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Mons. Pablo Galimberti Construir “nuestra casa común”. Ecología según el Papa Francisco: Reflexión de Mons. Pablo Galimberti

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Ante la crisis ecológica mundial, el Papa Francisco ha recogido el guante. Reuniendo aportes de distintas ciencias y voces de organismos de todos los continentes, les ha sumado el aporte del humanismo y sabiduría evangélicas.

La ecología abarca muchos tópicos, además del agua o del aire que respiramos. Se interroga también sobre cómo obtenemos, repartimos o acaparamos los bienes de la tierra. En otras palabras cómo podemos contribuir a un desarrollo sostenible e integral.

Tierra, trabajo y técnica nos ofrecen a diario sus riquezas. Lo que comemos, tomamos, nos abriga o entretiene. Tantos beneficios y a la vez ingentes sufrimientos para los que hoy no saben dónde dormirán ni qué comerán o si mañana podrán seguir trabajando para sostener dignamente a su familia.

Simplificando, podemos ver el mundo circundante como un lugar espacioso y una mesa de amplísimas ofertas, semejante a un atractivo supermercado. Pero con la contrapartida que hasta el momento hay muchos que todavía no han encontrado la puerta para ingresar o para comprar lo que les gusta o necesitan.

La ecología nos interpela por el hoy y el mañana. No es sólo cuestión de “pan para hoy y hambre para mañana”. No sólo con criterio consumista y narcisista “ande yo caliente y ríase la gente”, sin pensar que mis acciones u omisiones contribuyen o perjudican al resto de la sociedad. Baste pensar en el tráfico de nuestras calles, los accidentes o en la contaminación que provocamos.

El Papa Francisco invita a sentirnos no sólo parte del problema; también de la solución. No sólo para arreglar “mi chacrita” sino animándonos a plantearnos también el gran sueño de construir nuestra casa común: el propio país, la región y la aldea global.

Más que de ver o escuchar noticias, se trata de poner en actividad un radar diferente e intentar una nueva sensibilización frente a lo que está ocurriendo desde el punto de vista de una ecología enfocada como nuestra casa común.

En nuestro país y en otras zonas del planeta crece la preocupación por la deforestación y desertización, la contaminación de ríos y arroyos, el uso inadecuado de pesticidas, la erosión o la explotación minera a cielo abierto con escasa regulación sobre las consecuencias futuras.

El enfoque del documento papal no se limita al deterioro físico del planeta tierra. Aborda también la dimensión humana y social. Pretende acercarnos y sensibilizarnos frente al sufrimiento de los excluidos, los que no encuentran un lugar estable en el mundo, los empujados a dejar su terruño por causa de por hambrunas, terrorismo, desertificación y fenómenos semejantes.

Ante la realidad ambiental importa mucho cuál es la actitud que adoptamos. Esta puede ir desde la negación del problema, la indiferencia, la resignación cómoda y la confianza ciega en las soluciones técnicas y políticas.

O bien, la actitud humanista y cristiana frente a la realidad ecológica es la de sentirnos convocados a colaborar. No sólo mediante una pequeña monedita con la que pretendemos aquietar nuestra mala conciencia con un gesto farisaico. El asunto, según el Papa, es asumir la actitud de colaboradores. Cada uno desde su propia cultura o experiencia. O bien a partir de las iniciativas en las que se siente más inclinado o apto para hacer un aporte.

Voy a enumerar algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. a) la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta; b) la interconexión de todo lo que ocurre en el mundo; c) la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología; d) la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso; e) el valor propio de cada creatura; f) la necesidad de debates sinceros y honestos; g) la responsabilidad de la política internacional y local; h) la cultura del “descarte”; i) la propuesta de un nuevo estilo de vida.

Seguiremos en próximas semanas.

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, publicada en el Diario “Cambio”