Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Comisión Nacional de Pastoral Familiar y Vida

I CONGRESO LATINOAMERICANO DE AGENTES DE PASTORAL FAMILIAR, Panamá del 4 al 9 de agosto del 2014

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La realización de este primer Congreso de Agentes de Pastoral Familiar bajo el lema: “FAMILIA Y DESARROLLO SOCIAL PARA LA VIDA PLENA”, busca responder a este interés de la Iglesia en el continente. No sólo busca dar respuesta a la necesidad expresada por los agentes de Pastoral Familiar de América Latina y el Caribe, sino también a las opciones de la Iglesia subrayadas en Aparecida, en donde la Familia es una opción preferencial. En efecto, en América Latina, en muchas de nuestras familias cristianas, urge fortalecer un sólido discipulado misionero debilitado por el vínculo familiar y social, lo cual está llevando a la sociedad en general a una ausencia de identidad y pertenencia.

El Departamento de Familia, Vida y Juventud del CELAM, promueve la familia como sujeto del desarrollo social para la vida plena, teniendo como actores sociales al Pontificio Consejo para la Familia, las Conferencias Episcopales de Latinoamérica y el Caribe, las Diócesis, parroquias, Universidades Católicas, Colegios, catequistas y a la familia, donde defiende y se incentiva la participación de la institución familiar para que sea reconocida en su identidad y aceptada en su naturaleza de sujeto social.

La familia está llamada a ser protagonista de la convivencia social, mediante los valores que contiene y transmite, a través de la participación de sus miembros en la vida de la sociedad.

Familia y sociedad están estrechamente vinculadas por nexos vitales y orgánicos, en cuanto la primera constituye el fundamento y la fuerza vital de la segunda por su servicio a la vida humana en su totalidad:

En la familia nacen los ciudadanos, y cada neonato es una “partícula” de aquel bien común, en la cual las comunidades humanas arriesgan la supervivencia;

en el hogar la persona es el centro de atención y se la trata como fin y nunca como medio; por eso, proteger a las familias es la mejor garantía contra cualquier querencia antihumana;en la familia se experimenta la sociabilidad, se inicia el ejercicio de las responsabilidades sociales y de las actitudes necesarias para un buen funcionamiento de las relaciones humanas;en ella se inculcan, desde los primeros años de vida, los valores morales y se transmite el patrimonio espiritual y cultural en el que se vive.

Como la familia es la célula vital de la sociedad, la estabilidad de ésta dependerá estrechamente de la estabilidad de las familias que la componen: sin familias honestas y estables, la sociedad se debilita.

El esfuerzo para alcanzar esta estabilidad familiar atañe principalmente a las mismas familias: para resolver las cuestiones que les afectan directamente. Las familias deben convertirse en “protagonistas” de la vida social, influyendo en las decisiones institucionales, mediante la propuesta de soluciones idóneas y el empeño en que se lleven a cabo. Es, por ello que consideramos necesario en la realización de este congreso “relanzar la familia como institución social que media entre el individuo y la sociedad, como elemento socializador, personalizador y educador que fomenta la libertad y la responsabilidad”.

No debe olvidarse, además, que el reconocimiento de la familia es un estímulo para superar una perspectiva social puramente utilitaria, en favor de la cultura de la donación. Esta cultura facilita el reconocimiento de los criterios adecuados para resolver los problemas sociales –trabajo, hogar, salud, educación, etc. y, más en general, promueve la protección de los derechos personales.

Cabe resaltar que muchas veces estos derechos de la familia, no siempre son respetados. Frente a estos abusos, la Iglesia se esfuerza en defender y promover los derechos de la familia. Expresión patente de este compromiso es la Carta de los derechos de la familia, publicada por la Santa Sede; esta Carta es un punto de referencia para la protección y la promoción de la familia como sociedad natural y universal, sujeto de derechos y deberes precedentes al Estado.

Padre Antonio Velázquez
Secretario Ejecutivo del Departamento de Vida y Familia

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