo realizó del 26 al 29 de Septiembre de 2013 en Roma un Congreso Internacional de Catequesis cuyas conclusiones reiteran la urgencia e importancia del catecumenado en el mundo actual.

El Congreso Internacional del Catecumenado realizado en París del 6 al 10 de julio de 2010 por iniciativa del Instituto Católico, Universidad Católica de París, reunió no sólo investigadores para analizar la situación actual del catecumenado y de las catequesis de inspiración catecumenal, sino también agentes pastorales para compartir experiencias e inquietudes al respecto. Entre otros hallazgos importantes, una encuesta realizada con apoyo del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, mostró el carácter incipiente del catecumenado de adultos en esta región y deficiencias de varias de sus realizaciones y de los programas de inspiración catecumenal[4]. La Universidad Católica de París, en su propósito de mantener un Observatorio sobre el catecumenado, realiza por primera vez un congreso similar en otro continente, América Latina, en colaboración con la Universidad Católica Silva Henríquez de Santiago de Chile.

Nos anima el Espíritu Santo de Jesucristo y el inspirador testimonio humano de María Santísima, Estrella de la Evangelización, para extender el reino de Dios que, según el Documento de Aparecida, es vida plena para todos (DA 353-364). Importa verificar los avances del catecumenado y de las catequesis de estilo catecumenal en el mundo rápida y profundamente cambiante e impulsarlos con apoyo de la reflexión teológica y pastoral, para renovar la vitalidad evangelizadora de la Iglesia.

Contenido teológico-pastoral

El título del Congreso, “La iniciación cristiana en un mundo en cambio de época » indica cuatro fuentes de reflexión: 1) el catecumenado de adultos es la principal forma de iniciación cristiana desde la Iglesia primitiva;  2) toda otra forma de catequesis debe inspirarse en el catecumenado (DGC 90-91); 3) esta iniciación ocurre en un mundo en cambio de época diagnosticado por el Concilio Vaticano II y confirmado en Aparecida[5]; 4) la catequesis entendida como iniciación cristiana es aporte decisivo a la Nueva Evangelización, tratada en el reciente Sínodo de Obispos, cuya Exhortación Postsinodal requiere recepción activa por obispos, pastoralistas, catequetas y catequistas.

La maduración suficiente de la fe para celebrar los sacramentos de iniciación implica hoy renovar la comunidad eclesial local a la cual necesitan incorporarse activamente catecúmenos y catequizandos, saber mantener diálogo filial con la Palabra de Dios contenida en la Biblia y en la Tradición según las exigentes orientaciones de Benedicto XVI en Verbum Domini, y aprendizaje experiencial de participación consciente, activa y fructuosa en una vida litúrgica celebrativa, pascual, misionera y servidora de la humanidad, sobre todo de los pobres, en quienes sufre y clama Jesucristo.

En este mundo en cambio de época el pobre es el prototipo de las periferias existenciales, a las que el Papa Francisco nos llama a servir. La globalización o mundialización de la ciencia y de la técnica, que no requieren conceptos religiosos para desarrollarse y están sometidas al mercado en desmedro de las culturas abiertas a las realidades religiosas y comunitarias, transmite con potentes medios de comunicación un individualismo centrado en lo material y pasajero, mientras con dificultad se defiende la dignidad de toda persona con su búsqueda de sentido y de trascendencia. El mercado acumula el poder y la riqueza, promueve injusticias y, por imposición de organismos internacionales públicos o privados, debilita la capacidad del Estado para vencer la corrupción en la economía y en la política, generar empleos dignos y promover solidaridad (DA 44-57). Además, contra la Declaración Universal de los Derechos Humanos, algunos Estados restringen la libertad religiosa y aún castigan con cárcel o muerte los testimonios de fe cristiana. En 2012 Ayuda a la Iglesia que Sufre estimó en 100.000 los cristianos asesinados por razón de su fe.

La tarea de anunciar la revelación salvadora con el fin de suscitar libremente la fe para seguir a Jesucristo en su comunidad de discípulos tiene hoy un primer obstáculo particularmente grave. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en su Informe de Desarrollo Humano Mundial de 1996, que se puede consultar en Internet, detectó el debilitamiento de las normas y valores tradicionales sin remplazo por otros capaces de crear una cultura o manera común de convivir. Eso explica el deterioro de la pertenencia a las instituciones, inclusas la familia y la Iglesia. Es una crisis de los lazos sociales. La anomia consiguiente aumenta los asesinatos, los suicidios, la toxicomanía, las violaciones, los presidiarios, los divorcios, los hogares monoparentales, los hijos de madres solteras y los adultos y menores sin hogar. Esta deshumanización reclama la humanización iluminada por el Verbo encarnado y su mensaje del Reino de Vida y de Amor. En la iniciación al seguimiento de Jesús importa reflexionar en la educación a saber tomar la cruz, indispensable para la duración de los lazos sociales.

Más importante es otro obstáculo a la aceptación de la revelación salvadora. Dice nuestro Padre Común Francisco: “En la cultura contemporánea se tiende a menudo a aceptar como verdad sólo la verdad tecnológica. Es verdad aquello que el hombre consigue construir y medir con la ciencia, es verdad porque funciona y así hace más cómoda y fácil la vida”[6]. Agrega: ”El amor se concibe hoy como una experiencia que pertenece al mundo de los sentimientos volubles y no a la verdad. Pero esta descripción del amor ¿es verdaderamente adecuada? En realidad, el amor no se puede reducir a un sentimiento que va y viene. Tiene que ver ciertamente con nuestra afectividad, pero para abrirla a la persona amada e iniciar el camino que consiste en salir del aislamiento del propio yo para encaminarse hacia la otra persona, para construir una relación duradera; el amor tiende a la unión con la persona amada. Y así se puede ver en qué sentido el amor tiene necesidad de verdad. Sólo en cuanto está fundado en la verdad, el amor puede perdurar en el tiempo, superar la fugacidad del instante y permanecer firme para dar consistencia a un camino en común…Sin verdad, el amor no puede ofrecer un vínculo sólido, no consigue llevar al “yo más allá de su aislamiento, ni librarlo de la fugacidad del instante para edificar la vida y dar fruto” (LF 27). Además dice: “En la ‘modernidad’ se ha intentado construir la fraternidad universal entre los hombres fundándose sobre la igualdad. Poco a poco, sin embargo, hemos comprendido que esta fraternidad, sin referencia a un Padre común como fundamento último, no logra subsistir. Es necesario volver a la verdadera raíz de la fraternidad, si bien no exenta de conflictos. Dios llama a Abraham a salir de su tierra y le promete hacer de él una gran nación, un gran pueblo, sobre el que desciende la bendición de Dios. (cf. Gn 12, 1-3). A lo largo de la historia de la salvación el hombre descubre que Dios quiere hacer partícipes a todos, como hermanos, de la única bendición, que encuentra su plenitud en Jesús, para que todos sean uno…En el centro de la fe bíblica está el amor de Dios, su solicitud concreta por cada persona, su designio de salvación que abraza a la humanidad entera y a toda la creación y que alcanza su cúspide en la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo” (LF 54).

Otro obstáculo actual a la evangelización es el deterioro de la credibilidad de la Iglesia por escándalos sexuales y financieros protagonizados por eclesiásticos en Europa y América. En muchos países declina la demanda de sacramentos, y en los censos de población disminuye la declaración de pertenencia católica. Las visitas pontificias internacionales y las Jornadas Mundiales de la Juventud muestran popularidad papal sin denotar en las multitudes bautizadas fidelidad al mensaje cristiano.

Necesitamos aportes relevantes a la reflexión y experiencias de iniciación de discípulos misioneros de Jesucristo que inspiren esperanza.


[1] Actas en “Spiritus” 134 (1994).

[2] V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE. Discípulos y misionefros de Jesuscristo para que nuestros pueblos en Él tengan Vida. “Yo soy en Camino, laz Verdad y la Vida (Jn 14, 6). Aparecida, Documento Conclusivo. Santuario Nuestra Señora Aparecida, Brasil, 13 al 31 de mayo 2007. Se abrevia: DA.

[3] OFFICE OF THEOLOGICAL CONCERNS – FABC, The Spirit at Work in Asia Today, Samphran Thailand, May 1997, in EILERS F-J. (Ed.) For All the Peoples of Asia, Federation of Asian Bishops’ Conferences, Documents from 1997-2001, Quezon City Philippines, Claretian Publications 2002, 237-327. UNITED STATES CONFERENCE OF CATHOLIC BISHOPS, Our Hearts were Burning Within Us. A Pastoral Plan for Adult Faith Formation in the United States. Washington D.C., Saddle Stitched Paperback, 1999. SANTEDI KINKUPU, L. Nouvelle évangélisation et catéchèse dans la perspective de l’Église famille de Dieu en Afrique, en: ROUTHIER, G., BRESSAN, L., VACCARO, L. (a cura di). La catechesi e le sfide dell’evangelizzazione oggi. Brescia, Editrice Morcelliana, 2012.

[4] GARCÍA AHUMADA, F.S.C., E. El catecumenado en América Latina, “Sinite” LII-158 (2011) 523-534. No conocemos la publicación anunciada de las actas completas de ese Congreso del Catecumenado.

[5] “El género humano se halla hoy en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero…El curso de la historia presente es un desafío al hombre que le obliga a responder” (GS 4). “Las  instituciones, las leyes, las maneras de pensar y de sentir, heredadas del pasado, no siempre se adaptan bien al estado actual de cosas. De ahí una grave perturbación en el comportamiento y aun en las mismas normas reguladoras de éste. Las nuevas condiciones ejercen influjo también sobre la vida religiosa. Por una parte, el espíritu crítico más agudizado la purifica de un concepto mágico del mundo y de residuos supersticiosos, y exige cada vez más una adhesión verdaderamente personal y operante a la fe, lo cual hace que muchos alcancen un sentido más vivo de lo divino. Por otra parte, muchedumbres cada vez más numerosas se alejan prácticamente de la religión” (GS 7). Los obispos afirmaron en Aparecida: “Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural” (DA 44). “Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable. Esto constituye un gran desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y como estamos alimentando la vivencia cristiana: un desafío que debemos afrontar con decisión, con valentía y creatividad, ya que, en muchas partes, la iniciación cristiana ha sido pobre y fragmentada” (DA 286-287). “Proponemos que el proceso catequístico formativo adoptado por la Iglesia para la iniciación cristiana sea asumido en todo el Continente como la manera ordinaria e indispensable de introducir en la vida cristiana, y como la catequesis básica y fundamental” (DA 294). “Sentimos la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación en la vida cristiana que comience por el kerygma, guiado por la Palabra de Dios, que conduzca a un encuentro personal, cada vez mayor, con Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre, experimentado como plenitud de la humanidad y que lleve a la conversión, al seguimiento en una comunidad eclesial y a una maduración en la fe en la práctica de los sacramentos, el servicio y la misión” (DA 289). “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia (DA 365). “La conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de Vida. Obispos, presbíteros, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernimiento ‘lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias’ (Ap 2, 29) a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta” (DA 366).

[6] FRANCISCO, Carta Encíclica “Lumen Fidei”, 25. Se abrevia: LF.