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La Iglesia en los medios Conectarse con lo divino desde lo cotidiano con la Cábala

EL PAÍS |
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El experto argentino Mario Sabán estuvo en Montevideo para disertar sobre la Cábala, la corriente espiritual judía que ofrece un camino hacia la iluminación y la epifanía mediante la lectura y la meditación.

Mario Sabán abre la puerta y deja entrar a “Revista Domingo” a la habitación de su hotel para hablar de la Cábala, un “método” de conexión con lo divino, como dirá luego. Toda la escena del conferencista durante una gira de charlas parece sacada de una película del estilo “Amor sin escalas” (2009, Jason Reitman), con sus rutinas de viajes: llegar al hotel, desempacar, arreglarse para la conferencia, llevarla a cabo, regresar a la habitación, pedir que lo despierten a tal y cual hora, y arrancar para el aeropuerto otra vez.

Pero Sabán vino a Montevideo a hablar de algo que remite a algo mucho más enigmático que las rutinas de un viajero que va de ciudad en ciudad vestido de traje y corbata.

Cuando en la charla menciona la “cosmogonía de los cabalistas, los místicos judíos”, las imágenes que conjuran esas palabras llevan la mente a cuentos de Jorge Luis Borges, a películas como “Pi” (1998, Darren Aronofsky) y a figuras encorvadas sobre pergaminos de tiempos inmemoriales, como en la novela de Umberto Eco, “El nombre de la rosa”.

La última vez que se habló de la Cábala de una manera más o menos masiva fue hace aproximadamente una década, cuando Madonna y otras celebridades lucían un pulsera que los identificaba como estudiosos de esta disciplina mística judía. Luego, el tema volvió a los segundos planos y ahí se ha mantenido.

Posiblemente, ese relativamente bajo perfil se deba a que, como dice Sabán, “la Cábala es difícil”. Los orígenes de la disciplina son disputados, en parte por, como se dice en el libro “Los orígenes de la cábala” (2001, Gerson Scholem) hay menos fuentes directas para estudiar. Con todo, Scholem ubica el surgimiento de esta corriente en Europa occidental. “En tanto fenómeno histórico dentro del judaísmo medieval, la Cábala surgió en Provenza o, para ser más precisos, en su parte oeste, conocida como el Languedoc (…) De ahí se difundió en la primera mitad del siglo XIII a Aragón y Castilla en España, donde tuvo lugar su desarrollo más clásico”.

Ordenar las energías

Cuando Sabán habla de la Cábala dice que nos puede enseñar a “organizar nuestras energías”. “La gente en general tiene desequilibrada sus dimensiones. Y la Cábala nos da un mapa del alma —que es el Árbol de la Vida— por el cual podemos equilibrar nuestras energías. O por lo menos, podemos darnos cuenta en qué aspectos estamos desequilibrados”, comenta y agrega que un ejemplo de desequilibrio puede detectarse en aquellas personas que se obsesionan con hacer ejercicio, para quienes el gimnasio es prácticamente el hogar. O aquellos que no paran de trabajar. En el Árbol de la Vida, explica Sabán se puede “ver” cómo están situadas las energías y añade que para los cabalistas el alma humana está dividida en diez partes, cada una de ellas correspondiente de manera antropormórfica a distintas partes y órganos del cuerpo humano.

El camino hacia el equilibrio, entonces, es lograr que cada una de las dimensiones del alma tenga el nivel de energía adecuado, que no haya exceso o escasez de energía en una o más dimensiones del alma.

Pero Sabán también habla de otra faceta de la Cábala que la lleva a lo cotidiano y a lo concreto: “No somos almas flotando por ahí”, comenta en una parte de la charla. Al contrario: se trata de seres de carne y hueso, y una de las preguntas que los cabalistas se hacen es si los humanos usan a la materia o al revés.

—No parece ser algo muy sencillo de comprender de primera.

—La cábala es difícil, sí. Pero es compleja, no complicada. Lo complejo puede ser simple, pero para hacer simple lo complejo, hay que estudiar mucho lo complejo. La gente quiere que sea fácil, e intentamos explicarlo así. Pero cada vez que intentamos explicarlo de esa manera , se complica. Es mejor explicar lo complejo para luego explicarlo fácil. Es una paradoja.

Él mismo reconoce que no sabe demasiado sobre lo que estudia, por más doctorados que haya acumulado en sus 53 años. Cualquiera que diga que “sabe” Cábala, afirma el argentino, miente. También cuenta sobre todo lo que a él mismo le falta leer para comprender mejor su tópico de estudio.

Pero Sabán sí sabe que se trata de una experiencia, no de una creencia. “Eso me gustaría dejarlo claro porque hay mucha gente que en este punto se confunde. La Cábala es una experiencia mística que puede ser transitoria o permanente. Es una revelación, pero no es fruto de subirse a una montaña e iluminarse. Es algo que ocurre en medio de la realidad, donde la materia es tan tenebrosa. No es un apartarse del mundo para recibir la revelación. Es recibirla en medio de la materia. Justamente lo que plantea la Cábala es el día a día”.

Para los cabalistas, se trata de encontrar lo divino en las cosas de todos los días, de que la epifanía pueda llegar en las actividades más banales, como tomar café de mañana, en la ducha o en una conversación. Hallar lo trascendente en esta realidad.

Lo contrario —acudir a lo químico o la autocontemplación, apartado de la realidad— sería el equivalente a una fuga. La iluminación, sostiene Sabán, llega luego de un esfuerzo, no por vía química. “Hay mucha gente que va a la ayahuasca, al veneno del sapo… Estamos en contra de estas iluminaciones rápidas. ¿Por qué? No porque no iluminen, sino porque no se integran. Solo con esfuerzo se integran”.

—¿Estamos hablando de que la cábala es un esfuerzo intelectual?

—-Experencial, no intelectual. Parece que empieza así, pero después atrapa a todo su ser. Empieza por lo cognitivo, pero se vuelve conductual.

—-¿De qué manera?

—-Tiene que estudiar cábala.

Sabán se ríe cuando termina de responder, y después de un leve suspiro agrega: “Yo ya no sé cómo explicárselo… Pero pasa”. A pesar de esos aparentes obstáculos dice que, por lo general, sus audiencias reaccionan positivamente ante sus conceptualizaciones. Según él, porque la gente “está en una búsqueda. Este siglo, afirma, es un siglo espiritual, mientras que el pasado fue uno muy tenebroso, con demasiadas guerras por la materia. “Esto es interesante que lo escuchen los políticos. Porque muchos están todavía en el paradigma materialista del siglo XX”.

Además, aclara, no hace ningún tipo de proselitismo: “No, ni de judaísmo ni de nada. Lo único que hay que hacer es explicar un método de conexión”.

Esa conexión con lo divino es a lo que se vuelve una y otra vez. Y a esa conexión se refería Jorge Luis Borges en una de las conferencias recogidas en el libro “Siete noches”: “En cada uno de nosotros hay una partícula de divinidad. Este mundo, evidentemente, no puede ser la obra de un Dios todopoderoso y justo, pero depende de nosotros. Tal es la enseñanza que nos deja la cábala, más allá de ser una curiosidad que estudian historiadores o gramáticos. Como el gran poema de Hugo Ce que dit la bouche d’ombre, la cábala enseñó la doctrina que los griegos llamaron ‘apokatástasis’, según la cual todas las criaturas, incluso Caín y el Demonio volverán, al cabo de largas transmigraciones, a confundirse con la divinidad de la que alguna vez emergieron”.

Una vida rodeada de libros

Argentino de nacimiento pero catalán por elección (hace 20 años que vive en Barcelona), Sabán se licenció en Derecho, pero en realidad es un estudioso teológico, con seis doctorados en diferentes facetas de lo religioso y místico. “Siempre me gustó estudiar”, dice sobre su cantidad de títulos.

Cuando se mudó a Barcelona, tuvo que adaptarse a que, a diferencia de Buenos Aires, la colectividad judía es muy pequeña. “No hay punto de comparación con Buenos Aires, donde hay entre 250.000 y 300.000 judíos (nadie sabe bien). En Barcelona no llegamos a 6.000. Extraño eso. Al principio me costó adaptarme. Lo que más me preocupaba era cómo asegurar la continuidad religiosa de mis hijos en Barcelona. En Argentina hay una especie de judaísmo ‘mecánico’. Como somos tantos, vamos unidos en toda la masa. Eso en Barcelona es muy distinto”.

Aunque se trate de una tradición judía, Sabán dice que no hay una defensa de la identidad judía. El cabalista, acota, busca la conexión interior del ser humano con la iluminación. Y eso se puede hacer siendo de cualquier nacionalidad. “¿Dónde nació el yoga? En India. Pero usted puede hacer yoga, aunque sea cristiano. Yo, como judío, también.

Porque el yoga tiene una técnica, un método que me permite alcanzar ciertos estados de meditación o de conciencia. La cábala permite, como el yoga, alcanzar estados de meditación y conciencia sin la necesidad de pertenecer a la identidad judía. Usted puede ser cristiano o budista”.