Iglesia al día

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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios Cardenal Sturla pidió “alegría y paz” para los uruguayos

EL OBSERVADOR |
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En sus mensajes navideños, los obispos uruguayos reflexionaron sobre los desafíos de la sociedad.

Las elecciones del próximo año, la fragmentación social y la necesidad de educar para la familia fueron algunos de los temas que eligieron abordar los obispos uruguayos en sus clásicos mensajes navideños.

El arzobispo de Montevideo, el cardenal Daniel Sturla, pidió un año lleno de “alegría y paz” para Uruguay y el mundo, y auguró una “vida más clara y transparente”, mientras que el presidente presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay, Carlos Collazzi, pidió  “libertad, respeto y tolerancia”.

En tanto, el obispo de San José de Mayo, Arturo Fajardo, se refirió a la fragmentación social existente a nivel mundial, dijo que se estaba perdiendo la “vecindad y la cercanía” e invitó a vivir “y comunicar “la luz que se nos dio en Belén”. “Navidad nos enseña que solo en el don de nuestra vida por amor está el verdadero sentido de la vida y la felicidad”, sostuvo.

A su turno, el obispo de Melo, Heriberto Bodeant, abordó el tema de la “estima por la condición humana” y dijo que estaba llegando al punto más bajo, por lo que era bueno recordar que “Dios ha querido hacerse uno de nosotros” y que tal vez “el primer paso para creer en Dios es darnos cuenta de que él, a pesar de todo, cree en nosotros”.

El obispo de Canelones, Alberto Sanguinetti, invitó a mirar “lo bueno y lo bello que hay en la existencia de cada uno” al tiempo que reivindicó el valor de la familia. “La Navidad es un llamado a la humildad y sensatez. Todos los estudios y la observación cotidiana nos dicen que el niño, sea varón, sea mujer, necesita de padre y madre para ser engendrado, para el desarrollo de su afectividad, de su mente, de su personalidad”.

Sanguinetti agregó que se debe hacer “un gran esfuerzo en educar, formar para que las futuras generaciones pudieran crear matrimonios estables, procrear con generosidad y educar con sabiduría y amor en una complementariedad sana de padre y madre. Capaces de establecer alianzas matrimoniales y familias sana. Esto supone educar en una sexualidad madura y responsable, no solo como una fuente de placer. Educar en deberes conyugales, en fidelidad, en castidad y continencia. Hay que apuntar a ayudar a formar familias más sanas, hombres y mujeres con mayor capacidad de amar, de respetar, de ser fieles, de hacerse responsables de sí, de los demás, de sus hijos. No sin problemas, sino capaces de amar, ser fieles y superarse”.