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La Iglesia en los medios «Contrariamente a lo que se piensa, hay una gran sed espiritual»

ECOS. LA |
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El número de fieles de la Iglesia Católica está en un mínimo histórico pero, para Miguel Pastorino, Uruguay sigue la tendencia de la región.

«El descenso de los fieles es un fenómeno de causas múltiples pero que hay que aclarar algo que muchas veces se traduce lineal y es un error. La Iglesia Católica, así como otras iglesias cristianas, salen a evangelizar y a buscar a los alejados porque eso es intrínseco a su identidad, porque la iglesia existe para evangelizar. No importa si hay más fieles, menos fieles o un fenómeno de caída. Sturla viene preparando esta misión hace mucho tiempo. No hay un nexo causal entre una salida misionera y una caída en el número de fieles. Las misiones se hacen en sociedades poco católicas como la uruguaya y en otras muy católicas, como pueden ser Paraguay o México, donde la cultura católica tiene un componente muy fuerte. Pensar que la Iglesia Católica sale a hacer una misión porque tiene pocos fieles es un razonamiento trillado y ridículo», dijo a ECOS el Licenciado en Filosofía, Magíster en Comunicación y actual alumno del Doctorado en Filosofía, Miguel Pastorino.

La cifra que uno de cada tres uruguayos se define como católico y la decisión de la Iglesia de abrir las parroquias para salir a recuperar a los fieles disparó el debate sobre la religiosidad en el país.

«La iglesia quiere salir y anunciar. En cada familia estará el anuncio silencioso y el anuncio que se hará en distintas parroquias: convocamos a un encuentro durante los días, 9, 10 y 11 de mayo en las distintas parroquias de Montevideo», dijo el arzobismo de Montevideo, Daniel Sturla, al anunciar la misión «Casa de todos».

El anuncio de la campaña busca revertir las cifras expresadas por el Latinobarómetro y por el Monitor de Opinión Pública realizado por Opción Consultores, que indican que uno de cada tres uruguayos se define como católico y que solo 1 de 10 va a misa por semana.

Desde Buenos Aires, donde cursa el doctorado en la Universidad Católica de esa ciudad, Pastorino dijo que la postura de la Iglesia Católica ante ciertos temas puede ser vista como una causa en la caída de los fieles, pero que esta responde a fenómenos culturales.

«Hay una causa que se repite mucho y no tiene nada que ver con el descenso y es la postura de la Iglesia respecto a ciertos temas morales. Se dice, por ejemplo, que la iglesia pierde fieles por su postura sobre el aborto. Hay iglesias protestantes más liberales como la metodista, que fue favorable al matrimonio igualitario o a la despenalización del aborto y le bajaron los fieles mucho más que a la Iglesia Católica a nivel mundial. No se ganan más fieles por una postura ética porque no hay una relación causal. Algunos creían que porque el Papa Francisco había tenido un giro en su discurso iba a atraer a los fieles y no fue así, generó más simpatía entre los que están fuera de la Iglesia como institución. La simpatía cambia entre los que están afuera pero los que están adentro no pierden la fe», agregó Pastorino.

Sin embargo, si se analizan los números, la Iglesia Católica perdió en Uruguay mucho peso del que tenía, por ejemplo, hace menos de 40 años.

En 1979 el número de uruguayos que asistían a misa en Montevideo estaba apenas por encima de los 60.000 y en 2016 son menos de 30.000 los que siguen concurriendo.

«Lo que pasa es que hay muchos católicos culturales o nominales, personas que tomaron la comunión y tienen una formación de colegio católico pero que, si se les pregunta, no vive una vida de fe católica, no van a misa los domingos o no lee la biblia. Hay un 38% de católicos nominales en Uruguay y entre un 4% y 5% de católicos practicantes. En Montevideo asisten a misa 30.000 personas y es un número que también bajó. Entre 1979 y 2009 las personas que van a misa bajaron a la mitad», sostuvo el especialista.

La caída no responde solo a Uruguay sino que es un fenómeno global, con países que sintieron más el impacto como Brasil.

«Brasil bajó del 92% al 64% en 30 años y eso, en Brasil, es una cantidad de gente. Como elemento hay que tener en cuenta los cambios culturales y los procesos de secularización más allá del accionar o la omisión de la Iglesia Católica. Uruguay es un país laico donde la secularización se hizo muy fuerte. Benedicto decía que la iglesia iba hacia una minoría pero de católicos en serio, entendidos estos como fieles que vivían una vida más humilde. En el imaginario creo que la figura de la Iglesia Católica se alejó de los pobres pero la realidad marca que en todos los barrios más vulnerables hay presencia de la iglesia, con católicos de a pie, voluntarios, catequistas y trabajadores que sacan el barrio adelante. Cada uno de esos jóvenes o veteranos que dan su vida por los más pobres todos los días, son la Iglesia también», aseguró.

La caída en el número de fieles de la Iglesia Católica también responde a determinadas zonas, donde el poder adquisitivo, la formación académica vinculada a la religión y las propias constituciones familiares juegan un rol clave.

«Hay una diferencia también en la franja etaria porque el quiebre cultural afectó a los abuelos que no pueden transmitir esa identidad cultural. Antes los creyentes se socializaban cristianos primero en las familias y luego en las iglesias. Hoy los jóvenes no llegan y ahí hay una diferencia territorial también. En la costa de Montevideo las misas de los domingos se llenan de jóvenes de 20 a 30 años en Punta Carretas, Punta Gorda, Malvín, Pocitos o Carrasco. Del otro lado de Avenida Italia el panorama es otro, hay iglesias con muy poquita gente y gente muy mayor», definió Pastorino.

El 62% de las mujeres son religiosas (el 43% católicas) contra el 51% de los hombres (32%). Hilando más fino, los cristianos non católicos (evangelistas, pentecostales, protestantes) son un 10% y los creyentes de otras religiones (judaismo, islamismo, afroumbandismo, hinduismo) son un 9%.

De acuerdo al estudio publicado por Opción, si se incluye a los creyentes sin confesión, tres de cada cuatro uruguayos «tiene algún tipo de vinculación con los fenómenos religiosos, ya sea en el plano de las creencias o de la auto-idetificación».

Para Pastorino la Iglesia Católica tiene un desafío en la renovación y dijo que otros movimientos religiosos pusieron el foco en captar adeptos, una pulseada que, al parecer, da resultado.

«Mientras la Iglesia Católica discute sobre lo pastoral hay nuevos movimientos religiosos que se dedican a captar adeptos las veinticuatro horas del día. Hay sectas que invierten tiempo y dinero en una evangelización directa y personalizada. Contrariamente a lo que muchos piensan, hay una gran sed de atención espiritual y hay otros movimientos que llegaron para ocupar ese lugar con cursos bíblicos, seminarios de espiritualidad y atención espiritual para personas en busca de una orientación. Las parroquias se transformaron en academias o clubes sociales que quedaron reducidas a administrar sacramentos», definió.

Según los resultados del Research Center´s Religion and Public Life Project publicados en 2010 los «creyentes sin religión» eran en Europa un 18%, en Asia, 21%, y en América Latina un 8%.

Si se manejan cifras globales, en el mundo hay un 31,4 % de cristianos, un 23,2% de musulmanes y un 16,4 % de creyentes sin religión definida.

«Solo en Estados Unidos las personas que no se identifican con ninguna religión pero que tienen una espiritualidad pasaron del 16,1 % en el 2007 a un 22,8 % en 2014. Esta categoría es el grupo más numeroso dentro de los norteamericanos. La única excepción son los evangélicos pentecostales, que por su religiosidad más acorde a la sensibilidad postmoderna, descienden menos en Estados Unidos pero crecen mucho más en América Latina», agregó.

La fuga de creyentes es, a nivel regional, hacia iglesias de corte pentecostal, mientras que en Uruguay asume un camino diferente.

«Los católicos nominales migraron a otras iglesias pentecostales en otros países como Brasil donde el peso de la religión es muy fuerte. En Uruguay, como nación laica, los creyentes sin filiación religiosa son un 24% y es un número alto. Ese pasaje es hacia una religiosidad difusa, de corte new age. Las encuestas cometen el error de poner a esa gente como atea o agnóstica y es un error garrafal. Estas personas creen en dios o en una espiritualidad, pero no tienen un vínculo con las instituciones», sentenció.