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" Me alegra que el tema elegido por la familia ecuménica para la celebración del Tiempo de la Creación 2020 sea 'Jubileo de la Tierra', precisamente en el año en el que se cumple el cincuentenario del Día de la Tierra "
Papa Francisco

La Iglesia en los medios Cristianos de Mosul prefieren seguir viviendo en otro lugar

EL OBSERVADOR |

Ultimátum. El Estado Islámico se instaló en 2014 y los obligó a irse

“Allá no hay seguridad ni protección para los cristianos”, afirma Haitham Behnam. Para él, la vuelta a la ciudad iraquí de Mosul de la que fue expulsado por el grupo Estado Islámico (EI), es algo que ni se plantea pese a la derrota de los yihadistas.

“Es mejor quedarse aquí y callarnos”, ironiza este hombre, que se instaló en 2014 en el Kurdistán iraquí tras la llegada de los yihadistas del EI a Mosul, la segunda ciudad más importante de Irak.

“Vinieron a nuestras tiendas. Nos dijeron ‘no tenemos nada contra ustedes; si los molestamos, díganlo’. Una semana más tarde era ‘los cristianos fuera”, recuerda este excomerciante textil.

Cuando se apoderaron de Mosul, en junio de 2014, los yihadistas dieron un ultimátum a la pequeña comunidad cristiana local de unos 35 mil fieles: convertirse al islam, pagar un impuesto especial o irse de la ciudad, si no querían ser ejecutados.

Hoy, aunque las autoridades iraquíes proclamaron el lunes 10 la victoria, volver es una opción muy complicada para los miles de cristianos que en tres años siguieron sus vidas lejos de allí.

“Aunque quisiéramos volver, no podríamos”, asegura Behnam, con la ropa sucia por aceite usado.

Para cubrir las necesidades de su familia, este hombre con dos hijos trabaja como mecánico en un pequeño taller que alquila en los suburbios de Erbil, capital de la región autónoma del Kurdistán iraquí. “En estos tres últimos años hubo un lavado de cerebro. Incluso los niños se han convertido en (gente de) Dáesh; se les enseñó a degollar”, dice furioso. Uno de sus clientes asiente.

“Si fuera cristiano, no volvería a Mosul hasta que los habitantes demuestren que están dispuestos a aceptarme”, afirma Omar Fawaz, un musulmán originario de la ciudad.

Al final de los combates sus padres regresaron a Mosul, pero su casa estaba ocupada por las fuerzas de seguridad.

Cuando se fue de Mosul en 2014, Esam Butros lo perdió todo. “Cinco comercios, dos casas; de la noche a la mañana tienes que empezar de cero”, recuerda. Debió vender el auto para pagar los tres primeros meses de alquiler de una tienda en Erbil y convencer a sus proveedores en Turquía de que le proporcionaran mercancía sin necesidad de realizar un pago previo. (Agencias) l

En ruinas
El casco antiguo de Mosul era el corazón de la segunda ciudad más importante de Irak, pero los combates entre las fuerzas armadas y los yihadistas lo redujeron a un campo de ruinas.