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La Iglesia en los medios “Cambiar la naturaleza humana, por ley, es tentación totalitaria”- Entrevista a Mons. Jaime Fuentes

EL PAÍS |

Matrimonio homosexual. Obispo de Minas reflexiona contra la equiparación

El obispo de la Diócesis de Minas, monseñor Jaime Fuentes, considera que la equiparación legal de las uniones homosexuales con el matrimonio “lleva a la desaparición legal” del vínculo formal entre un hombre y una mujer.

De hecho, el representante de la Iglesia Católica pronostica que si se aprueba la ley “se hace depender al matrimonio de la voluntad legislativa”, por lo que “iremos barranca abajo como sociedad, puesto que todo puede ser matrimonio: la unión de dos o tres mujeres; dos hombres y una mujer; varias mujeres y varios hombres”.

Estas afirmaciones del prelado forman parte de un documento denominado “Quince preguntas sobre las uniones homosexuales” que elaborara Fuentes y que entregó al resto de los obispos que conforman la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) para un análisis en conjunto.

En el documento, al que accedió El País, monseñor Fuentes plantea un formato de entrevista en el que se interroga y responde quince preguntas sobre el polémico tema. De ahí, sostiene que “pretender igualar las uniones homosexuales con el matrimonio, es un contrasentido”, y que eso permitido ahora por ley “traerá graves consecuencias a la sociedad”.

Aquí un resumen de sus preguntas y respuestas.

-Parecería que hay distintas clases de matrimonio y de familia. ¿Qué es el matrimonio?

-El matrimonio es tan natural como el sol o el aire, desde siempre está ahí: un hombre y una mujer se quieren y, naturalmente, quieren darse el uno al otro y, espontáneamente también, desean prolongar su amor trayendo hijos al mundo (…). Nadie ha inventado el matrimonio, ninguna religión, ninguna sociedad, ningún Estado. La naturaleza ha dispuesto que haya solamente dos sexos.

-¿Entonces solo pueden contraer matrimonio los hombres con las mujeres?

-Exactamente, esto es lo que quiero decir y es lo que refleja la misma palabra, matrimonio. Viene del latín mater, que quiere decir madre, y munus, que significa oficio, papel. En definitiva, matrimonio quiere decir apertura a la maternidad, hecho que solo puede darse mediante la unión sexual entre un hombre y una mujer. Añadiría que la dignidad propia del varón y de la mujer, reclama que sea monógamo, es decir, de uno con una. Esta nota no ha estado ni está hasta hoy clara en todas las civilizaciones; sí lo ha estado siempre en el cristianismo.

-Todo eso está muy bien, pero es un hecho que hay personas homosexuales que también quieren vivir juntos, tener hijos adoptados o por medios de fecundación artificial, y se sienten discriminados porque no se les permite casarse.

-Efectivamente, hay minorías entre las personas homosexuales que reclaman el derecho al matrimonio: una prueba es el proyecto que la Cámara de Sense dispone a votar próximamente, después de ser aprobado por la de Diputados. A mi modo de ver, aquí hay un malentendido, desde el momento en que el matrimonio, como dije, solo puede darse entre personas de distinto sexo. Pretender igualar las uniones homosexuales con el matrimonio, es un contrasentido que tendría, en mi opinión, graves consecuencias. Me refiero, en primer lugar, a lo que señala nuestra Constitución en su artículo 40: “La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y material, para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad”. Estamos hablando de la Constitución nacional, la ley fundamental de nuestra organización como sociedad. En ella se define a la familia como la célula primaria de nuestro ser nacional. Desde que en 1907 se introdujo el divorcio en la sociedad uruguaya, es un hecho que la familia fundamentada en el matrimonio va camino de ser una rara avis, con las consecuencias que esto trae consigo y que son moneda corriente entre nosotros: incomprensiones entre padres e hijos, crecimiento exponencial de las uniones de hecho por miedo al compromiso matrimonial, natalidad estancada, desarrollo afectivo desordenado en los hijos de padres divorciados… La ley que se pretende aprobar ahora, que permitiría también la adopción de niños por parte de las parejas homosexuales, ¿contribuirá a mejorar una realidad social como la que vivimos?

-Pero, más en concreto, ¿en qué perjudicaría al matrimonio y a la familia la equiparación de las uniones homosexuales con el matrimonio?

-Bueno, imaginemos lo que sucedería en el campo económico, por ejemplo, si se pone en circulación una moneda falsa. O, en el terreno educativo, si una institución no universitaria fuera considerada una universidad. O, en el terreno financiero, si una entidad no bancaria fuera considerada un banco. Nadie permitiría estas cosas, por obvias razones. Por otra parte, si el matrimonio y las uniones homosexuales son realidades diferentes, lo lógico y justo es que tengan un tratamiento jurídico diferente. Tanto los varones como las mujeres tienen derecho a exigir su derecho a la diferencia. La equiparación legal de las uniones homosexuales con el matrimonio, llevaría a la desaparición legal del matrimonio y, de hecho, esta institución esencial perdería toda utilidad en la ordenación de la sociedad y como referencia jurídica y ética para la vida de las personas. Si se hiciera depender al matrimonio de la voluntad legislativa, iríamos barranca abajo como sociedad, puesto que todo, ¿por qué no?, podría ser matrimonio: la unión de dos o tres mujeres; dos hombres y una mujer; varias mujeres y varios hombres…

-¿Y qué pasa entonces con los sentimientos? Si un hombre quiere a otro hombre o una mujer a otra mujer y quieren vivir juntos, ¿por qué no van a poder casarse?

-Pienso que hay que tener en cuenta que la función del Derecho no es proteger los sentimientos de las personas, sino garantizar las instituciones. Legislar sobre la amistad, por ejemplo, sería un absurdo, es algo que no tiene interés público. De igual manera, desde el punto de vista jurídico, el matrimonio que se contrae no legaliza el amor de los contrayentes, sino su unión sexuada, es decir, la entrega y la recepción mutua de varón y mujer en su masculinidad y feminidad. A su vez, lo que protege la ley son sobre todo las obligaciones patrimoniales (obligaciones alimentarias, sociedad conyugal y sucesión) a que da lugar el matrimonio. Con la ley de uniones concubinarias, estas obligaciones patrimoniales están casi equiparadas a las del matrimonio y en ella se incluyen las parejas homosexuales que deciden ampararse en esa ley. Los últimos datos que conozco, dicen que el número de éstas ha sido muy inferior al que se pensaba al aprobarse la ley. ¿A qué viene, si no es por un motivo ideológico, la pretensión de igualar las uniones homosexuales con el matrimonio?

-Negarle el matrimonio a las personas homosexuales, ¿no es una discriminación?

-No lo es, desde el momento en que la institución matrimonial, por su propia naturaleza, se corresponde con la unión de un hombre con una mujer. Comparto completamente, insisto, la legítima aspiración a erradicar la injusta discriminación de las personas que tienen una orientación homosexual, pero el fin no justifica los medios: el respeto a una determinada orientación sexual, que lleva a mantener unas relaciones ajenas al matrimonio, no puede obligar a reconocer la posibilidad de contraerlo. El derecho humano a casarse es solo del varón con una mujer, y de la mujer con un varón.

-Pero el concepto de “familia” puede cambiar, la sociedad evoluciona…

-Las sociedades evolucionan y las palabras también, pero la realidad humana es la de siempre: en nuestra especie hay hombres y mujeres, y solo la unión de uno con una genera la vida. Pretender a través de las leyes cambiar la naturaleza humana, forzando las palabras y los conceptos es una tentación, a mi modo de ver, totalitaria.

-¿Pero qué problema hay en cambiar los artículos del Código Civil que regulan el matrimonio entre personas de diferente sexo y aplicar esas normas a la convivencia homosexual?

-Pienso que una cosa es la “historicidad” del sentido que tiene un texto jurídico, y otra muy distinta relativizar su contenido hasta vaciarlo de sentido. Si la Constitución habla de “la familia” y de “los hijos” e impone al Estado la obligación de protegerlos, es obvio que se refiere a uniones estables de un hombre y una mujer.

-Si las parejas homosexuales pudieran adoptar niños o tenerlos por técnicas de reproducción asistida, ¿no serían una familia igual a las matrimoniales?

-Creo que no, es difícil darse cuenta de que el hecho de que un niño sea introducido en una convivencia homosexual, no cambia la naturaleza de ésta para convertirla en matrimonial. Por lo demás, es verdad que se está extendiendo entre las parejas homosexuales el uso de “madres de alquiler” para tener hijos: la prensa acaba de informar que Elton John (65) y su compañero, David Furnish (50), por segunda vez han sido “padres” usando este sistema. Me pregunto si el hecho en sí de darles la vida de ese modo, no hace de estos niños un “objeto”; hecho con todo el cariño del mundo, no lo dudo, pero objeto al fin. Dicen que todavía es pronto para conocer estadísticamente cómo evolucionan los niños que llegan al mundo por este camino y también los que crecen en el ámbito de una pareja homosexual. No obstante, hay datos concretos que demuestran, absolutamente, que no es lo mismo.

-¿Entonces las parejas homosexuales no tienen derecho a adoptar niños?

-La verdad es que nadie tiene derecho a adoptar, ni los homosexuales ni los heterosexuales. La adopción es darle una familia a un niño, y no un niño a una familia. La adopción se plantea cuando al niño le faltan el padre y la madre y su objeto es darle, si es posible, lo que le falta, es decir, un padre y una madre. Pienso que la adopción no es un tema de derecho de los adultos, sino de derecho de los niños.

-¿Quiere decir que dos homosexuales no pueden ser buenos padres?

-Pienso que dos homosexuales pueden ser dos buenos padres, pero nunca van a ser una madre, ni buena ni mala. Lo mismo que dos lesbianas: pueden ser dos buenas madres, pero nunca serán un padre. Y el niño tiene derecho a lo que es motivo de su adopción: tener un padre y una madre.

-Y si no se casan, ¿no se debería regular de alguna forma el régimen jurídico de las parejas homosexuales?

-Es algo que debería resolverse al margen de la institución matrimonial, que siempre ha sido y deberá seguir siendo lo que es: la unión estable y abierta a la vida entre un hombre y una mujer.

EN ABRIL SE DEBATE EN EL SENADO

La discusión en el Senado de la denominada ley de “matrimonio igualitario” quedó postergada al menos hasta el mes de abril, entre reclamos de que no había sido suficientemente estudiada por los legisladores y las quejas de los colectivos homosexuales, que ya daban como un hecho que el año 2012 cerraría con una ley que cambia sustancialmente las leyes civiles. En la Cámara de Diputados fue aprobada por 81 votos en 87. Los senadores blancos Jorge Larrañaga, Carlos Moreira y Francisco Gallinal, así como el colorado José Amorín, apoyaron la postergación. La bancada del Frente estuvo dividida en esa ocasión: en una reunión de la bancada nueve legisladores votaron el aplazamiento y cinco no.