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" El Señor no quiere que pensemos continuamente en nuestras caídas, sino que lo miremos a Él, que en nuestras caídas ve a hijos a los que levantar y en nuestras miserias ve a hijos a los que amar con misericordia. "
Papa Francisco

La Iglesia en los medios Cristina y el papa: una reunión de fuerte contenido político

EL OBSERVADOR |

Fernando Gutiérrez (Especial Buenos Aires)

Apoyo. La presidenta busca respaldarse en el pontífice para mejorar su imagen

La presidenta argentina demoró en acercarse al papa pero las circunstancias la obligaron a hacerlo. efe

Argentino y peronista”. El contundente mensaje, escrito sobre la foto del flamante papa Francisco, aparecía hace un año en los carteles habitualmente destinados a las “pegatinas” políticas en las calles de Buenos Aires.

Apenas habían transcurrido algunas horas desde el nombramiento de Jorge Mario Bergoglio como sumo pontífice de la Iglesia y ya empezaba a quedar en evidencia que nada sería igual en Argentina. A partir de ese momento, Francisco no sólo se convertía en el argentino de mayor trascendencia universal, sino que también pasaba a ser el personaje más influyente en la turbulenta escena política local. Esto implicó, desde el primer momento, una puja por “apropiarse” de la imagen del papa y por interpretar sus palabras en clave política.

El ala tradicional del peronismo lo entendió de inmediato, y actuó en consecuencia. No iba a permitir que, para un movimiento de fuerte raigambre nacionalista y católica, el acontecimiento de un papa compatriota fuera desaprovechado. O, peor aun, que su imagen fuera cooptada por opositores como Elisa Carrió o Mauricio Macri. Por eso, los más rápidos de reflejos sacaron a relucir el dato biográfico de que Bergoglio, en su juventud, había manifestado simpatía por el peronismo y que había mantenido una relación cercana con la Guardia de Hierro, como se denominaba en los años de 1970 al grupo peronista tradicional y nacionalista –el que se enfrentaba, en la feroz interna, al peronismo de la izquierda universitaria–. Cristina Kirchner también entendió la trascendencia del momento, pero le llevó un poco más de tiempo poder asimilar la noticia. De hecho, su reacción inicial había sido de indisimulada incomodidad y frialdad, tras años de antipatía mutua entre el gobierno kirchnerista y el entonces arzobispo Bergoglio.

Pero esa actitud duró pocos días. Dirigentes políticos y amigos le hicieron notar el error de seguir tratando al papa como si siguiera siendo el díscolo sacerdote que polemizaba con Néstor Kirchner, y que tenía que convertirse en su aliada. Fue así que el ala izquierda del kirchnerismo quedó aislada en su denuncia sobre el presunto colaboracionismo de Bergoglio con la dictadura. Y Cristina confirmó su presencia en la ceremonia de entronización.

Un año después, el giro pragmático de Cristina está consolidado, y tendrá su momento cumbre en la reunión que mantendrá mañana, en la sede vaticana, con el santo padre.

“Cuiden a Cristina”

El encuentro fue pedido por la mandataria, que personalmente telefoneó a Francisco para solicitarle la reunión, aprovechando la situación de su viaje a Francia, y en coincidencia con el aniversario de la designación del nuevo papa.

Será la tercera vez que se reúnan desde entonces. Y la relación entre ambos ha cambiado mucho. La desconfianza previa dejó lugar a una relación fluida, que excede el trato entre dos jefes de Estado ya que hasta incluye cierto tono confesional. Es así que Francisco llamó a Cristina en cada situación importante personal o familiar, como ocurrió con el nacimiento de su nieto, o en ocasión de su cirugía craneana. Pero la reunión será interpretada en la Argentina desde un inevitable ángulo político. La presidenta argentina atraviesa uno de sus momentos de mayor debilidad, tras el deterioro económico que llevó a la devaluación y la aceleración inflacionaria.

Es en este contexto cuando Francisco evidencia su influencia sobre el panorama argentino. Como se esperaba, se trata de una influencia sutil, que no necesita que el pontífice hable explícitamente de la Argentina en sus apariciones públicas.

Pero sus mensajes llegan. Y en estas últimas semanas, su frase fue “hay que cuidar a Cristina”. Desde la derrota electoral del kirchnerismo, y a medida que se agudizaron los problemas económicos y las expresiones de fuerte descontento social, habían circulado fuertes versiones sobre un final anticipado del gobierno. Se hablaba de una eventual renuncia de la presidenta, que pediría una licencia médica tras su operación. Se hablaba de un llamado a elecciones anticipadas.

Pero todos los políticos que volvían de Roma traían la noticia de que Francisco pedía que no se fomentara esa inestabilidad política. Y que pedía a las fuerzas opositoras un esfuerzo por sostener la institucionalidad, de manera de llegar a la transición política de 2015 sin situaciones de violencia o caos. Lo cierto es que el clima político cambió. Lo cual es notorio incluso en la actitud de la propia Cristina: en su reciente mensaje al Parlamento por la inauguración del período legislativo, cambió su tono habitualmente confrontativo, y adoptó una inusual postura moderada y dialoguista.

Algunos llegaron a interpretar su discurso como un velado pedido de “tregua” a la oposición, a empresas y a los sindicatos para evitar una crisis política. Todo un cambio para un movimiento político que siempre cultivó la teoría del conflicto social como forma de gestionar el poder. La propia estrategia legislativa del kirchnerismo marca la nueva influencia de Francisco. Primero, el gobierno se alineó con la postura de la Iglesia en temas vinculados con bioética, que estaban en debate parlamentario. Pero el peso de la Iglesia en esta nueva etapa se vio, sobre todo, por su capacidad para haber situado el tema del narcotráfico al tope de la agenda política y mediática.

Buscando rédito político

En su momento de mayor debilidad, el gobierno tratará de sacar rédito político de la reunión de Cristina con Francisco, tanto en el plano de los gestos como en cuestiones concretas de agenda política.

En el ámbito del discurso es donde la presidenta tendrá mayores posibilidades.

El reciente documento papal sobre la economía, donde condena explícitamente las políticas que promueven la exclusión y cuestiona la “teoría del derrame”, coinciden con la clásica prédica del kirchnerismo en contra del neoliberalismo y las reformas de los años de 1990. Es en ese campo simbólico donde el matiz “peronista” del papa puede dar réditos.

Pero, sobre todo, el objetivo de Cristina es el de reforzar ese mensaje de respetar la institucionalidad y no promover situaciones que puedan desestabilizar al gobierno.

Hay, según trascendió, otro objetivo de Cristina, que implica una mayor dificultad: que el papa interceda ante líderes mundiales para ayudar a reinsertar a la Argentina en el mercado global. Es también sintomático el hecho de que la reunión se produzca pocos días antes del encuentro entre Francisco y Barack Obama.

A primera vista, no luce probable que en esa conversación pudiera salir el tema de las complicaciones financieras de la actualidad argentina. Pero el gobierno no subestima el poder de que el ocupante del trono de Pedro sea argentino y peronista. l

Puerta de Hierro en el Vaticano

lll Uno de los gestos más destacados del papa hacia Cristina fue la negativa a que su figura pudiera ser utilizada como la de un “líder de la oposición”. En el año transcurrido, la peregrinación a Roma se ha transformado en una obligación para todos los políticos, sean oficialistas u opositores. La foto con Francisco cotiza alto. Y así lo demostró la propia Cristina, cuando, en plena campaña electoral por las legislativas, llevó en su comitiva a Martín Insaurralde, el candidato kirchnerista, para que saludara al papa durante la gira por Río de Janeiro. En pocas horas, la foto del encuentro –para la cual se “borró” con Photoshop a Danilo Astori, que también formaba parte de la escena– ya empapelaba las paredes en la provincia de Buenos Aires. Pero los opositores acudieron a Francisco acaso con mayor entusiasmo que el propio gobierno.

Tanto que en un momento se llegó a comparar esos viajes a Roma con los que en los años de 1960 se hacían a Puerta de Hierro, el barrio madrileño donde residía Juan Perón, exiliado y proscrito.

Apunte

Francisco evita dar mensaje de apoyo

Francisco intentó transitar un difícil equilibrio. Las señales de amistad hacia Cristina no necesariamente implicaron un apoyo político. La muestra más notoria de ello es la reticencia del papa a viajar a Argentina antes de 2016. Y por más que se ha insistido en que ello obedece a problemas de la agenda vaticana, a nadie se le escapó lo sintomático de la fecha: implica que cuando vuelva al país, Francisco encontrará al nuevo presidente.