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La Iglesia en los medios Columna de Opinión: Papa Francisco. Cobijándose en el ala papal

EL OBSERVADOR |

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Algunos gobernantes de talla corta aprovechan la presencia de Francisco I para tratar de mejorar su imagen

Los viajes del papa Francisco promueven no solo aspectos estrictamente religiosos, sino también, con incansable energía, la ayuda a los más desprotegidos, la paz y los valores cristianos para una vida de rectitud. Pero algunos gobernantes de talla corta le encuentran el adicional uso improcedente de aprovechar su presencia para tratar de mejorar su imagen bajo el ala papal. El intento, que no disimula falencias notorias, se produjo en la gira sudamericana del pontífice por Ecuador, Bolivia y Paraguay. Tanto el presidente ecuatoriano Rafael Correa como el boliviano Evo Morales intercalaron, en sus discursos de bienvenida en Quito y La Paz, con el papa a su costado, elogios políticos a sus cuestionadas gestiones gubernamentales. Y la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, corrió presurosa a mostrarse con su compatriota en Asunción, con la esperanza sacar réditos en pleno período electoral, en contraste con la actitud más decorosa del anfitrión paraguayo.

En el caso de Correa y de Morales, el papa, con su habitual expresión bondadosa, los frenó con un claro pronunciamiento contra el personalismo que caracteriza a los regímenes autoritarios de ambos presidentes y al instaurado por la dinastía Kirchner en Argentina. Correa reprime las libertades civiles y los derechos humanos, persigue a opositores y ha cercenado agudamente la libertad de expresión. En grado menor lo hace Morales, eternizado en la presidencia boliviana con el apoyo de la mayoritaria población indígena del país.

En su discurso de bienvenida al papa, Morales insertó elogios a su gobierno y el reclamo a Chile, notoriamente fuera de lugar, por una salida al mar. Y tal vez por ignorancia desubicada, cayó además en el disparate de regalarle al jefe de la Iglesia católica una talla en madera de una hoz y un martillo con una superpuesta imagen de Jesús crucificado. Se informó que el papa, elogioso y conciliador en otros temas, se limitó a señalarle que “eso no está bien”, refiriéndose a la incongruencia de unir la figura del fundador del cristianismo con el símbolo comunista de la desaparecida Unión Soviética, cuyo ateísmo era política de Estado.

Y el caso de la señora Kirchner, responsable de la debacle argentina, está en línea con sus impávidas volteretas según su humor y conveniencias. Cuando Jorge Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires y frecuente crítico de los errores y desmanes kirchneristas, la presidenta lo denostaba y desairaba a cada rato. Pero bastó con que el prelado fuera ungido al trono de San Pedro para que diera un vuelco radical y se deshiciera en elogios, visitas frecuentes a Roma y regalos, con abundante publicidad para tratar de que se le pegara algo del prestigio papal.

El papa Francisco se ha convertido en una figura de influencia mundial al incorporar a su tarea apostólica una acendrada defensa constante de los derechos de lo que menos tienen y de la necesidad de paz entre los pueblos. Lo reiteró en su visita a tres naciones sudamericanas con poblaciones empobrecidas y mayoritariamente cristianas, en las que millones de personas lo rodearon para escuchar su prédica más que para prestar atención a los fútiles intentos políticos de gobernantes en tratar de utilizar la presencia del papa como barniz a sus propias aspiraciones personales.