Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Comisión Nacional de la Animación Bíblica de la Pastoral

Tonificamos nuestro espíritu

CON LA CUARESMA TONIFICAMOS NUESTRO ESPÍRITU

Comenzamos la cuaresma 2014, que nos lleva a la semana Mayor para nosotros los católicos: La semana santa.

Dice san Mateo 4,1-11, que Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto. La cuaresma es un tiempo para escuchar al Espíritu. ¿A dónde nos quiere conducir? Estamos invitados a volver a los brazos del Padre como el hijo pródigo (cfr. Lucas 15). Sentir que nos abraza y nos sana. Que nos perdona y nos devuelve la dignidad que habíamos perdido lejos de Él.  Cuaresma, tiempo maravillo para tonificar nuestro espíritu en la fuente del amor puro de Dios.

Y es que, al igual que a Jesús, también a nosotros constantemente, desde muchos aleros del mundo, se nos invita a desertar. Al abandono. A la duda.  Se nos enseña todo un mar de libertades, cuando en realidad, luego todo aquello se convierte  en un fango de esclavitud.

En este primer domingo de cuaresma, vemos lo importante que es hacernos espacio para Dios en medio de tantas ocupaciones.  No hace falta alejarse hasta el desierto más remoto para encontrarse cara a cara con Dios. Basta que con sinceridad nos miremos para darnos cuenta que dos grandes fuerzas, dentro de nosotros, están conviviendo y  luchando: la fuerza del bien, que viene toda ella de Dios y la inclinación a lo fácil  (cada uno en particular la conoce) desde donde se nos insta a reverenciarlo aunque sea  a costa de vender o nuestra conciencia o incluso nuestra dignidad de hijos de Dios.

Que esta cuaresma la vivamos como espacio de Dios. Y si así la vivimos, entonces, no tendrá ese aire medio triste que a veces le damos a la cuaresma, sino más bien, la alegría de sabernos llamados para estar compartiendo con nuestro Padre el don de la alegría y de la vida plena. Es momento para poner a

punto lo que somos, lo que tenemos y lo que soñamos ser. La  cuaresma, y ese es su secreto, no es sino el grito de Dios en medio del mundo a través de Jesús. Si lo escuchamos, correremos alegres hacia Él.

P. César Buitrago