Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Comisión Nacional de Pastoral Juvenil

Natalia Cáceres

Secretaria de la Pastoral Juvenil Nacional

Antes de ir a Río, a la Jornada Mundial, escuché mucha gente decir “espero que esto no quede solo en un evento y que puedan volcar en el país lo que vivieron”, me quedó resonando, porque en verdad pienso que uno debía estar demasiado cerrado para no haber tenido un gran experiencia de fe allá, y que no haya vuelto movilizado, cambiado.

Aunque te hubieras perdido entre la multitud, aunque hiciste una fila interminable para buscar tu kit de alimentación y luego no encontraste lugar en la playa para el acto central, aunque llegaras tarde a las actividades porque no calculaste el tráfico ni la distancia, aunque te quedaran lugares sin conocer porque ibas en un grupo y se intentaba hacer lo que grupo o la mayoría quería, aunque no hayas visto a nuestro Papa de cerca, Dios estaba en todos lados, hablándonos.

Bastaba estar un poco atento para darse cuenta de lo lindo que estábamos viviendo. De la paciencia que hubo que cultivar, de la sonrisa cuando mirabas al otro, del cuerpo que resistió con muy pocas horas para dormir, de la mano agarrada fuerte a tu compañero o amigo de grupo para no perderse entre millones de personas, del estar atento al otro a ver si estaba bien y cómo estaba pasando.

Estoy segura que esta experiencia quedó tan tatuada en nuestro corazón que es imposible no trasmitirla al regreso, esta alegría que vivimos se nos nota a todos, ser cristianos alegres y dispuestos a trasmitir la Fe es nuestra misión y esta jornada fue el mejor impulso.