Iglesia Católica Conferencia Episcopal del Uruguay

Comisión Nacional de la Animación Bíblica de la Pastoral

LA PALABRA DE DIOS CERCA DE TI

PARÁBOLA DEL CARACOL Y LA ROSA

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En cierto jardín había crecido un rosal maravilloso. A su lado vivía un Caracol que del rosal guardaba una respetuosa distancia.

Tiene espinas, se decía y prefería alejarse. Un día vio un capullo, y a la semana una Rosa espléndida que embellecía el jardín. El Caracol quedó prendado de la Rosa. La miraba desde lejos, se subía al muro del jardín para contemplarla de cerca. Su belleza le cautivaba cada día más. Un día se decidió a decírselo, pero se preguntaba mil veces cómo.

Las rosas tiene un lenguaje diferente: ¡No me va a entender! Le mandaré una carta, pero y, ¿si se pierde? Le enviaré un mensaje, se arriesgaba a pensar mientras dudaba por no conocer la dirección. Se decidió a escribirlo en el muro: ¡Te quiero!, firmado Caracol. Así hasta que un día, cuando pasaba por debajo de la Rosa le gritó: “Me gustaría contarte una historia”. “Ven cuando quieras”, le contestó la Rosa sin darle más importancia.

El Caracol siguió su camino en silencio. No se atrevía a decirle que tenía espinas. Un día se armó de valor y se dijo: “¡No puedo llegar a tu casa, a la entrada hay guardas con bayonetas!”.

“Qué bayonetas, son simples espinas que me defienden de los animales, si no se comerían mis hojas y me quedaría sin fuerza”.

El Caracol se dio media vuelta rumiando durante meses su desencanto y su amor imposible a la Rosa: bayonetas, espinas, bayonetas…

¿No es la experiencia de mucha gente cuando se acerca a la Biblia? Se ve atraída por su belleza y encanto, pero al tropezarse con las primeras dificultades se desaniman y se retiran concluyendo que jamás la entenderán, porque es demasiado difícil, peligrosa, arriesgada… y declinan todo esfuerzo: Volvámonos a casa y olvidemos esta pesadilla. ¡La Biblia no es para mí!

Pero la verdadera historia, documentada en los anales del Reino, es que el señor Caracol, al no poder olvidar la Rosa de su corazón, encontró un amigo que paseaba por el jardín y llevaba como recuerdo su perfume inolvidable. Después de conversar, al Caracol se le iluminó el rostro: ¡No todo está perdido! En el mundo no ha derrotas, sino posibilidades. Se acercó de nuevo al jardín y se puso muy contento al ver una escalera olvidada al lado de la Rosa. El Caracol descubrió el perfume embriagador de la Rosa y dicen las crónicas que se casaron y fueron muy felices y vieron hijos, nietos y biznietos correr por el jardín…