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La Iglesia en los medios Cuando vuelva a China estará preso por fugarse

EL OBSERVADOR |

Un seminarista chino que se prepara para el sacerdocio en Roma cuenta cómo su país persigue a los que son fieles al Vaticano

Pidió que le sacaran la foto de espaldas para que el gobierno no lo identificara rápidamente. C. Bellocq

Se hace llamar Simone pero sus ojos rasgados evidencian que ese no es su verdadero nombre. Tampoco dice cuántos años tiene –“menos de 30” –, de qué ciudad es ni cómo llegó hasta aquí. Al momento de sacarse una foto, pide que no sea contra la ventana porque la policía de su país podría identificar el lugar donde se realizó la entrevista. Es chino y estudia en un seminario en Roma. Oficialmente está escapado de su país y sabe que cuando regrese pasará algunos meses o años encerrado.

En China es preponderante la Asociación Patriótica, iglesia dependiente de las autoridades políticas. Estas controlan la designación de obispos –eligen a los más cercanos a sus ideas– y el dinero que ingresa a las diócesis, por lo que aquellos que se mantienen fieles al Vaticano constituyen una iglesia clandestina. A este grupo pertenece Simone, que se fue del país para recibir una formación “más fiel” a la que podría acceder en China. “Vine en secreto y eso es un problema para mí. Si hubiera dicho que me iba a estudiar para ser sacerdote, nunca me hubieran dejado salir, porque los sacerdotes que se forman afuera ven que la Iglesia es diferente y luego no responden tanto al gobierno”, contó a El Observador en una entrevista mantenida recientemente en Roma.

Oficialmente Simone –o como quiera que se llame– está “escapado”. Salió de China hace más de un año y nunca dijo a dónde, apenas su obispo y algunos miembros de su familia lo supieron. El gobierno le preguntó a su prelado dónde estaba y él dijo que no lo sabía. A través de otras consultas, Pekín supo dónde está y lo vigila. “Estoy controlado pero no hay problema, saben que estoy en Italia. Tengo miedo, sí, pero no mucho porque si el gobierno quiere hacer algo, le será muy fácil. Me pueden buscar sin problema, no lo hacen porque no soy importante”, reconoce casi al pasar.

Hay varios ejemplos que hacen que el joven seminarista sepa a qué atenerse una vez que se ordene sacerdote y vuelva a su patria. Por ejemplo, él conoce la historia del obispo Giuseppe Lu Genjun, detenido en 2006 y encerrado en un cuarto en el seminario, con prohibición de concelebrar misa y custodiado por la policía que vigila el seminario. Casualmente el sábado pasado el reverendo fue liberado sin ninguna condición –es decir, sin obligarlo a unirse a la Asociación Patriótica–, se cree que por favor del obispo Franceso An Shuxin, amigo suyo que en 1996 había sido arrestado y que se cambió de iglesia en 2009.

“Si regreso ahora a China es un problema porque no me van a dejar volver a Italia. Por eso, voy a ir a China cuando termine mis estudios, eso será más tranquilo”, cuenta Simone. ¿Y cuando vuelva enfrentará la cárcel? “Hoy no siempre está esa opción”, dice con tranquilidad. “Por ejemplo, te pueden poner en un cuarto y dejarte ahí solo. Es una práctica común, cada cierto tiempo llaman a los obispos para una reunión y los encierran en un cuarto. Solo les dan agua y comida y todos los días alguien del gobierno le habla de política, así durante un mes o dos. Cuando vuelva me tendrán así, me hablarán de política y todo eso y después me preguntarán qué quiero hacer. Yo quiero enseñar en el seminario de mi diócesis, pero capaz que cuando me presente allí me dirán que no puedo quedarme porque ‘el gobierno lo comunicó’, no importa por qué”.

Las presiones en China funcionan así: el gobierno dicta los movimientos de los obispos y, si ellos no acatan, luego les niegan los permisos para construir iglesias o hacer actividades. Los que estudian en el extranjero y conocen que esa no es la norma ideal en la Iglesia católica se rebelan y por eso los persiguen y encierran.

Simone se sabe de memoria el Nuevo Testamento en chino. Hace unos años vio que un catequista le enseñaba algunas partes de la Biblia a los niños y se interpeló: ¿cómo ellos aprenden la palabra de Dios y yo, que quiero ser sacerdote, no sé nada? Hoy lucha con el hebreo y el griego, las dos lenguas en las que se escribió el libro, y sueña con ser el primer profesor que las enseñe en su país.

“Esta es mi misión. En el seminario en China nadie conoce las lenguas bíblicas y yo las estoy aprendiendo. Quiero volver a China y enseñar Biblia en el seminario. Capaz que el gobierno no me lo permite, o me encierra durante un tiempo. Pero eso ahora no me preocupa, ahora es momento de estudiar y aprender bien. Capaz que en cinco, 10 o 20 años China está convertida y ya no hay dificultades”. l

Simone se aprendió el Nuevo Testamento de memoria y su mayor anhelo es ser profesor de Biblia en un seminario en su país. Sueña con ser el primer profesor de griego y hebreo en China, y enseñarlos cuando regrese. No sabe si se lo permitirán.